José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

lunes, marzo 30, 2026

«Un poeta»: imagen melancólica del oficio con humor y patetismo


Un poeta
, 123 min, 2025. Director: Simón Mesa Soto. Guion: Simón Mesa Soto. Reparto: Ubeimar Ríos, Alisson Correa, Rebeca Andrade.

 

El año pasado vi Un poeta en Bogotá y, a pesar de cierto escepticismo, quedé impactado por una película que no pretende complacer a nadie ni justificarse. Y es que pretender ser poeta en una sociedad que ha hecho del emprendimiento exitoso casi un deber moral de la ciudadanía, es una vocación suicida. Y esa es la vocación de Óscar Restrepo (Ubeimar Ríos), el personaje protagónico de Un poeta (2025), la película del colombiano Simón Mesa Soto, ganadora de varios premios internacionales incluido Una cierta mirada, del Festival de Cannes. El poeta es, ¡horror de los horrores!, el improductivo y, por lo tanto, el que no tiene un lugar en la sociedad capitalista, la misma que divide a la gente en “ganadores” o “perdedores”, según el éxito económico. En esta sociedad, un poeta que asume la poesía como lo hace Óscar Restrepo es un “perdedor”: ha escrito dos libros, ganó un premio local, a veces lo invitan a algún recital al que asisten otros poetas, es alcohólico y no tiene empleo. Simón Mesa agudiza el conflicto en diálogos de humor inteligente que contraponen el ideal con el sentido común: «¿Qué le pasó a usted, Óscar? Como era de inteligente, todo un profesional, y mírese. ¿Hace cuánto no trabaja?», le pregunta su hermana y él le responde: «Yo soy poeta»; ella, entonces, replica: «Usted es un desempleado». Óscar tiene como referente a José Asunción Silva, poeta suicida, que, según él, no buscaba la fama como García Márquez sino la esencia de la poesía. La ironía, como un guiño de sentido, se evidencia cuando un personaje marginal anota que, en Colombia, Silva aparece en el billete de cinco mil pesos y García Márquez en el de cincuenta mil. El personaje del poeta está al borde de la caricatura, pero el guion y el actor lo dotan de enorme humanidad y son compasivos con sus derrotas; son piadosos con ese perdedor que sale airoso aún en los momentos del filme en los que camina al borde del abismo del histrionismo. A ello contribuyen la conflictiva relación con su hija Daniela (Alisson Correa) y el anhelo de que Yurlady (Rebeca Andrade), una alumna suya, se convierta en poeta. Con Daniela, la hija, la película desarrolla una línea compleja sobre la paternidad irresponsable y la búsqueda de amor; no la resuelve con final feliz y sin heridas, sino con la esperanza de una felicidad posible. Y Daniela no es la tabla de salvación del poeta; ella es una muchacha fuerte, con criterio y que corresponderá afectivamente a su padre en la medida en que él asuma su paternidad sin miedo y con responsabilidad. Con Yurlady, la alumna, hay una relación en la que Óscar parece proyectar su sueño fracasado en el futuro de Yurlady; se resuelve con una vuelta de tuerca cargada con la dignidad de la gente sencilla y honesta. Y Yurlady no quiere ser poeta; ella es una adolescente sensible que escribe, pero que sabe que tendrá que ganarse la vida. Ambos personajes femeninos están lejos de la romantización y confrontan al poeta vitalmente, lo que hace que el guion se aleje de la cursilería, cuando parecería que va a tomar el camino fácil de la complacencia. La ciudad es un personaje tratado con mesura. La película se desarrolla en Medellín y Mesa no se aprovecha de la ciudad para vendernos el cliché de la violencia o la postal turística: la muestra desde el vecindario y la vida de la gente común. Un poeta es una película que incomoda porque, con humor y cierto patetismo irredento, asume el fracaso social de la poesía, que ya no es ni una cualidad ni un adorno para ascender socialmente, sino un oficio de improductivos. Al mismo tiempo, Un poeta es el retrato sin concesiones del poeta que lo apuesta todo por su vocación a pesar de saberse un perdedor. El cierre del filme con la canción «Corazón de poeta», en la clásica interpretación de Jeannette, es algo catártico y sutilmente irónico a la vez.

  

«Hiedra»: una triste decepción

 

Hiedra, 95 min, 2025. Directora: Ana Cristina Barragán. Guion: Ana Cristina Barragán. Reparto: Simone Bucio Dovali, Francis Edú Llumiquinga.

 

Me decepcionó. Fui con mucha expectativa, pero a la media hora de película seguía viendo una serie de primeros planos y la historia estaba empantanada. Las deserciones de los espectadores empezaron a la hora. Los primeros planos seguían para darnos, supuestamente, una mirada íntima del drama de los personajes. Azucena, de 30 años, interpretada por una Simone Bucio de expresión plana, busca a un hijo suyo que tuvo a los trece años y, al parecer, lo encuentra en un orfelinato. Julio, de 17, caracterizado con emoción por Edú Llumiquinga, recibe la noticia, pero le cuesta asimilarla. La narrativa de la película siembra dudas sobre la veracidad de la relación madre-hijo entre Azucena y Julio, lo que añade algo de complejidad al conflicto. Se trata de dos seres con heridas vitales: ella, lastimada por la violencia y la pérdida; él, por el abandono y la orfandad. Pero ese drama no se resuelve con unos primeros planos que tratan de ocultar las limitaciones de los actores. Algunas ideas como la relación de Azucena con su abuelo y con su familia están esbozadas y se quedan sin resolución narrativa. Los poquísimos espectadores de la sala continuaron saliéndose. Creo que se perdieron lo más interesante de la película: esos planos, hacia el final del filme, de la laguna, el volcán, el páramo y la lluvia son estremecedores, pues concentran el drama de la relación edípica entre Azucena y Julio. La historia es interesante y su concepto está claro, pero la manera de contarla y desarrollarlo, en términos cinematográficos, resultó aburrida (al menos para mí, que vi la película hasta el final). El primer plano como estilo narrativo, que funcionó bien en Alba (2016), la bella y emotiva ópera prima de Barragán, en Hiedra se volvió un recurso repetitivo. Tal vez ese sea el motivo mayor de mi triste decepción.

 

 

La del estribo

 

La semana pasada salió la primera canción del disco que Joanne Vance prepara para este año. Se trata de «Hiedra», que, según Joanne, «es una canción con vida propia que, desde su origen, solo quiere crecer y envolver». Sintetizadores (Toño Cepeda) que crean una atmósfera que abraza, trepadora como la hiedra que se adhiere al alma; la sonoridad del corno francés (Andrey Astaiza) contribuye a la persistencia de la hiedra y le imprime fuerza a la melodía. La canción de Joanne Vance es poesía de concentrada sensibilidad que vuela en su voz cristalina: «Hiédrame a lo largo del alma. / Hiedra, incúbame. / Hiédrame, cúbreme con tu halo / Hiédrame por la piel». Pueden escucharla en I-Tunes, Spotify y otras plataformas. En noviembre de 2024, en el programa de los jueves de la Escuela de Artes Sonoras de la Universidad de las Artes, en Guayaquil, Joanne Vance presentó una bella versión de «Hiedra» a dos voces.

lunes, marzo 23, 2026

Inteligencia Artificial y las nuevas formas de plagio en la creación literaria

Imagen generada con Craiyon.


Clay Shirky, vicerrector de la Universidad de Nueva York, publicó en The New York Times, el 27 de agosto del año pasado, su artículo «
Hay una crisis de estudiantes haciendo trampa con la IA. Las universidades deben cambiar», en el que reconocía el fracaso de las estrategias de la persuasión ética y la de fomentar los usos de la IA que requieren participación para evitar el uso fraudulento y perezoso de las aplicaciones de IA en las tareas de investigación y escritura. Un estudio publicado por La Jornada, el pasado 19 de marzo, se resume en su título: «Los chatbots con IA crean nuevas formas de violencia contras las mujeres y las niñas», resultado lógico si se sabe que tales chatbots se alimentan de la pornografía distribuida en la red. En los concursos literarios, cada vez con más frecuencia, se especifica la prohibición de usar herramientas de IA en la escritura de los textos, aunque ya hay unos pocos que solo limitan su uso. Las aplicaciones de IA entrenadas con LLM (Large Language Model o Modelo de lenguaje a gran escala) son herramientas basadas en la piratería impune del lenguaje humano y su uso es un plagio sin precedentes de la experiencia humana de la escritura creativa.

            La IA generadora de textos se alimenta de una cantidad masiva e inconmensurable de textos que han sido digitalizados y están almacenados en la red. Su entrenamiento les permite captar las sutilezas del lenguaje humano y están en capacidad de predecir la sucesión sintagmática de la lengua y generar textos coherentes con una capacidad constante de mejorar. En este marco, el LLM se ha apropiado de la escritura humana sin reconocer autoría y menos derechos derivados de dicha autoría. Un estudio publicado por la Asociación Colegial de Escritoras y Escritores de España, ACE, publicado en enero del año pasado dio el siguiente resultado: «Según los datos, el 96,5 % de los encuestados cree que ningún modelo de IA debería entrenarse con obras literarias, científicas o de traducción sin el consentimiento explícito de los autores/as. Además, el 49,9 % rechaza de plano autorizar este tipo de usos, mientras que el 50,1 % estaría dispuesto a considerarlo, pero únicamente a cambio de una remuneración adecuada».

            Jorge Carrión, que ha experimentado con textos transmedia y ha reflexionado sobre la IA, la literatura y la generación de contenidos, decía en una entrevista para Letras Libres, en 2024:

 

Yo creo que la literatura no es que sea inalcanzable para las máquinas, pero sí que está todavía lejos, siempre y cuando pienses que la literatura es ese arte de la complejidad y de la dimensión simbólica y poética. Si crees que la literatura es lo que escribe Dan Brown las máquinas ya pueden escribir ese tipo de literatura […] Tengo autoridad para opinar y que puedo libremente negarme a escribir con IA, y estoy escribiendo ahora cien por cien de modo artesanal, casi a mano. Estoy atento para ver cómo evoluciona. Ahora mismo el tipo de literatura que yo escribo es inaccesible para la IA y eso me permite escribir con libertad y tranquilidad.

 

            El problema es que, así como en el pasado había plagiadores de letras de canciones o novelas poco conocidas, hoy existe gente que cree que la originalidad de sus indicaciones (prompts) es suficiente para que los poemas o relatos generados con IA sea de su autoría. Si yo puedo ordenar a una aplicación elemental de IA que escriba un poema en el estilo de sor Juana, el universo del plagio es infinito. El ejercicio lo hice durante el diplomado de Escritura académica que ofrecí en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, en 2023, y la indicación fue de lo más sencilla: «Soneto imitación de Sor Juana sobre el molcajete y el tejolote»:

 

En molcajete de piedra tallada,

donde el pasado encuentra su abrazo,

el tejolote danza con su paso,

labrando el tiempo en cada embestida.

 

Como el poeta cincela en su verso,

así el tejolote con arte fía,

triturando el maíz con maestría,

transformando en manjares dispersos.

 

Molcajete, crisol de la cocina,

donde tradiciones laten y huelen,

y en cada moler el alma anida.

 

Tejolote, mensajero de las huellas,

moliendo historias que el viento atesora,

la esencia ancestral en tu ronda sellas.

 

 

            Debo reconocer que el ChatGPT fue sincero conmigo y me dijo, antes de mostrarme el poema, de métrica casi perfecta: «Lamentablemente, no tengo acceso a la totalidad de los sonetos escritos por Sor Juana Inés de la Cruz ni puedo generar una imitación exacta de su estilo. Sin embargo, puedo intentar crear un soneto en el estilo barroco característico de Sor Juana que hable sobre el molcajete y el tejolote». El punto conflictivo reside en que es posible que un poemario completo sea escrito con IA, al ritmo de las indicaciones. Lo cual, en términos llanos y dado la piratería que subyace en las aplicaciones entrenadas con LLM, es una nueva forma de plagio.

            El problema se extiende a otros ámbitos de la industria del libro. Leía que, sendas obras de las escritoras Elizabeth Smither y Stephanie Johnson fueron eliminadas del Ockham New Zealand Book Award por incluir ilustraciones creadas con inteligencia artificial en sus portadas. «El comité organizador aplicó una regla introducida en agosto del 2025, la cual establece que ningún libro con contenido visual producido con IA puede participar en el premio. Según la entidad, esta política responde a la necesidad de proteger el trabajo humano en un entorno en el que las tecnologías de generación automática se expanden con rapidez». Hay mucha tela que cortar al respecto, pues la IA no es solo una aplicación más diseñada para “facilitar el trabajo humano de la escritura”, es una tecnología que, habiéndose apropiado del saber producido por la humanidad, puede reemplazar directamente el trabajo humano de escribir y, por consiguiente, el de pensar.

lunes, marzo 16, 2026

«Matilde, con el puño abierto»: la novela gráfica de una vida ejemplar

           

Las autoras de Matilde, con el puño abierto, Gabriela Alemán y Glenda Rosero durante la presentación en la Sala Sur de Flacso, en Quito, el 7 de marzo pasado. (Foto del IG de @salasurflacso)

Se inicia con una pregunta que se hace el abuelo de Matilde, Francisco Navarro, quien junto con su familia emigraron desde Venezuela a Ecuador, se establecieron en Santa Rosa y, luego, en Zaruma: «¿Qué sucede con el puño si la mano se abre?». Y se cierra con una sentencia de la voz narrativa: «El puño del abuelo de Matilde nunca se borró de su mano abierta». Sugerente imagen sobre la persistencia del carácter y la generosidad del servicio a la comunidad. Matilde, con el puño abierto es una novela gráfica, ilustrada por Glenda Rosero y escrita por Gabriela Alemán,[1] que con una investigación meticulosa y una propuesta visual que incorpora fotografías y archivo nos presenta, con delicada pedagogía, la vida de Matilde Hidalgo de Procel, la primera médica graduada y la primera mujer que ejerció el derecho al voto en Ecuador.

            Hay un excelente trabajo de investigación y construcción del guion de parte de Gabriela Alemán. La vida de Matilde Hidalgo está presentada como una vida ejemplar, pero en términos laicos. La novela expone, de manera pedagógica, el significado histórico de la Revolución Liberal; la disyuntiva de la mujer, a comienzos del siglo XX, que debía escoger entre la vida doméstica o la vida religiosa; y el valor de la dedicación al estudio en la realización de la vocación por la medicina de Matilde Hidalgo, así como la superación de los obstáculos sociales que se le presentaron. Asimismo, la ejemplaridad de Matilde está acompañada por la acción de otras mujeres que, en la misma época, bregaron los derechos de la mujer: Zoila Ugarte de Landívar, María Angélica Idrobo y Victoria Vásconez Cuvi, y las publicaciones periódicas de distinta perspectiva feminista. El guion y la gráfica se conjugan muy bien al tratar sobre la participación de algunas mujeres en la jornada del 15 de noviembre de 1922. Matilde Hidalgo escribe al respecto: «Después de la matanza, no logro concentrarme, Fernando [Procel] Todos en el hospital vimos como tiraban los cadáveres al río. Las consignas de algunas de las obreras aún reverberan en mí: “Libertad verdadera, una vida humana y honorable para todos”». (87)

            La propuesta gráfica de Glenda Rosero es muy sugerente, a partir de dibujos lineales, de trazos simplificados y expresivos. Las ilustraciones sobre Matilde tienen un elemento en color amarillo que es significativo: los libros, un cuaderno de escritura, una bandada de pájaros, la llama de una vela, la propia Matilde, etc. Incluye fotografías de la época, así como documentos de archivo que contribuyen al tono histórico y didáctico de esta novela gráfica. La convivencia de la vida cotidiana con la actuación política y profesional de Matilde son una constante gráfica: así, por ejemplo, mientras el texto señala que luego de ejercer el derecho a voto, los diarios la elogiaron, la ilustración es una fotografía de Matilde junto a la cuna de su hijo Fernando Lenin Procel Hidalgo. Otro momento de alta comunión del guion y la gráfica son las páginas que exponen la visión sobre la salud pública del país del doctor Pablo Arturo Suárez y el programa de política pública que propone al respecto. Comentar Matilde: «En el artículo publicado por el doctor Suárez, en el que basó su charla, plantea que la universidad no puede, ni debe, ser indiferente ante los problemas de la reconstrucción nacional». (67)

Matilde Hidalgo le escribe a su amigo Fernando Prócel, que será su esposo: «Me he hecho amiga de un búho que duerme en los árboles del patio. Acompaña mi insomnio mientras todos duermen en la maternidad, yo camino por las instalaciones y, a veces, acompaño a las mujeres» (71). El búho, como símbolo de la sabiduría que da el estudio, y el amor por el trabajo médico en la maternidad condensan la persistencia por la vocación profesional. Matilde, con un el puño abierto, de Gabriela Alemán y Glenda Rosero, es una novela gráfica que debería ser parte de los planes de lectura de nuestra Educación Básica, ya que invita a la reflexión histórica no solo sobre la condición de la mujer, sino acerca de la educación y la salud públicas del país, y sobre el valor de la perseverancia personal para realizar la vocación profesional.



[1] Gabriela Alemán y Glenda Rosero, Matilde, con el puño abierto (Quito: Ediciones El Fakir, 2025). La primera edición (2024), publicada en formato digital por la Universidad Central del Ecuador, está disponible en línea y fue parte del proyecto de investigación «Las mujeres en la universidad ecuatoriana: sus prácticas y representaciones en los campos del saber universitario y en sus formas de irrupción (1919-2021)», coordinado por Susana Rocha.  

 

lunes, marzo 09, 2026

Oscar 2026 a la Mejor película: tentativa de pronóstico

Con 16 nominaciones, Sinners es la película más nominada de la historia del Oscar.

Por supuesto que solo a mis amistades y a quienes leen este blog les interesa mi pronóstico sobre quién ganará el Oscar 2026 a la Mejor película. No he seguido como un apostador profesional los premios que cada una de las producciones ha ganado en la temporada previa al Oscar, pero algo he leído al respecto y he visto casi todas las nominadas, excepto una[1], y todas las favoritas de las quinielas. Entre las favoritas están Sinners, One Battle After Another, Hamnet, Marty Supreme y Sentimental Value, que son propuestas de cine tan disímiles que vuelven muy difícil el intento de compararlas. Esta tentativa de pronóstico, por lo tanto, es una mezcla de mis gustos de cinéfilo, la cercanía emocional con los asuntos tratados y la profundidad de la problemática ética que el filme plantea.

Brad Pitt en F1: The Movie
           Antes que nada, quiero descartar algunas nominadas. F1: The Movie, dirigida por Joseph Kosinski, me dio una inesperada jornada de entretenimiento para un domingo de tarde. Se trata de la reivindicación de un viejo piloto de Fórmula 1 con un final feliz y mesurado. Está interpretada por un Brad Pitt que todavía camina y sonríe como en Thelma & Louise. Ni siquiera la fanaticada de Fórmula 1 o de BP alberga alguna esperanza de que gane la estatuilla. Bugonia, dirigida por Yorgos Lanthimos, es una disparatada comedia de ciencia ficción que trivializa el impacto mortal de las farmacéuticas en la salud de una comunidad, haciendo que una de las víctimas sea un lunático violento y que la despiadada gerente de la farmacéutica, finalmente, calce en las alucinaciones conspiranóicas de aquel. Afortunadamente, la tierra plana del filme es destruida, lo que incluye a la propia película.

Train Dreams se puede ver en Netflix
           Train Dreams, dirigida por Clint Bentley, es un western íntimo, cargado de afectos profundos, con una actuación descollante de Joel Edgerton como el leñador que trabaja en la tala de árboles para los durmientes de la línea férrea en el Oeste norteamericano, a comienzos del siglo XX y que, al perder a su esposa, intenta reconstruir sus vida. Asistimos a una bella meditación sobre la vida, sus visicitudes y el espíritu del amor que permanece hasta la muerte, pero, dado el nivel de las favoritas, la sensibilidad de su propuesta no le alcanza para el Oscar.

Leonardo DiCaprio desarrolla un excelente papel protagónico en One Battle After Another. 

One battle after another
, dirigida por Paul Thomas Anderson, está protagonizada por un Leonardo DiCaprio que es capaz, como dice mi hija, de crear un personaje con solo sujetarse el pelo con un moñito. La problematización de una revolución imposible en la sociedad norteamericana, de la existencia de una organización de millonarios supremacistas que se sienten por encima de la ley, y de los vínculos afectivos entre un padre desastroso y una hija vehemente, valiente y con conciencia de clase, está muy bien lograda. Es un drama de acción con una fuerte carga política que consigue un cierre optimista a pesar de reconocer la existencia de un poder militar, casi invencible, que sostiene el engranaje de la dominación. Es mi favorita, pero no creo que gane.

Timothée Chalamet en Marty Supreme.
          Marty Supreme, dirigida por Josh Safdie, es una comedia de humor oscuro sobre un antihéroe más antipático que el ganster barrial o el millonario esposo de la actriz que se convierte en la amante del microtenista, interpretado impecablemente por Timothée Chalamet. A propósito, en los últimos días, Chalamet ha hecho lo posible por ser más antipático que el propio Marty o que Karla Sofía Gascón, al declarar, con la franqueza de los idiotas que se sienten brillantes, que no querría trabajar en la ópera o el ballet porque son artes que ya no le interesan a nadie. Enseguida dijo la típica frase de los que acaban de insultarte: «Con todo el respeto a la gente del ballet y la ópera», y añadió riendo: «Acabo de perder 14 centavos en audiencia. Estoy disparando sin motivo alguno». Pero no estoy votando por el Señorito Simpatía. La película tiene un ritmo trepidante, aunque a ratos el delicuente de barrio que es el Marty fullero se transforma en socio de un gánster o quema una gasolinera o se humilla ante un financista con tal de conseguir un ticket para jugar ping-pong. Es una gran película, pero me causa repulsión.

Stellan Skarsgård y Renate Reinsve en Sentimental Value.

          Si yo votara, lo haría por Sentimental Value, dirigida por Joachim Trier, o por Hamnet, dirigida por Chloé Zhao. La dos películas desarrollan la idea de la existencia de un espíritu sanador a través del arte teatral y la manera como el teatro representa la vida en toda su extensión. En ambas, el duelo y el remordimiento atraviesan a los personajes y, en ambas, la purificación y la piedad son posibles gracias a la pasión que tiene lugar en la escena. Son películas distintas en su tiempo y localidad, en el carácter de sus personajes, en su cinematografía, pero, al mismo tiempo, son películas que conversan con los espectadores en tono íntimo y diseccionan el desgarramiento al que los seres humanos estamos sometidos cuando se trata de nuestros dolores íntimos. Ahora bien, como tengo que votar solo por una, lo haré por Hamnet.

 

Michael B. Jordan como los hermanos gemelos Smoke y Stack, protagonistas de Sinners.

             Sin embargo, la que seguramente ganará el Oscar a la Mejor Película es la taquillera Sinners, dirigida por Ryan Coogler, que con diecéis nominaciones es la película más nominada de la historia del cine. Sinners tiene la extraña cualidad de ser una película transgenérica: es un drama histórico sobre el racismo, en el sur de los Estados Unidos, en el tiempo de las leyes Jim Crow, un espectacular musical sobre el jazz y su evolución, una película de horror sobrenatural, narrada con una desenfadada sensualidad, y que envuelve a su protagonista en un drama amoroso signado por el duelo. Además, DiCaprio la tiene difícil frente a la comentadísima intepretación dual de Michael B. Jordan como los dos hermanos gemelos protagonistas del filme. Temáticamente ambiciosa, combina vampirismo y folclor afroamericano, y su síntesis se conjuga en tiempos contemporáneos en un bar de Chicago: ahí se reunen el músico y los vampiros como la metáfora visual de la eternidad de la música, en general, y del jazz, en particular, con todo lo que ello conlleva en términos culturales y políticos.  

Así que cerraré este artículo citando una verdad de Perogrullo que me genera la intelegencia artificial cuando le pregunto su pronóstico: «En última instancia, el resultado dependerá de cómo voten los miembros de la Academia, que suelen premiar tanto la relevancia cultural como la excelencia cinematográfica. Si la tendencia actual continúa, la competencia probablemente se decidirá entre Sinners y One Battle After Another, dos películas que representan visiones muy diferentes del cine contemporáneo, pero que comparten una ambición artística que las convierte en dignas aspirantes al premio más prestigioso de la industria». La IA juega al rojo y negro. Yo prefiero seguir apostando en mis sueños a que Hamnet gane el Oscar a la Mejor Película.

 

Jessie Buckley está maravillosa en Hamnet. Paul Mescal es un Shakespeare digno.



[1] Para la escritura de esta entrada no alcancé a ver El agente secreto, dirigida por Kleber Mendonça Filho. Luego de los azotes correspondientes, me comprometo a verla algún día de esta semana. 

Wagner Moura en El agente secreto, que también está nominada al Oscar a Mejor Película Internacional.

Actualización del 10 de marzo
: Anoche vi El agente secreto y, como me sucede con el cine brasileño, la película me gustó por el manejo del drama personal en el contexto de una dictadura civil-militar (1964-1984). No tiene la profundidad conmovedora de Aún estoy aquí ni una actuación que se asemeje a la fortaleza espiritual que le imprime Fernanda Torres al personaje de Eunice, pero El agente secreto, que ocurre en el carnaval de Recife de 1977, maneja con efectividad la sátira carnavalesca para describir a los represores y sus métodos burdos y crueles, y, al mismo tiempo, presenta la intimidad familiar de los protagonistas, víctimas de la violencia represiva. La película se abre con una escena casi surrealista: un muerto a tiros en una gasolinera al que la policía local, más interesada en extorsionar a un conductor, no le presta atención. Luego, nos entrega la historia de una pierna que patea a homosexuales y prostitutas en un parque y que los diarios sensacionalistas la presentan como noticia; unos matones de la dictadura tan crueles como estúpidos; cien muertos durante el carnaval que son celebrados como un éxito de la fiesta; y así. El equilibrio lo ponen las víctimas y sus vidas sencillas. Además, el filme tiene una serie de guiños-homenajes desde el cine al cine (Tiburón dialoga con parte de la trama; el cine del barrio exhibe afiches de los estrenos de Doña Flor y sus dos maridos y Pascualino Sietebellezas, y, como en Cinema Paradiso, la cabina de proyección es un espacio protagónico). Si bien no está entre mis favoritas para el Oscar, El agente secreto, protagonizado de manera brillante por Wagner Moura, es un thriller político de buena factura cargado de nostalgia, rebeldía y esperanza.  

 

lunes, marzo 02, 2026

El eros y el tiempo en la poesía de Efraín Jara Idrovo (1926-2018)


Efraín Jara Idrovo en su estudio, c. 1992. Foto: Gustavo Landívar. Ilustración de portada del tomo II de su obra reunida, Ensayos, discursos y correspondencia, publicada por el GAD de Cuenca y UCuenca Press.

En 2018, cuando se cumplieron cuarenta años de sollozo por pedro jara publiqué una entrada en este blog sobre dicho poema; un texto que siempre nos conmoverá por la hondura de su expresión poética y porque da cuenta de nuestra propia finitud. El comentario fue a propósito de la bella edición bilingüe del poema, traducido al inglés por la académica Cecilia Mafla-Bustamante, publicada por el GAD de Cuenca. El año pasado, comenté la aparición de la obra reunida de Efraín Jara Idrovo (1926-2018) en tres tomos, un homenaje transcendental a un poeta esencial, publicada también por el GAD de Cuenca y UCuenca Press, editorial de la Universidad de Cuenca y que está disponible en línea. Este año, el 26 de febrero pasado, se conmemoró el centenario del natalicio de Efraín Jara Idrovo, lo que me ha motivado a revisar su poesía erótica concentrada, sobre todo, en
 «Añoranza y acto de amor» (fechado en 1971 y publicado en 2 poemas, en 1973, junto con «Balada de la hija y las profundas evidencias») y Los rostros de Eros (1997).

El Eros está presente a lo largo de la obra de Jara Idrovo con una mirada sexualizada y gozosa, desde la que el deseo exacerbado se expresa con lascivia y el cuerpo es un espacio para la materialización de aquel deseo, acompañado siempre por la invocación de su belleza. Simultáneamente, el Eros se consume en el instante, el gozo es fugaz, y la pasión no resiste su confrontación con el tiempo, de cara a la muerte.

           «Añoranza y acto de amor» es un poema erótico en el que la sexualidad está verbalizada de forma explícita, es un canto desinhibido de sexo desnudo. En él, el amor es entendido como el gozo de los cuerpos. El anhelo por la mujer amada se revela en el recuerdo de su desnudez: «amasada con relámpago y piedras preciosas tu desnudez / desnudez de espejo suspendido en el vacío / veta de pórfido alucinada por la luna» (228)[1]. Anhelo que se manifiesta como un canto al sexo de la amada:

 

tu sexo de cráter de volcán

de fondo sin fondo del vértigo

sexoacceso

sexobseso

sexoexceso

grieta de la eternidad o cicatriz del rayo

tu sexo fascinante y voraz como las anémonas marinas

tu sexo que huele a madriguera de leopardo (230)

 

Ese canto a la sexualidad explícita ya estuvo presente en el tono bíblico de «Elegía por el sexo de Thamar» (1946), que canta a la pérdida de la virginidad y el triunfo deseo palpitante de la joven Thamar, viuda de los hermanos Er y Onán, que seduce a Judá, su suegro, disfrazada de ramera (ver Génesis 38): «En vano tu heliotropo / tu joven sexo oloroso a panal, / fricción de astro y vinagre enardecido / estaba vigilado por un ángel» (129-130).

Las características arriba enunciadas también están en los sonetos de Los rostros de Eros, en donde el tratamiento de la belleza de la mujer amada y la lascivia son dos motivos recurrentes del poemario. En la primera parte, «Preciosa, el tiempo y el amor» —de título que evoca a García Lora—, la belleza es un atributo que deslumbra, pero es efímero y perdura cuando ya no está: «Nunca en sí se sustenta la belleza. / Lo mismo que la muerte, su existencia / la columbramos en la inexistencia: / se nos revela como una nostalgia» (376), y esa evocación de la pérdida conlleva a la contemplación de una abstracción, de una idea; en este sentido, la hermosura de la desnudez es un concepto en los ojos del amador: «Desnuda eres irreal, de tan perfecta, / ¡no veo el cuerpo, miro tu hermosura!» (377). La tercera parte, «Sonetos de una libertina» nos presenta la pasión desbordada, orgiástica: «Apenas unos brazos te ceñían / o una boca reptaba por tu cuello, / cercana a lo animal, languidecías / en un tenue reguero de gemidos. // ¡Gemidos de placer y de tortura!» (399). A lo largo del poemario hay desnudez, deseo, exaltación de la belleza del cuerpo: el Eros expuesto en la palabra.

            El poeta ha elegido la forma rígida del soneto para contener tanta exaltación, pero su mirada va más allá del placer y confronta al Eros con el tiempo y la muerte. En la segunda parte, «Tríptico», el soneto inicial concentra el pensamiento del poeta sobre la condición efímera del placer y de todo: «¡Nada presuma duración, si empieza! […] ¡El tiempo no transige! Flor inestable, / lazo en trenza del aire, mariposa, / y el hombre han de finar, porque comienzan» (393). El poeta, con pesadumbre, reconoce que el tiempo, que consume la belleza y la pasión, encarna su condición inevitable, y aunque declara hiperbólico: «Sólo sé que, sin ti, no habría mundo» (383), sabe que todo pasa en el transcurrir de la existencia: «Mas del amor ¿quién sabe los designios? / ¡Viento es su duración! Posa la planta, / y no hay huella de amor, sino de olvido…» (384).

Es muy placentero leer la poesía erótica de Efraín Jara Idrovo que nos asoma hacia la turbulencia del deseo exacerbado, la carnalidad y la desnudez, que recorre la evocación de la belleza desde la mirada del amante y se deleita en gozo orgiástico con el recorrido del cuerpo amado. Ese placer tiene su límite en la aceptación del tiempo, que todo lo consume. Al final, las cosas del mundo se acaban, menos la expresión poética, consuelo estético de quienes poetizan la vida: «¡Nada escapa a la muerte!: amor, belleza, / poder. Y, sin embargo, prevalece / lo más frágil del hombre: ¡la palabra!»  (394). El placer de la palabra escrita, el placer de su lectura.



[1] Todas las citas han sido tomadas de Efraín Jara Idrovo, El mundo de las evidencias. Obra poética, 1945-1998, edición de María Augusta Vintimilla (Quito: Libresa / Universidad Andina simón Bolívar, 1998). El estudio de María Augusta Vintimilla, miembro de número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, silla B, es una de las lecturas más profundas y acabadas de la obra de Efraín Jara Idrovo.