(Fragmento de la obra "Tardes de lluvia en el porche", de la artista María Rosa Muñoz)

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
(Dicho por Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco).

martes, diciembre 21, 2010

Ecuador no tiene más demandas para Colombia: Raúl Vallejo

Fernando Arboleda Ripoll y Raúl Vallejo, en La Victora, Valle del Cauca, el miércoles 15 de diciembre de 2010, embajadores de Colombia en Ecuador y de Ecuador en Colombia, respectivamente.


Llega con muy buen ánimo a recomponer las relaciones con Colombia. ¿Qué será lo primero que va a hacer al respecto?

Poner el tema de los refugiados en la agenda es importante para nuestra concepción humanitaria del problema. Avanzaremos en un trabajo de salud y educación en la zona de frontera para construir allí una zona de paz, pero también nos dedicaremos a estrechar los lazos culturales entre los dos países. Tenemos, próximamente, la feria del libro en Bogotá y nuestro país va a tener una presencia significativa en esa feria. Reafirmaremos esos lazos históricos que nos han unido. Y revisaremos proyectos que tenemos en la agenda, como la ampliación del puente Rumichaca. En proyectos grandes, haremos el seguimiento de la construcción de las centrales térmicas y al cuidado de las cuencas hidrográficas. Muchas tareas esperan para ser coordinadas y ejecutadas.

Es interesante que el presidente Correa le haya encomendado a un intelectual como usted recomponer las relaciones con Colombia...

La razón es que he estado trabajando con el presidente Correa desde el inicio de su gestión como Ministro de Educación. Tenemos una relación cercana. El Presidente sabe que soy una persona abierta al diálogo, respetuosa de las diferencias, y que creo en el proyecto gubernamental de la revolución ciudadana. Además, me gusta aceptar los desafíos, sobre todo si son para construir puentes.

¿Le parece significativo que el presidente Santos haya escogido como embajador de Colombia en Ecuador a un ex magistrado como el doctor Arboleda Ripoll, quien, además, es experto en derecho internacional humanitario y muy conocedor de la Corte Penal Internacional?

Recién acabo de conocer al embajador Arboleda y tengo gran respeto por su trayectoria. Estuvimos hablando largamente, sobre todo del tema de los refugiados colombianos en el Ecuador. Es alguien que entiende el trabajo humanitario que debe darse en el campo de las relaciones internacionales.

Se lo pregunto porque ustedes nos tienen demandados ante la Corte Penal Internacional por el tema de la fumigación. Ahora que les hemos entregado los discos duros de 'Raúl Reyes', ¿también nos van a demandar?

Las demandas que se hicieron en su momento siguen su curso en las cortes y tendrán una resolución jurídica, pero pensar en nuevas demandas, por el momento, no está en la agenda del Gobierno ecuatoriano. Insistimos en que se nos diera una copia espejo de los discos duros de 'Reyes'. Eso ya se hizo y esa actitud genera confianza, porque es un gesto de buena voluntad política. Usted comprende que no se puede tener en un asunto, tan delicado como este, información retaceada frente a lo que se dice en esos discos.

A Ecuador no podemos pedirle cuentas por los campamentos de las Farc que están de este lado de la frontera, pero sí esperar que nos ayuden con los que están del lado de allá. ¿Sí los están combatiendo?

Durante el gobierno del presidente Correa es cuando más campamentos se han desmantelado por parte de nuestras Fuerzas Armadas. Existe una política para que no se opere ilegalmente de este lado de la frontera. Es un hecho, una actitud. Hoy día, el Gobierno colombiano ha multiplicado su presencia y sus operaciones militares en la zona, lo cual era uno de los puntos sensibles que había planteado el Ecuador. Esas actitudes generan confianza y nos ponen en un escenario diferente al de años de atrás.

Usted, que es un hombre que viene de una izquierda culta, ¿qué piensa de las Farc?

Personalmente, creo que el proyecto político que alguna vez pudieron tener se ha desdibujado completamente. Sus prácticas no corresponden a la realización de una sociedad más justa, más solidaria, ni a la construcción de un ser humano que asume el respeto de los demás seres humanos. Por lo tanto, no creo que impulsen una política progresista, una política de izquierda, por decirlo de alguna manera.

Es alentador escucharlo decir eso. A los colombianos nos mortifica que Ecuador diga que es neutral frente a las Farc, que nos han traído a los colombianos tanto dolor y desolación...

Eso es lo que siempre he pensado sobre las Farc y que, incluso, ha salido publicado en algunos periódicos. Lo que el presidente Correa señala es la posición del Estado ecuatoriano. Asumimos una neutralidad ante un conflicto del Estado colombiano. Eso no significa que el Gobierno de Ecuador apoye a ningún grupo irregular, llámense Farc, 'paras' o del cualquiera otra manera.

Se calculan en cerca de 30.000 los colombianos refugiados en el Ecuador. ¿Qué espera su Gobierno que suceda con ellos, ahora que comienza a aliviarse la situación del conflicto interno en Colombia?

El de los refugiados es, ante todo, un problema humanitario. Dejan atrás su familia, su tierra; se desplazan en condiciones que humanitariamente debe llamarnos a unas acciones solidarias. Como Ministro de Educación, pedí una reglamentación que facilitó el acceso al sistema educativo de los refugiados sin exigir papeles. En el pasado no había un reconocimiento del problema. Reconocerlo es un primer paso para poder solucionarlo.

Frente a las diferencias surgidas con Colombia, usted siempre perteneció a una línea moderada, partidaria de aliviar la situación. ¿Es de los que se preocupan cada vez que el presidente Chávez llama por teléfono al presidente Correa?

El presidente Correa habla con todos los mandatarios de la región. Y con todos se tiene una relación fraterna. Ecuador es una nación soberana, que tiene derecho de tener relaciones con cualquier país del mundo, sin que nadie le diga con quién debe y con quién no.

Nosotros también hemos cambiado, porque el presidente Chávez es nuestro nuevo mejor amigo. Por ese mismo motivo, le quiero preguntar: ¿de qué lado se va a poner Ecuador en la elección del presidente de Unasur? ¿Va a apoyar al candidato venezolano o a la colombiana?

Esa es una información que todavía no tengo y, por lo tanto, no puedo hablar al respecto.

Espero que nos haga alguna varita por ahí por debajo de cuerdas...
(Risas).


Qué opina de lo que los WikiLeaks han revelado acerca de lo que piensa la diplomacia de EE. UU. sobre el presidente Correa? Lo consideran un Presidente "rescatable". ¿Eso le causa gracia o le parece una falta de respeto?

Ciertamente uno puede sonreír frente a determinadas afirmaciones de carácter metafórico para referirse a aliados o a gobiernos con los que no se tiene muy buena relación, al hacer caracterizaciones de las personas. Pueden tomarse con cierto sentido del humor, pero, al mismo tiempo, revela que el servicio exterior norteamericano es no solamente una representación diplomática en un país sino también un espacio que le permite al Gobierno norteamericano absorber toda la información que requiere para su propio proyecto. En términos generales, lo que se revela ahí no es ni mucho menos prueba de nada. Son opiniones de funcionarios norteamericanos alrededor del mundo.

No puedo despedirlo sin preguntarle si es cierto que usted es experto en literatura de autores colombianos...

Experto no lo soy. Soy un conocedor de la literatura porque es mi especialidad. Pero, obviamente, hay un autor central que es García Márquez, de quien conozco casi toda su obra, lo mismo que de Álvaro Mutis. Entre los contemporáneos, mi admiración es para Mario Mendoza y su Satanás, esa visión de la gente que intenta salir de la espiral de violencia, luego de aquel asesinato en un restaurante de Bogotá, o para Jorge Franco y su Rosario Tijeras, realmente interesante en lo que tiene que ver con el planteamiento de la violencia y del amor. Tengo en el velador para leer Melodrama. Y como soy profesor de literatura del siglo 19, de textos colombianos de esa época, sigue siendo una de mis novelas favoritas María. Y hay toda una línea de poetas como Porfirio Barba Jacob, Eduardo Carranza, León de Greiff...

¿Ve que tenía razón en lo de que usted es un experto? En nombre de los colombianos, le doy la bienvenida a nuestro país y espero que con su presencia estas relaciones con Ecuador vuelvan a la normalidad. Como debe ser...

Muchas gracias.

MARÍA ISABEL RUEDA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO, DE BOGOTÁ, COLOMBIA
Publicado el lunes 20 de noviembre de 2010

lunes, noviembre 15, 2010

“Lo erótico permite adentrarse en lo profundo de la condición humana”

Por Patricia Villarroel, desde Madrid, España

La narrativa erótica no es un género fácil en una sociedad conservadora como la ecuatoriana. Dice mucho que algunos de los relatos de esta naturaleza escritos por Raúl Vallejo sólo hayan sido publicados en revistas como Casa de las Américas (La Habana), Hispamérica (Maryland) y Guaraguao (Barcelona). Ninguno en Ecuador. El texto “Bajo el signo de Isis”, del ex ministro de Educación, fue uno de los cinco ganadores del concurso Sexto Continente de Relato Erótico promovido por Radio Exterior de España y Ediciones Irreverentes. El cuento está publicado en la antología El sabor de tu piel, que puede ser adquirida en el siguiente enlace:

http://www.edicionesirreverentes.com/narrativa/Sabortupiel.htm



¿Qué encierra “Bajo el signo de Isis”?
La idea central es una relación amorosa que por el tiempo que lleva tiene una búsqueda y una exploración del eros de la pareja y esa búsqueda se da en términos de una igualdad en la exploración, de una exploración paralela de lo que es el placer.

¿Fue un relato de rápida concepción?
Fue de muy compleja escritura y es un relato que tiene muchas versiones, desde la original hasta la última hay, al menos, doce. Siempre creía que eran las definitivas y, sin embargo, modificaba puntos de vista, tiempos narrativos. Buscaba el lenguaje preciso, estaba experimentando con una temática y las formas de decir más adecuadas.

¿Qué le motivó a incursionar en esta narrativa?
Es un proyecto en el que llevo trabajando seis años y tiene que ver con la exploración de lo erótico como una forma de adentrarme en lo profundo de la condición humana.

¿Apuesta por lo carnal?
En lo erótico hay una problemática que supera la mera representación del eros, en lo pornográfico no existe tal problemática, solamente el mostrar la genitalidad en su acción sexual, hay una diferencia muy grande.


Es la primera experiencia en este tipo de relato y ya le han premiado. ¿Qué supone este reconocimiento?
Un premio es una pequeña alegría para un escritor porque implica un reconocimiento que la propuesta que uno hace es una propuesta que más o menos está funcionando. Resulta muy satisfactorio ser reconocido cuando uno envía un cuento a un lugar distinto con un jurado sin prejuicios al que no se conoce y en el que el texto se confronta con otros. Es una forma de decir que la propuesta literaria de alguna manera le dice algo a un lector que no está inmerso en el mundo en el que uno vive. Los premios son esa alegría pero nada más. Uno tiene que seguir trabajando.

La entrevista se realizó en Madrid, el viernes 9 de julio de 2010, y fue publicada originalmente en:



http://www.raizecuador.com/Raul-Vallejo-Lo-erotico-permite-adentrarse-en-lo-profundo-de-la-condicion-humana/66

viernes, octubre 29, 2010

De nuevo esposos


Para Alina, siempre

Vienes de nuevo a mí, mirlo de vigilia canora,
Al hogar encendido por nuestro dueto vital
Bajo la sábana de eternidad que nos cobija.

Voy otra vez a ti, navegante de rumbo recuperado,
Con la brújula de mi corazón que todos los días
Señalará a tu pecho tibio, a tus labios memoriosos.



Te tomo como esposa, Alina morena, ánima antigua;
Calma de mi mar encabritado con la frágil dulcedumbre
De tu indómito vientre, de tu piel que es huella de mi piel.

Tómame como esposo que si el futuro siempre es ilusorio
El presente es la desnudez sencilla de tu mano en la mía,
Plenitud de dos que compartimos la dicha de la existencia.

Quito, 29 de octubre de 2010


Todas las fotos fueron tomadas por Sebastián Vallejo Vera

lunes, octubre 25, 2010

No hay peor ciego que el que no quiere oír

Audio de la Central de Radio Patrulla del 30 de septiembre de 2010: "... maten rápido a ese hijuepueta de Correa ... que lo maten a Correa para que se acabe esto..."



A todos aquellos que insisten en que el 30 de septiembre de 2010 no hubo ni secuestro ni intento de asesinato al Presidente de la República, los invito a escuchar el audio de la Central de Radio Patrulla de ese día. Ahí, con claridad, se escuchan las verdaderas intenciones de los cabecillas de los policías insubordinados. Para aquellos que todavía guardan cierta racionalidad para juzgar los hechos la escucha de aquel audio les ayudará a entender los sucesos de aquel día. Obviamente aquellos enceguecidos por la animadversión no querrán oír.

http://www.telegrafo.com.ec/portada.aspx

La táctica comunicacional de la derecha y de los golpistas es minimizar los hechos y tratar de convencer a la población de que, finalmente, el culpable de todo es el propio Presidente. Para esto han puesto al día la alianza de la ultraizquierda con los portavoces racistas del movimiento indígena y los ex militares golpistas del 21 de enero. A ellos se suma, sin darse cuenta del juego en el que ha caído, un centro derecha democrático y una socialdemocracia —¿existe todavía un partido socialdemócrata de izquierda en el país?— que están más perdidos que Adán en el día de la madre.

Lo que les duele es el cambio que ha habido en la Patria.

He dicho en otra parte que ese país de grupos corporativos que se repartían entre ellos espacios de poder como resultado de la destrucción sistemática del Estado ya no existe más. Que ese país de instituciones débiles y corruptas, de gobiernos puestos en jaque por los grupos de presión, que la existencia de esos grupos de presión establecidos como gobiernos paralelos, quedó para la historia de la ignominia.

Sigo sosteniendo que ese país en el que pequeños grupos de radicales ávidos de poder asumen sin legitimidad el nombre del pueblo y actúan de manera sectaria en alianza con los propios opresores en contra de este proceso de transformación que estamos viviendo, va a desaparecer.

Y repito que ese país en el que el capital financiero ponía ministros de Economía y gobernaba los organismos de control de la banca, en el que los comerciantes administraban las aduanas, en el que los gremios empresariales regulaban las normas de un mercado caótico, y en el que la prensa del poder imponía sus criterios a los gobiernos débiles y quería gobernar desde el manejo de la opinión del público, ya no tiene viabilidad aunque todavía se revuelque con coletazos de bestia moribunda.

El 30 de septiembre, una insubordinación de la policía fue utilizada como un intento, felizmente fallido, para volver a ese país.

martes, octubre 19, 2010

El fastidio de la prensa del poder contra Correa

Huellas de balas de grueso calibre en el capó del auto que rescató al Presidente Correa del secuestro al que estuvo sometido el 30 de septiembre. Para la prensa del poder ni el presidente estuvo secuestrado ni nadie intentó matarlo. El fastidio llega hasta la negación de lo evidente. (Foto tomada con mi celular).


La prensa del poder —ese poder fáctico en el que se vinculan capital financiero, tradicionales oligarquías locales, representaciones corporativas, etc.—, enmascarada tras la libertad de expresión, estuvo acostumbrada a que los diferentes gobiernos le rindieran pleitesía y a carecer de crítica sobre su tipo de periodismo.

Así, el ritual del Presidente y sus ministros desfilando ante los consejos editoriales de determinados medios, con su dueño o dueña a la cabeza, fue un momento indispensable del estreno de un gobierno o una forma de paliar una coyuntura crítica. Algunas figuras de la TV y la radio solían almorzar con políticos en funciones de diversas tendencias y también con ministros y ejercieron, desde esa cercanía a los gobiernos y al poder político, su eterno poder mediático. Cambiaron los gobiernos pero las figuras de la prensa permanecieron, envejecidas sin duda pero, como la efigie de Tebas, inamovibles. Ciertos comentaristas políticos de la prensa del poder se acostumbraron a decir lo que se les ocurría, a tratar las noticias desde su óptica personal, a construir una verdad de acuerdo a sus creencias políticas e ideológicas. Todo ellos parapetados bajo las máscaras de periodistas independientes pero, aunque vergonzantes, activistas políticos a tiempo completo.

Esa prensa del poder es la que está fastidiada con el presidente Rafael Correa. No le perdona que haya incumplido el ritual de sometimiento. Les escandaliza que responda con argumentos y con fuerza mediática también cuando alguno de ellos manipula y tuerce la realidad. Les irrita que no acepte la infalibilidad del periodista, que parecería ser más dogmática que la del Papa. Les sulfura que no se adecue al taimado lenguaje palaciego y, en cambio, le diga al pan, pan y al vino, vino. En definitiva, les perturba que los haya bajado del pedestal de soberbia en que se situaron gracias al rating y las ventas, incapaces de la mínima autocrítica, y, además, que les haya mellado su coraza de intocables.

La prensa del poder difundió, desde el comienzo de la destrucción del Estado y la implementación de un modelo neoliberal a la criolla —es decir, un modelo en el que sus usufructuarios quisieron acumulación pero no competencia—, la idea de un pacto social tácito: todo estaba bien mientras el campo de interés de cada grupo no fuera tocado. El gobierno de Correa los puso al descubierto al modificar de cuajo el paradigma y socavar el poder de los grupos corporativos. Por todo aquello, esa prensa vivirá fastidiada con Correa porque Correa siempre será el que les arrancó la careta a la prensa del poder y al poder corporativo que todavía da manotazos de ahogado.

lunes, octubre 11, 2010

El Nobel para Varguitas

Gabriel García Márquez, Nobel 1982; y Mario Vargas Llosa, Nobel 2010, en los tiempos del Boom.


I

La web oficial del premio Nobelprize.org expone las razones para premiar a Vargas Llosa: “por su cartografía de las estructuras del poder y sus afiladas imágenes de la resistencia, rebelión y derrota del individuo”. Ahí están, entre muchas otras novelas, La ciudad y los perros (1962) para testimoniar la violencia intrínseca de la educación militar de aquellos tiempos en el colegio Leoncio Prado; Conversación en La Catedral (1969), novela monumental cuya historia se desarrolla en tiempo de la dictadura del general Manuel Odría (1948 – 1956), en Perú, es una profunda reflexión sobre los regímenes dictatoriales y las dificultades de asunción de la consciencia democrática; Pantaleón y las visitadoras (1973), revisión hilarante sobre la estructura mental de los militares, frente a una misión desquiciante llevada a cabo por el capitán Pantoja; Lituma en los Andes (1993), desentrañamiento del mundo cultural y la irracionalidad política que envuelve el activismo mesiánico de “Sendero luminoso” y ante los que se enfrenta un individuo cuyos esfuerzos a favor del bien y el orden están destinados al fracaso.

II

Por mi parte, recibí con alegría la noticia del Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 28 de marzo de 1936) porque su obra literaria es un ejemplo paradigmático de lo que es la vocación por la escritura y la vivencia intelectual en el mundo de la literatura. “Para el arte no hay horario”, decía Pedro Camacho, el escribidor de La tía Julia y el escribidor (1977), novela en donde MVLL se transforma en el personaje Varguitas. “Ese empeño me sirvió para comprobar que el género novelesco no ha nacido para contar verdades, que éstas, al pasar a la ficción, se vuelven siempre mentiras (es decir, unas verdades dudosas e inverificables)”, escribió en 1999 como prólogo para una edición de amplio tiraje de dicha novela. Consagrarse al arte, como pedían nuestros modernistas y, al mismo tiempo, saber que la literatura es “la verdad de las mentiras”. Pero esa verdad mentirosa lo es en su relación con la búsqueda mimética de la realidad. La realidad de la literatura es lo único verdadero en el texto y esa verdad es la que nos estremece: los cadetes de La ciudad y los perros, su mundo violento, su machismo y la sorda lucha de clases que se instala entre ellos, son verdaderos porque la palabra literaria los volvió reales. El dictador Trujillo de La fiesta del Chivo (2000), muy a pesar de su existencia real, es el dictador que imagina y construye el escritor: estamos ante Trujillo, según Vargas Llosa, pero, al mismo, estamos ante el horror cierto de una dictadura sanguinaria en la realidad de la palabra. Incluso, ese perverso polimorfo que es el Fonchito de Elogio de la madrastra (1988), nos permite acceder a los vericuetos de la sexualidad reprimida por la hipocresía social.

III

“¿Cómo te alegras del Nobel para Vargas Llosa, que es un intelectual de derecha?”, me cuestionaron amigos queridos. Pues, por la misma razón que me alegró el Nobel para un comunista como José Saramago, o para un izquierdista tropical como García Márquez. Me alegré, sencillamente, porque es el reconocimiento a la estética de la obra de unos escritores que han dedicado su vida a la escritura de literatura y que, en sus textos literarios, nos han conmovido ética y estéticamente. Varguitas, el prolífico escritor, se ha ganado el Nobel a fuerza de la escritura de sus mentiras verdaderas.

martes, octubre 05, 2010

Contrapunto a 4 dichos sobre la intentona golpista del 30 de septiembre


Uno: “La culpa fue del Presidente por ir a meterse al cuartel del Regimiento Quito donde los policías realizaban un reclamo justo.”

Me acuerdo de la película Acusados: en síntesis, los violadores de una chica argumentaban que la violaron porque ella usaba ropa provocativa. Es decir que los victimarios querían hacer recaer la culpa sobre la víctima. En primer lugar, si el reclamo de los policías hubiese sido “justo”, el método utilizado deslegitimó en el acto su reivindicación; y cuando digo en el acto, me refiero al instante mismo en que se tomaron el cuartel del Regimiento Quito No.1. Resulta ilegal e ilegítimo que la policía (o cualquier cuerpo armado del Estado) utilice las armas que el pueblo le ha confiado para buscar su propio beneficio, cualesquiera que este sea. En segundo, ¿puede alguien sensatamente pensar que el reclamo de “un bono” genere tanta irracionalidad y violencia armada? Si nos ponemos a revisar todo lo que el gobierno ha puesto en orden dentro de la policía, entonces vamos a detectar causas más profundas de esta sublevación que se venía fraguando desde mucho antes: ahora son civiles quienes administran el tránsito; el gobierno ha investigado una serie de abusos policiales del pasado (caso Fybeca, para poner un solo ejemplo); la sola idea de la tortura como mecanismo de investigación ha sido desterrada del sistema investigativo de la policía. Finalmente, el Presidente —o cualquier otro funcionario: ministro de Gobierno y/o subsecretario de Policía—, estaba en su legítimo derecho de querer solucionar un problema complejo y los policías no tenían ni un ápice de razón en convertir un reclamo administrativo en un hecho violento: con el nivel de odio e irracionalidad que hubo, ¿hubieran respetado, por ejemplo, al subsecretario de Policía? Me pueden decir: “se pudo solucionar de otra manera” y yo respondo: siempre, después de los hechos, todos tenemos otra manera para solucionar cualquier asunto. Y, no está demás, señalar que el artículo 147, numeral 16, de la Constitución señala que el Presidente de la República tiene como atribución y deber: “Ejercer la máxima autoridad de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional y designar a los integrantes del alto mando militar y policial.”

Dos: “No hubo secuestro ni intento de asesinar al Presidente.”

Esta frase ha sido una argumentación esgrimida, sobre todo, por quienes son desafectos al gobierno. Pero veamos las cosas con cierta lógica. ¿Podía el Presidente movilizarse a su entera voluntad? ¿Podía el Presidente irse tranquilamente a su casa o donde hubiera querido? ¿Acaso podían acercarse al Hospital las miles de personas que acudieron a respaldarlo? ¿Acaso no fueron repelidas con balas y gases lacrimógenos? ¿No fue necesaria la presencia de las Fuerzas Armadas para que el Presidente y sus acompañantes pudieran salir del Hospital de la Policía? Lo que sí no estuvo el Presidente fue incapacitado para seguir gobernando y, dentro del Hospital, fue protegido por un cuerpo policial de élite que no estaba de acuerdo con la sublevación. (No quiero especular sobre lo que hubiese hecho la oposición si el Presidente hubiera estado sin capacidad de gobernar.) Algunos dicen que los policías iban a hacer una calle de honor al Presidente para que abandone el Hospital. ¿Por qué no se formaron desarmados y, en vez de ello, armados como para la guerra, empezaron a disparar contra las fuerzas militares que llegaron a rescatar al Presidente de la República? El carro en el que fue liberado el Presidente recibió algunos impactos de bala de grueso calibre que, inclusive, dejaron su huella en la carrocería blindada. El policía del GOE que participó en el rescate del Presidente y que falleció fue asesinado por un francotirador, según vimos por la televisión. ¿Para qué, sino para disparar contra el Presidente, los policías tenían ubicados francotiradores con la mira puesta en la salida del Hospital de la Policía?

Tres: “No existió un intento de golpe de Estado.”
El golpe de Estado siempre es una posibilidad en estos casos. Pero recordemos algunos sucesos recientes. La semana anterior al jueves 30, la Escolta Legislativa permitió el ingreso de un grupo de militantes del MPD, alguno de ellos dirigentes de la UNE, que irrumpieron, como Pedro por su casa, en el Plenario de la Asamblea, para impedir que se vote en segunda la Ley General de Educación. El jueves 30, la Escolta Legislativa abandonó la protección que debía a la Asamblea Nacional y los sublevados del Regimiento Quito hicieron un llamado para que todas las unidades policiales del país se subleven. Ese mismo día el MPD pretendió organizar marchas populares y la UNE quiso sacar a estudiantes y maestros en respaldo a la policía (cosa que les salió muy mal puesto que han perdido capacidad de movilización) y hasta hoy, uno de sus altos dirigentes, pretende culpar al Presidente de las muertes ocurridas durante su rescate. Hubo efectivos policiales y militares que se tomaron los aeropuertos de Quito y Guayaquil. Otros pretendieron cortar las comunicaciones y atentar contra las antenas de transmisión. Incluso, utilizaron cadenas de sms para llamar a “tumbar a Correa”. Según el registro de la Central de Radiopatrulla, al que tuvo acceso ANDES, los mensajes fueron explícitos: mátenle al Presidente, maten a Correa, el man no sale hoy... Pero hay más: el dirigente de Sociedad Patriótica, Fidel Araujo, se paseaba, celular en mano, dentro del Regimiento Quito y fue el abogado de Lucio Gutiérrez, quien, comandando una turba, irrumpió por la fuerza en el edificio de los medios públicos. Lo que se pretendió ese día fue crear un “vacío de poder” y un caos social (con saqueos, marchas y declaraciones políticas de todo tipo en contra del gobierno), suficientemente largos como para exigir la renuncia del Presidente. La intentona golpista quiso aprovecharse del reclamo policial pero no pudo. Y, por lo que se vio en la noche, los golpistas, agazapados detrás del reclamo policial, barajaron la posibilidad de asesinar al Presidente en medio del fuego cruzado. José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, declaró: “Yo lo llamo un intento de golpe, cuando una institución del Estado como la Policía se insubordina contra la autoridad legalmente constituida, eso es técnicamente una negación de la democracia, un asalto a la democracia.”

Cuatro: “Se atentó contra la libertad de expresión al haber mantenido un enlace nacional ininterrumpido.”

Algunos medios de comunicación no se dieron cuenta de la gravedad de los sucesos o creyeron que se trataba de un partido de fútbol y comenzaron a especular sobre los sucesos; creyeron, con ingenuidad aparente, que se trataba de un “debate” y entrevistaban a “unos y otros”; en definitiva, creyeron que seguíamos viviendo el mismo desgobierno de tiempos pasados en los que el derrocamiento de un presidente se transmitía minuto a minuto: como cuando cayó Mahuad, por ejemplo, en un típico golpe de Estado comandado por el coronel Gutiérrez en asociación con el presidente de la Conaie y dirigente de Pachakútik, Antonio Vargas, igual que ahora están aliados políticamente en la Asamblea Lourdes Tibán y Gilmar Gutiérrez. El Presidente de la República, en uso de sus facultades constitucionales, por la gravedad de los acontecimientos, decretó el Estado de excepción, situación excepcional como su nombre lo indica a la que lo faculta la Constitución, y, según el artículo 165: “Durante el estado de excepción la Presidenta o Presidente de la República únicamente podrá suspender o limitar el ejercicio del derecho a la inviolabilidad de domicilio, inviolabilidad de correspondencia, libertad de tránsito, libertad de asociación y reunión, y libertad de información, en los términos que señala la Constitución.” No hubo ningún atentado contra la libertad de expresión. Desde el día siguiente cada quien opina lo que quiere pero en el momento de los sucesos —entiéndase bien: el Presidente estaba secuestrado y su vida peligraba—, el gobierno se encuadró en el marco legal, tenía el deber político de defender la estabilidad democrática y el derecho ganado en las urnas de proteger su propia existencia.

jueves, septiembre 30, 2010

Defender la democracia en contra de los golpistas


Un grupo de policías se sublevó esta mañana y, hasta este momento, mantiene “secuestrado” al Presidente de la República. Ha rodeado el Hospital de la Policía en donde el Presidente se encuentra y no permite su libre movilización. Esa tropa insubordinada ha esgrimido pretextos fútiles, exigiendo que se les mantenga prebendas irracionales y ha asumido una actitud claramente golpista.

Parecería que esa tropa ha olvidado que hoy gana el doble de lo que ganaba hace cuatro años; que la nueva Ley les garantiza ingresos mejores que el monto de bonos cada cierto número de años; que mejoraron sus condiciones de trabajo comenzando con el adecentamiento de sus propios cuarteles; que ha sido dotada con mejor armamento y municiones, y que se ha beneficiado con un apoyo sin igual del gobierno nacional.

Esa tropa está deshonrando el uniforme y abusando del derecho a portar las armas que les ha dado el pueblo ecuatoriano al pretender imponer por la fuerza sus pedidos económicos y administrativos. Se trata, sin ambages, de un intento de golpe de Estado bajo pretextos de reivindicaciones de tipo economicista.

La comunidad internacional en su conjunto ya se ha pronunciado en contra de esta sublevación de clara intención golpista que, políticamente, carece de futuro. Alcaldes, Prefectos y otras autoridades de distinta tendencia política —incluso el alcalde de Guayaquil, expresándose desde la oposición política democrática— han manifestado su condena a esta sublevación insensata que deviene en intentona golpista.

Y como no hay mal que por bien no venga, se les cayó la careta a esos dirigentes ultraizquierdistas del magisterio, con conceptos y prácticas antidemocráticas que, en vez de salir a defender la democracia en contra de los golpistas, quisieron pescar a río revuelto. Así, un grupúsculo en Quito trató de tomarse el ministerio de Educación y otro en Guayaquil, utilizando a un puñado de jóvenes, salió a apoyar a los policías sublevados. Pero los maestros de mi patria, en contra de la actitud sediciosa de ciertos dirigentes, están por la defensa de la democracia y se mantienen en una actitud vigilante en defensa de la democracia.

También se les cayó la careta a ciertos periodistas que pretendieron cubrir la intentona golpista como si se tratara de un partido de fútbol, creyendo que con decir que entrevistan a un grupo y a otro, ya cumplían con su deber, como si no se dieran cuenta de que se trataba de un sublevación totalmente antidemocrática. ¿Acaso creen que deben hacer de la trasmisión de una intentona golpista un espectáculo sin ética?

Y, sépalo esa tropa insubordinada: nadie va a dialogar con ella mientras sus miembros tengan un garrote en la mano que en este caso, son las armas que el pueblo les ha confiado en los términos de la Ley y que ellos las están utilizando de manera ilegítima y antidemocrática.

El Presidente de la República, por su parte, ha demostrado en todo momento entereza de espíritu, valor y coraje para enfrentar a los sublevados y defender el orden constituido sin permitir que se menoscabe su autoridad legítima, respaldada por el pueblo ecuatoriano.

Es el momento de manifestarse a favor de la democracia.

lunes, septiembre 27, 2010

El lector necesita saber quién escribe y desde dónde lo hace


En carta dirigida a El Universo —diario de militante oposición política al gobierno de la Revolución Ciudadana—, el 22 de julio de 2007, señalé, entre otros puntos, el siguiente:

“Considero que el ejercicio de la opinión en una columna editorial es libérrimo pero, al mismo tiempo, es en donde el articulista debe asumir a plenitud la responsabilidad que de sus palabras derivare. En lo personal, siguiendo a Voltaire, puedo no compartir las ideas de algún editorialista pero estoy dispuesto a luchar por el derecho que ése tiene a expresarlas. Al mismo tiempo, es indispensable que el público lector conozca la orientación ideológica o política del articulista puesto que nadie habla desde la imparcialidad; pretender que eso es así es engañar al lector.”

El director editorial de entonces, el ex trotskista Emilio Palacio que se convirtió camaleónicamente en vocero de dicha empresa periodística, respondió parapetado tras la firma institucional de El Universo: “…es una propuesta que revela un método político intolerante, el mismo que emplea este Gobierno: obligar a las personas a que se encasillen en cierta ideología para luego ubicarlas como aliadas o enemigas.” Francisco Febres Cordero, alias “el pájaro”, pretendió burlarse en un artículo en que se lanza furibundo contra mí porque en algún momento se dijo que yo asumiría la dirección El Telégrafo: nótese el desenfreno y el prejuicio: la crítica no era porque había asumido la dirección o porque había hecho algo negativo en el ejercicio de tal dirección: el enojo fue por la sola posibilidad de que yo asumiera la dirección de dicho diario.

Reafirmo cada uno de los planteamientos que realicé en dicha carta y que publiqué en este blog (ver archivo de julio 2007). Y, sobre el punto de la identificación ideológica y/o política de los articulistas de opinión, me topé recientemente con el Manual de estilo de diario El país, de España, que dice algo similar a lo que yo señalé en mi carta:

“2.78. Todos los artículos de opinión llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema. Esta norma es extensible a las colaboraciones de las páginas de Opinión tanto como a las tribunas que se publiquen en las demás secciones.” (Manual de estilo de diario El país de España, p. 31, versión online en pdf)

Así, por ejemplo, en la edición online de El país, de hoy, Cándido Méndez escribe un artículo titulado “Rectifique señor Presidente” explicando el porqué es justo el llamado a Huelga General, el próximo 29 de septiembre. Al final del artículo aparece la identidad del articulista: "Cándido Méndez es secretario general de UGT". En otro tema, menos polémico, también se cumple la norma del Manual: Mercè Rivas escribe “Republicanas, Prostitutas o débiles mentales”; al final del artículo está su identificación: "Mercè Rivas Torres es periodista, autora de Los sueños de Nassim y Vidas."

¿Resulta entonces que El país sería por este motivo políticamente intolerante? ¿El que se señale en una línea el lugar de donde se escribe es una parquedad motivo de chiste? ¿O, simplemente, sucede que en Ecuador quieren pasarnos gato por liebre con el cuento de la libertad de opinión y nadie se hace responsable ni por lo que dice ni desde dónde lo dice? El ex trotskista y alias el “pájaro” esconden su ignorancia, su mediocridad intelectual y su mala leche contra el gobierno y sus funcionarios tras la teoría de la conspiración y el chiste barato.

viernes, septiembre 17, 2010

Saltamontes de Venus

Maradona y Cannigia festejando un gol de Boquita.

Saltamontes de Venus —o Guipúzcoa— es un equipo de fútbol integrado mayoritariamente por jugadoras lesbianas. En julio de 2009 fue expulsado de la liga barrial de la Floresta porque, según la directiva, sus jugadoras habían cometido un acto “obsceno” que atentaba “contra la moral y las buenas costumbres”.

El acto “obsceno” es un beso que se dieron dos integrantes del equipo en la tribuna de la cancha de la liga. Resulta que terminado un partido, algunas jugadoras de Guipúzcoa subieron a la tribuna y una seguidora de otro equipo empezó a filmarlas. Dos jugadoras, cansadas de este tipo de acoso, pues no era la primera vez que sucedía, decidieron darle una lección y se besaron delante de quien las filmaba. Karen Barba, líder del equipo, declaró a la prensa: “Fue un beso de descanso por toda esta agresión”.

El juzgado cuarto de garantías penales de Pichincha anuló la sanción de la expulsión por considerarla discriminatoria y dio paso al Amparo Constitucional planteado por Guipúzcoa o Saltamontes de Venus.

A pesar de que la Constitución garantiza el derecho de libre orientación sexual, la sociedad ecuatoriana todavía tiene el corazón atrofiado por la intolerancia frente a la homosexualidad —que, recién en 1998, fue despenalizada—. A esa intolerancia, en un país católico como Ecuador, contribuye una ausencia total de amor al prójimo por parte de la iglesia institucional que condena la homosexualidad como si estuviésemos en los tiempos del Antiguo Testamento. No obstante la persistencia de actitudes homofóbicas, la acción del juez es motivo de esperanza para modificar la discriminación por razones de preferencias sexuales. Además, resulta admirable el coraje y la perseverancia de las jugadoras de Saltamontes de Venus para hacer frente a la discriminación.

En el fondo no importa si es un beso o un abrazo, si es en la tribuna o en la cancha. Se trata del rechazo irracional que despiertan los homosexuales porque quien discrimina no soporta a quien con su sola existencia trastorna la sexualidad de Barbie y Ken. ¡Tanta hipocresía disfrazada de moralismo!

martes, septiembre 14, 2010

Saramago, el bloguero


Saramago fue un escritor tardío pues empezó a publicar literatura después de los cincuenta años; ganó el premio Nobel a los 76, e inauguró un blog a los 86 años. Un blog es una bitácora sin fin, mutante como todo lo que existe en la zona virtual del Internet, con estilo de mucha precisión y el manejo sutil de la espontaneidad crítica. Y el blog le permitió a Saramago exponer de manera más abierta sus ideas sobre diversos tópicos políticos, literarios, religiosos, etc.

Hasta ahora, mi blog ha funcionado como una pizarra en donde he venido colgando algunos textos que me interesa que alguien —ese navegante que anda husmeando por cada portal— lo lea. Pero una escritura especialmente hecha para un blog implica tener una idea clara y escribirla con un estilo conciso. Así, si queremos hacer del blog una bitácora virtual, entonces la brevedad cobra relevancia y se convierte en una cualidad intrínseca. No sólo la brevedad también la contundencia de lo dicho y la espontaneidad crítica que impide muchos rodeos y una más abierta invitación a la polémica. En su blog, Saramago también es un provocador solo que su provocación es mucho menos elaborada que en su literatura y mucho más directa: un tirador de la palabra más franco que encubierto, más persona que personaje.

Espero añadir esa dimensión a mi propio acoso palabrero.

miércoles, julio 28, 2010

Sesión abierta de un taller literario


A propósito de la presentación de El sacrilegio de Maruja Hernández, de Alfonso Oramas Velasco
Parque Histórico de Guayaquil, Samborondón, 9 de junio de 2010; Libri Mundi, Quito, 6 de agosto de 2010.


Parecería que las palabras de la crítica literaria están condenadas a ser un galimatías en sí mismas. No aparecen cuando el proceso de escritura de la obra se desarrolla que es, tal vez, el momento cuando el autor más las necesita, aunque las mayor parte de las veces los escritores estamos, por deformación del genio creativo, poco dispuestos a escucharlas. Y, sin embargo, aparecen cuando la obra está publicada y ya no le sirven al autor sino para saber si su creación se inscribe en corrientes de moda, se ancla en el pasado o propone alguna novedad, si lo escrito merece la pena de ser leído.

¿Es inútil, entonces, la crítica? Hasta donde me cobijan mi práctica de escritura y mi tarea académica, la crítica literaria puede llegar a ser una visión iluminada e iluminadora sobre una obra o conjunto de obras que dialogan entre sí, y con ello construir una lectura inteligente y sensible que despierte nuevas lecturas en otras inteligencias y sensibilidades. Pero la crítica sirve muy poco a la hora de la creación, ese tiempo sagrado en el que un autor o autora se enfrenta a su intimidad en plena batalla con sus propios modos expresivos en la necesidad de decirle algo a alguien. En mi experiencia de escritor he comprobado que poco ayuda la crítica a resolver la íntima confrontación con las palabras a la que se ve abocado todo escritor, toda escritora.

Así que no voy a abordar con las palabras de la crítica literaria esta primera novela de Alfonso Oramas Velasco, El sacrilegio de Maruja Hernández pues cualquier expresión, justamente por lo solemne, me parecería ligeramente banal frente a un hecho escriturario que es una fiesta, y como toda fiesta, manifestación lúdica de la libertad. Quiero, más bien, celebrar junto a ustedes la aparición de esta, literariamente hablando, esperanzadora opera prima con una especie de sesión abierta de taller literario a propósito del libro que en esta noche presentamos.

Por lo dicho acerca de la crítica es que, a lo mejor, el espacio del taller tiene una razón de existir. Igual que en el Medioevo los aprendices se reunían alrededor de un Maestro para aprender artes y oficios mediante la pedagogía colectiva del hacer y deshacer, del producir y corregir, del mostrar y ver, en el taller literario, los aprendices de brujo se reúnen con el ánimo de convertir las palabras de la lectura crítica del texto en proceso en palabras que influyan en su escritura. Para que este milagro suceda el aprendiz tiene que despojarse de la soberbia del creador y asumir la dolencia que implica la intervención ajena en la obra propia.

Es cierto que la proliferación de talleres ha traído consigo la proliferación de escribidores que confunden un proyecto estético de escritura con el cumplimiento de textos-tareas y creen que todo lo que se lee y trabaja en el taller debe ser publicado de inmediato. Pero no es menos cierto que el taller, como espacio de aprendizaje comunitario, permite confrontar los textos de un proyecto de escritura con lectores atentos, privilegiados, y, al mismo tiempo, asumir las herramientas básicas de la literatura a partir de la observación mutua y el diálogo franco.
Dije que estamos ante una esperanzadora primera novela entre otras cosas porque se siente en ella la pasión por dar testimonio del ser humano y de la necesidad de justicia y compasión. Maruja Hernández y su hijo Jackson son personajes salidos de la realidad de nuestra gente, seres en quienes la felicidad y los sueños viven intactos. El capítulo XXII, en el que Maruja cuenta sus “momentos felices” es de una sencillez y una veracidad conmovedoras: en él está sintetizado el cariño del autor por sus personajes y, en términos de composición, la condensación de esa vida que va a ser confrontada con la dureza indecible del stabat mater.

Pero, en medio de la esperanza que provoca su obra inicial, debe saber Alfonso Oramas que la literatura es una pasión excluyente. En ella se vierten todas las pasiones humanas y por ella una vocación se convierte en necesidad vital. La literatura no es un pasatiempo para llenar los ratos libres; es el centro de la libertad del espíritu de quien la escoge para ser, para vivir. En este sentido, no basta con tener talento para escribir, como indudablemente lo tiene nuestro aprendiz de brujo —y, en esta novela, su escritura desenvuelta, clara a la hora de narrar, así lo demuestra—; hay que escribir con todo el talento posible para ser en la vida.

Tal vez alguien piense que estoy exagerando pues cómo se puede decir de manera tan definitiva que la escritura nos define el vivir cuando, en nuestro medio, ni siquiera permite sobrevivir. Pues, justamente en esa paradoja existencial, reside el sacrilegio de quienes opta(n)mos por la literatura. De alguna manera, quienes creemos en la literatura somos los Jackson Caicedo de la novela de Alfonso Oramas que soñamos con una España amable y acogedora como madre patria que se dice que es de nuestros pueblos, aunque nos topemos con la realidad de la intolerancia frente a lo que no se considera productivo, en el sentido económico del término, tal como los migrantes que esperan ser recibidos con los brazos abiertos se topan con los puños cerrados de la xenofobia.

Para escribir novelas se requiere vivir con intensidad no sólo aquello que nos toca, sino también aquello que buscamos vivir. Alfonso Oramas lo entenderá con el inevitable paso de los años y, seguramente, verá con mayor profundidad y criticidad, y, a lo mejor, con mayor desenfado y desengaño, al personaje de Juan José Torrenti porque la escritura es también una morosa (y, a veces, también amorosa) exploración de uno mismo. Su novela de hoy, asume retos vitales importantes y sale airosa la más de las veces: la narración en primera persona de Maruja Hernández podría ser un exceso al momento de adentrarse en la sicología profunda del personaje pero revela la audacia de un autor que no le teme a los retos: aunque a veces la expresión no corresponde al personaje, hay pasajes conmovedores que revelan el alma sencilla de Maruja. Pero, creo que es la experiencia vital lo que nos permite darle voz al alma de cada personaje: por eso es tan compleja y difícil la primera persona narrativa.

Seguramente, nuestro joven autor, pasó por la experiencia de sentir que la literatura es un combate perdido con el lenguaje. ¿Por qué digo perdido? Pues porque siempre nos queda resonando la frase en un punto de nosotros mismos donde sabemos que pudimos haber dicho de mejor manera lo que finalmente dijimos. ¿Cómo decir lo que queremos sin suene a lugar común, a superficial, a manido? En esta novela, el autor ha huido del lugar común como de la peste; se adentra en profundidades filosóficas en las que queda en evidencia su juventud pero también su búsqueda esencial de lo profundo.

No me gusta dar consejos porque no me gusta que me sermoneen. Y los profesores solemos caer frecuentemente en este vicio paternal. Recuerdo que Truman Capote, uno de mis escritores favoritos en alguna época de mi vida puesto que uno va cambiando de favoritos a medida que crece —aunque es necesario precisarlo: lo esencial para uno, permanece inamovible: en mi caso, Cervantes, Flaubert, Henrich Böll, García Márquez, Jorge Enrique Adoum, entre muchos otros— dijo que si tenía que dar un consejo a un escritor joven le diría que nunca, jamás, le hiciera caso a ningún maldito crítico.

No obstante, con la sospecha de que Alfonso Oramas no me hará caso, quiero hablarle sobre su segunda novela. No tengo la menor idea de cómo será. Sólo sé lo que he leído en la solapa de la edición de su primera novela: “Actualmente trabaja en su segunda novela.” Pues… me parece muy bien que siga trabajando en ella y que en cada jornada de trabajo recuerde que a la segunda novela los lectores críticos no la dejarán respirar siquiera: lo que en la primera es esperanza de buen escritor, en la segunda será esperanza frustrada; lo que en la primera es error de principiante, en la segunda será incapacidad para la escritura.

Sé, por experiencia propia, que lo más difícil para un escritor que empieza es aceptar que no es lo mismo querer publicar libros, que no poder vivir sin escribir literatura. Si Alfonso Oramas ya está trabajando en su segunda novela es porque la literatura le importa, es porque el talento para la escritura habrá de convertirse en él en escritura, así de simple; claro está que a condición de que se dé cuenta de que a la literatura la enmohece la domesticidad de los Cáncer puesto que nació bajo el signo de Piscis: siempre quiere ser el centro de la vida.

Confieso que leí El sacrilegio de Maruja Hernández, de Alfonso Oramas Velasco, con agrado, con alegría, con gusto, con esperanza. Tiene la frescura, la inocencia y los errores típicos de los primeros textos de un autor pero sobre todo tiene las ganas de narrar, el fluir de las lecturas del autor, y, algo que para mí es fundamental pero que ha sido olvidado con la amoralidad posmoderna, tiene pasión y compasión por la condición humana.

domingo, mayo 30, 2010

(pre)texto de una elegía para jorgenrique [adoum, por más señas del curriculum mortis]


Hoy día, en la Mitad del Mundo, se realiza el pregón del II Encuentro Internacional de Poetas en Ecuador, 2010, Poesía en Paralelo O. Uno de los actos del encuentro es un homenaje a Jorge Enrique Adoum (1926 - 2009) que consiste en la lectura de uno de sus poemas y la recreación del mismo por parte del poeta participante. Yo escogí "en el principio era el verbo". A continuación el inimitable poema de Adoum y "el pobre palabreo mío". (Gracias a Bonil por darnos esa hermosa caricatura de JEA con la que ilustro esta entrada).

en el principio era el verbo
Por Jorge Enrique Adoum (1926 - 2009)

te número te teléfono aburrido
te direcciono (callo caso y escalero)
y habitacionada ya te lámparo te suelo
te vas te enfósforo te libro
te disco te destoco te desvisto desoído
te camo te almohado enciendo descobijo
te pelo te cadero me cinturas
nos trasvasamos labio a labio
me embotello en tu adentro
nos rehacemos te desformo me conformo
miltuplicada tú yo mildividido

de “Prepoemas en posespañol”, en No son todos los que están, 1979.

(pre)texto de una elegía para jorgenrique
[adoum, por más señas del curriculum mortis]


te palabro te memorio te presente
texto con personaje, los (pre)textos
tus prepoemas, tu poslenguaje.
tu/mi ecuador amargo, yaravioso
tu corazón maltrecho de tanta patria
ladrimugidolúgubre tanto.
bendita bichito entre todas
pielicarne, amalgama, convexada-concavida.
te indignación mundoalrevés
te rabia dolohorror la encuadernada tierra
triste estremecimiento de la inteligencia
amigente felicisteza avodkada,
jorgenrique, escriturante sumergido,
transeúnte y aprendiz, reflotado
en la angustia de la literatura:
te permaneces, te persistes —poetamente.

Mayo 30, 2010

lunes, mayo 24, 2010

En la ciudad se ha encontrado al novelista de una novela perdida








Presentación de En la ciudad se ha perdido un novelista. La narrativa de vanguardia de Humberto Salvador, de Raúl Serrano Sánchez. (Quito, Ministerio de Cultura de Ecuador / UASB, 2009).
Auditorio de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Jueves 29 de abril de 2010.


En una entrevista a Wilfrido Corral publicada recientemente [Rodrigo Villacís Molina, “La polémica es parte del oficio”, entrevista a Wilfrido Corral, Mundo Diners (Quito) # 334 (marzo 2010): 20 – 26.], Rodrigo Villacís, al formular una pregunta sobre Humberto Salvador, le dice a su entrevistado: “ya dije en otra oportunidad que tú has venido a rescatarlo” y Corral responde que “estaba olvidado, en efecto,” y explica que al ser consultado por una editorial española él sugirió el nombre de Salvador y de En la ciudad he perdido una novela para su publicación. A continuación, Villacís afirma que aquí “se subestimó” a Salvador. Corral responde que así fue al igual que se hizo con Palacio, “porque ninguno de los dos estaba en la línea del realismo social”. Más adelante, Villacís insiste en señalar a Corral como el académico que está “reivindicando” a Salvador y aquél hace una precisión: “También otros críticos y estudiosos, como se verá en el anunciado número de Kipus… ” [Se refiere al número de Kipus, de próxima aparición, que rinde homenaje a los escritores cuyo centenario se celebró en 2009: Demetrio Aguilera Malta, Ángel F. Rojas y el propio Salvador, entre otros.]

Parecería que en nuestro medio cultural nos estamos acostumbrando a escuchar opiniones desinformadas y tendenciosas como que si fueran juicios definitivos e inobjetables. Con Pablo Palacio sucedió algo parecido. El mismo Wilfrido Corral, Leonardo Valencia y otros esgrimieron la tesis de que Palacio había sido un escritor marginado por cuanto no adhirió al realismo social y que ellos lo estaban reivindicando. En la introducción que hice a la obra narrativa de Palacio publicada en la Biblioteca Ayacucho demostré cómo la obra de Palacio ha tenido, salvo en el período dominado por los epígonos del realismo social, una recepción celebratoria [Pablo Palacio, Un hombre muerto a puntapiés y otros textos, Caracas, Biblioteca Ayacucho, # 231, 2005]. Tanto Un hombre muerto a puntapiés como Débora fueron muy bien recibidas por los escritores, compañeros de generación de Palacio, puesto que todo ellos estaban enfrentados a los epígonos del romanticismo y del modernismo. Sin embargo, cuando apareció Vida del ahorcado, dado que el realismo social fue la ruta del movimiento vanguardista y su politización expresa, las opiniones de sus compañeros de generación se dividieron. La cubana revista de avance, Raúl Andrade, Gonzalo Escudero, todos ellos elogiaron los cuentos de Palacio. La novela Débora, también tuvo una recepción elogiosa. Y es sabido que la crítica consagratoria de estos dos libros llegó de manera temprana con un artículo de Benjamín Carrión publicado en su memorable Mapa de América, en 1930.

Palacio fue incluido, sin bien con alguna incomprensión teórica, en la Biblioteca Ecuatoriana Mínima, publicada en 1960. En 1964 la Casa de la Cultura Ecuatoriana publica la primera edición de las Obras completas. Los jóvenes escritores de La Bufanda del Sol fueron los primeros en apropiarse de la figura de Palacio —a tal punto que en julio de 1974 le dedicaron el número ocho de su revista que circuló con el póster que sirve de ilustración a la portada de este libro—, para convertirlo en un antecedente de sí mismos dentro de la tradición literaria ecuatoriana. De ahí en adelante, sus obras fueron publicadas en varias ediciones aquí y en otros países y los estudios se multiplicaron hasta llegar al canónico trabajo de María del Carmen Fernández [Me refiero a El realismo abierto de Pablo Palacio en la encrucijada de los 30, Quito, Ediciones Libri Mundi, 1991.]

Al parecer se quiere hacer lo mismo con Salvador. Los hechos, sin embargo, son los que desmienten a quienes realizan afirmaciones antojadizas. Para empezar, tanto Villacís como Corral silencian en la entrevista la edición de En la ciudad se ha perdido una novela, que estuvo a cargo de María del Carmen Fernández y que apareció en 1993 [Humberto Salvador, En la ciudad he perdido una novela. [1930], Estudio introductorio de María del Carmen Fernández. Quito, Libresa, Colección Antares # 94, 1993]. Suficiente tiempo para que un periodista especializado y un crítico se enteren acerca de la aparición de un libro. Pero, además, parecería que desconocen la publicación de La navaja y otros cuentos, (1994), que incluye textos de Ajedrez y Taza de té, la novela Trabajadores, incluida en la colección “La gran literatura ecuatoriana del 30”, (1985) , o del cuentario Sacrificio, en la colección “Letras del Ecuador” (1978) , pues en la entrevista Corral afirma, y Villacís acepta, que Salvador fue un escritor relegado, que ha sido olvidado por cuanto no adscribió al realismo socialista, y que ahora Corral va a la cabeza del rescate. La realidad, no obstante, es bastante más compleja.

El libro de Raúl Serrano En la ciudad se ha perdido un novelista. La narrativa de vanguardia de Humberto Salvador, viene a poner en orden ciertas afirmaciones por cuanto toma en cuenta, para afinar la visión acerca de un autor y su obra, los claroscuros que siempre existen en el análisis de la producción literaria. El libro de Raúl Serrano clarifica la recepción de la obra de Salvador, su tránsito estético, y las vicisitudes de todo autor en su periplo vital y su producción literaria, concentrado en el análisis de los libros de su etapa vanguardista. “Salvador, cuya obra de vanguardia en su momento fue muy bien comentada por la crítica extranjera y en algo la local, después del ciclo de su narrativa vanguardista, opta por la literatura proletaria, o adscribe al ‘realismo integral’ con novelas como Camarada [1933], Trabajadores [1935] y Noviembre [1939], textos que lo convertirán en la figura del supuesto ‘realismo socialista’, del que no es ni epígono peor su cultor.”

Para evitar apropiaciones y elogios fáciles, lo primero que debemos considerar para un análisis adecuado de la obra de Salvador, es lo que señala Raúl Serrano en su libro: “En los trabajos críticos que dan cuenta de la obra y la generación del 30, la obra de ruptura de Salvador es omitida o relegada, destacándose su literatura proletaria.” En otras palabras, no es que Salvador sea un autor al que se ha relegado de manera intencional por cuanto existe una entelequia estéticamente atrasada que todavía hoy desconoce la validez de los textos de la vanguardia. Si precisamos las cosas, Serrano nos plantea que Salvador es un autor cuya obra vanguardista fue silenciada por incomprensión estética y sectarismo político pero cuyo reconocimiento se da por la literatura proletaria que produjo. La tarea que se viene desarrollando en los últimos años, entonces, ha sido la de releer a Salvador desde sus textos vanguardistas y entender, entonces, que la llamada literatura proletaria que escribió es de un espesor mucho más profundo que la del realismo socialista propagandístico.

En el prólogo a la obra de Pablo Palacio, editada por Ayacucho, ya señalé que Salvador se mueve desde el vanguardismo de técnica pirandelliana de En la ciudad he perdido una novela, hacia el realismo integral de Camarada (1933) —novela en la que Freud y Marx son los símbolos de los nuevos tiempos— y Trabajadores (1935). En En la ciudad…, el narrador – autor, que recorre Quito de manera reflexiva, asume para el texto literario la imposibilidad de la ilusión realista:

En mi ciudad andina pueden encontrarse argumentos de toda clase, para todos los gustos, que satisfagan todas las doctrinas.
Cada barrio simboliza una tendencia. Tiene motivos y personaje propios, para hacer triunfar su norma estética.
[…]
La vanguardia se puede buscarla en la ciudad a través de todos los barrios.
Pero la emoción novelesca es forzoso encontrarla en Victoria. Ella es la belleza estilizada, no el interés de la farsa. La novela perfecta sería la que sin personajes ni argumento, presentara a Victoria desnuda en su maravilloso ritmo [énfasis añadido].

En cambio, en Trabajadores, novela que exhibe la injusticia del capitalismo, el narrador vislumbra a Quito, ya no como la ciudad – espacio en la que construye una novela imposible sino como una ciudad donde la tristeza y el dolor existen como realidades sociales:

Después de la medianoche, la ciudad de Quito es un cementerio. Se paralizan sus movimientos. Huye de ella la vida.
Tiene la pobrecita ciudad una tristeza opaca. Es como si se hubiera hundido en la muerte.
En los arrabales cantan las guitarras de los novios. Quejidos hondos, entrañables. El trago puro consuela a los vagabundos. Sombras, dolor.
El policía es el único real. El simboliza toda la pena escondida. Angustia, frío. Ausencia de mujeres. Deseo sexual siempre insatisfecho. Hambre. Así es para el pobre la ciudad de Quito.

Así, en estas dos novelas, Salvador se constituye en un ejemplo de cómo la noción de vanguardia se desplazó hacia una literatura ubicada en la vanguardia revolucionaria a partir de la temática escogida y que terminó renegando —o que fue silenciada por la imposición de una nueva práctica estética y porque no pudo superar el rechazo que desde un primer momento originó en la crítica oficial, todavía ligada al modernismo— de su línea primigenia.
En general, la crítica ha opuesto, por ejemplo, al vanguardismo contra el indigenismo como dos expresiones completamente divorciadas. En el caso latinoamericano resulta curioso que durante la década del veinte, al mismo tiempo que aparecen Memorias sentimentales de Juan Miramar (1924), de Oswald de Andrade, El juguete rabioso (1926) y Los siete locos (1929), de Roberto Arlt, o La tienda de los muñecos (1927), de Julio Garmendia, también se publican La vorágine (1924), de José Eustasio Rivera; Don Segundo Sombra (1926), de Ricardo Güiraldes, o Doña Bárbara (1929), de Rómulo Gallegos. Sigo creyendo que la presencia de estas obras comprueba que la vanguardia latinoamericana encontró varias vías de expresión que fueron desde el ultraísmo hasta el indigenismo, pasando por el nativismo y otras tendencias. Raúl Serrano comparte esta tesis en una entrevista reciente, a propósito de la presentación de su libro, en la que él responde: “En la generación del 30 todos son vanguardistas para su tiempo. El realismo y el indigenismo fueron la vanguardia.”

Uno de los valores, justamente, del libro de Raúl Serrano es que se concentra en el análisis de los textos del periodo vanguardista de Salvador logrando una lectura contemporánea de los mismos y, por tanto, dando complementariedad a la visión que sobre la obra de Salvador podemos tener hoy día. Al mismo tiempo, toma en cuenta el ensayo de Salvador Esquema sexual, como un elemento constitutivo de la estética vanguardista del autor, considerando que

no es un mero receptáculo de los planteamientos freudianos, sino que, a partir de esos postulados, lleva adelante todo un trabajo de aplicación y de hermenéutica respecto del régimen sexual imperante en la sociedad de su tiempo. Este ensayo no ha perdido vigencia a pesar de los nuevos debates que en torno al psicoanálisis se han dado en estos años, creemos que su vigencia se mantiene porque su mérito estriba en ser una suerte de para-texto dentro de lo que es la vanguardia ecuatoriana, quizás uno de los pocos y extraños casos que operaron en América Latina a este nivel.

En este sentido, Raúl Serrano plantea que la obra realista de Salvador no debe ser ubicada dentro de los cánones del realismo social, entendido éste como la obra literaria escrita desde una visión plana y propagandística de las tesis marxistas, sino como la elaboración estética de un realismo integral que por la profundidad de los personajes, por la complejidad humana de las situaciones vitales y por el punto de vista crítico del narrador, hace de las novelas citadas de Salvador, textos de un realismo proletario preocupado por construir una palabra artística capaz de bucear, de forma problemática, en la condición humana.

Ahora bien, Raúl Serrano sí ajusta cuentas en su libro con la tradición crítica que relegó la obra vanguardista de Salvador y que redujo al escritor a ser un representante del realismo socialista, en el sentido más literal de dicho realismo. Ese ajuste de cuentas contribuye de forme notable al enriquecimiento del debate que reconstruye la presencia de un movimiento de vanguardia vigoroso en su época en nuestro país, en el que los nombres de Salvador, Palacio y el de Hugo Mayo son imprescindibles.

Para evitar arrogarse méritos que corresponden a varios intelectuales y a un proceso de la crítica generada en el país, tanto Villacís como Corral deberían saber que, como indica Raúl Serrano en su libro: “Desde 1990, la obra de Humberto Salvador ha entrado en un proceso de relectura y revaloración, dejando atrás el terrible silencio al que fue condenada, y del que ha sabido salir dispuesta a conquistar esos lectores que aparentemente no existían, cuando sucede que sólo estaban extraviados.” Este proceso de relectura y revaloración no ha terminado, por supuesto: todavía la obra de Salvador se enfrenta al desconocimiento de un sector de la crítica, como bien lo señala Raúl Serrano al constatar la ausencia de Salvador como cuentista en una antología reciente, publicada por Alfaguara, con el auspicio del Ministerio de Cultura, preparada por Mercedes Mafla y Javier Vásconez [VV. AA., Antología de cuento. Literatura de Ecuador. Selección de Mercedes Mafla y Javier Vásconez, Madrid, Alfaguara, 2009].

En la ciudad se ha perdido un novelista. La narrativa de vanguardia de Humberto Salvador, de Raúl Serrano, es un excelente trabajo académico, escrito con la fluidez de un narrador, que contribuye al debate sobre las vanguardias a partir del análisis de la poco estudiada narrativa vanguardista de Salvador, que realiza una documentada lectura contemporánea de su obra en este proceso de revaloración de la literatura de Humberto Salvador.

miércoles, mayo 19, 2010

Barro blasfemo o la irreverencia del arte y lo cotidiano

Presentación de Barro blasfemo, de Ivón Gordon Vailakis
Casa Cultural Trude Sojka, Miércoles 6 de mayo de 2010


La fecundidad de la tierra es una llamada y una llamarada. A ella asisten los elementos prestos para que la vida germine. En ella se incendia la presencia múltiple del ser. Del beso de la tierra con el agua, el barro, como en el mito bíblico de la creación, se convierte en el dador de vida, en la materia hecha símbolo, ennoblecida por cuanto condensa el milagro por el que existimos. El barro como memoria de la nada desde donde fuimos sacados por las manos de un creador; como dolor de la nada en la que nos convirtieron las manos de un destructor; como fiesta del todo que seremos, irreverentes ante la muerte por la persistencia vital de la palabra.

Ese barro primigenio de donde emergió la vida, ese barro simbólico de nuestra condición transeúnte, ese barro endurecido en el que impregnamos nuestra breve historia mundana. Esa mezcla de tierra y agua se disemina en la palabra de la poesía para convertirse en la realidad metafórica de los que soñamos de día. Ivón Gordon Vailakis, en Barro blasfemo nos convoca, desde un comienzo, a vivir impregnados, preñados de palabras que son paridas en la piel del texto poético: “Las palabras crecen, brotan, echan sus raíces dentro de mí, vivo en un embarazo continuo, mi vientre se conecta a otra vida, esa vida que me lleva a vivir otras vidas. […] Vivo embarazada y doy a luz continuamente.” (p. 9)


Ivón Gordon, partiendo de un exergo tomado de Edgar Allan Poe: “Aquellos que sueñan de día están conscientes de muchas cosas que se escapan de aquellos que sólo sueñan de noche,” trabaja la imaginería del sueño y la ubica como uno de los elementos esenciales de la vida embarazada de palabras: “Esa vida duerme el sueño de la memoria. Duerme y se despierta con el ritmo de la vida” (p. 9). Se trata, como sucede en todo trabajo creativo, de una tarea de hacer y deshacer, como la voz poética dice que trabaja el bordado de las dos almohadas: “Hay veces que el bordado se confunde y sin darme cuenta, / jalo los hilos para empezar de nuevo.” (p. 11). Es el sueño, ya no como fantasma, sino como presencia que acompaña, que da calor, que da vida a las cosas; y también, es el sueño como espacio que aguarda la realización de aquello que sucede en otro espacio, ese que el ser humano sabe inexorable: “Nada está afuera / del azar y la muerte. / Las manos descansan en los muslos, / como gotas de ámbar en el umbral de los sueños. (p.81)


Con dos elementos trabaja la poeta en su libro: la tierra y el agua. El uno como permanencia de la memoria del horror transformado en arte; el otro como purificación de lo cotidiano, como presencia que de un rito destinado a desacralizar el rito mismo y convertir en ritual aquello que pasa de largo ante los ojos de quienes únicamente sueñan de noche: “El agua cae como gotas de lluvia, / y se da la vuelta en el día.” (p. 32) La contemplación en el espejo del ser que ejecuta los actos cotidianos de limpieza personal en cada mañana termina convirtiéndolo en oficiante de un rito de purificación y lo transforma, metafóricamente, en el elemento del rito: “Eres el agua que borbotea / en la fuente a la entrada de la casa. / Eres como decir lluvia / llueve.” (p. 34)


Ese proceso de ritualización de los actos cotidianos, esa conversión de la realidad vulgar en un hecho extraordinario a través de la contemplación volcada en la palabra poética, esa mirada iluminada de lo rutinario gracias a la imagen que quiebra los bordes de lo racional, nos acerca a la purificación profana: “Me lavo las manos como si fueran estrellas de mar. / El agua corre por las manos / y se oculta entre las rocas, / creando lagunillas con los pájaros.” (p. 35)


La desacralización del ritual y la conversión de lo profano en sagrado se mueve hacia lo escatológico y, enmarcada en el silencio de la introspección, nos devela, en términos blasfemos, el sentido ritual de aquellos espacios socialmente despreciados, silenciados: “La taza del escusado / es el templo sagrado donde descansa el agua, / donde no necesitas ninguna respuesta, / donde todo está en total armonía.” (p. 37) Así, por efecto de la evocación poética, tenemos a la taza, sanitario, reservado, privado, retrete, inodoro —aunque su naturaleza es la de albergar olores fuertes, pestilentes— o, simplemente, letrina, convertida en un templo del agua, un lugar de purificación: el ser humano que se busca permanentemente en todas partes, también se encuentra consigo mismo ahí, en ese lugar denigrado, las más de las veces nominado con circunloquios, silenciado.

La figura del espejo constituye otro espacio de encuentro del ser consigo mismo. Una suerte de matrimonio de imágenes, de conjugación de lo que se es y de lo que se quiere ser, de intento por tocarse el cuerpo a través del juego de complementariedad de uno mismo que es todo espejo: “Has conseguido unir / las dos fuerzas / en un matrimonio frente al espejo. // Has unido al azar / las fuerzas que se pelean: / la ternura y la abnegación / se dan la mano, / el deseo / un pálpito inconsciente.” (p. 16) El azogue es también el lugar para la fantasía, para ver en él no lo que existe sino lo que se quiere ver, para dar en él ese paso imaginario que, en el poemario, siempre está rompiendo los límites de lo real: “Mientras ves en el espejo un río lleno de peces. / Ha llegado el momento de recapacitar / como decir vagar / vaga / vagas incesantemente, / porque no eres el abrigo de lana que cuelga en el ropero, / ni eres las zapatillas de ballet escondidas en una esquina, / ni eres el viaje de un bisonte lleno de espanto.” (p. 33)


¿Cuál es la magia que poseen los espejos? ¿Cuál, ese secreto escondido que nos espera agazapado detrás de la imagen de nosotros mismos que el espejo nos devuelve con aparente inocencia? El espejo tiende a multiplicar lo que somos en su dimensión festiva y en su dimensión horrenda; ahí estamos prestos a ser reproducidos pero no para dispersarnos sino para complementarnos: ser nosotros y la imagen de nosotros mismos confrontados en el silencio: “El espejo queda / porque siempre queda, / No importa lo que busques / para completarte, completarnos, / porque sin importarle nada / cada noche te espera sin pedir nada.” (p. 73)


Pero el ser que se mira y se reproduce en el espejo es un también un ser transeúnte, un vagamundo que lleva en sí la memoria de los sabores culinarios, el inventario de las tradiciones que lo mantienen signado por una historia cultural y que anda con sus raíces a cuestas que, es como decir, camina con el peso leve del hogar sobre sí mismo para sobrevivir la diáspora histórica y la contemporánea:

El hogar lo cargas en la espalda
y el toldo de tu carpa
lo plantas en cualquier sitio del mundo.
Los berros, la cebollina, la lechuga
también los planto en cualquier sitio de la tierra.
Ese es el destino del que lee las cartas,
del que es nómada por tradición o por destierro,
del que no tiene rumbo fijo, y el mundo
es su casa. (p. 52)

La tierra, ya señalada como elemento de trabajo poético, está presente en una de las partes más dramáticas y cargadas de sentido histórico que es la dedicada a Trude Sojka, la artista de origen checo que vivió en Ecuador desde que fuera liberada del campo de concentración de Auschwitz y que legó su obra al Ecuador. Una parte importante del trabajo de Trude Sojka se sustenta en la memoria del Holocausto: se trata de que esa memoria del horror permanezca para que nunca más el ser humano sea capaz de un genocidio de tal magnitud pues la artista checa incorpora también los otros genocidios, más recientes y menos conocidos en su memorial estético:

Cómo empezar a hablar de una mujer
de tamaño menudo que con sus manos
transforma el cemento en un acto
de dolor y memoria.
Cómo explicar sus manos abiertas
que adornan de guirnaldas el lienzo. (p. 48)

El barro, el elemento primigenio, es recuperado por las artistas, por Trude y por Ivòn, por la primera, en su el esplendor de su materialidad, por la segunda, en la extensión de la palabra poética, para perpetuar la memoria. ¿En qué consiste la blasfemia? Tal vez en la irreverencia que significa ennoblecer un elemento común para que sea el portavoz de aquello que, como humanidad, necesitamos perpetuar: “Cómo explicar sus manos en movimiento / creando monstruos del holocausto en el cemento.” (p. 48). Frente al horror, nos queda faltando siempre explicaciones, nos queda la existencia de la irracionalidad y la perversión humanas: dolor y memoria, horror del alma: “Cómo explicar el misterio / que cae sobre la piedra del primer aliento, / cómo explicar / el rugido ancestral / del barro blasfemo.” (p. 49)


Barro blasfemo, de Ivon Gordon Vailakis, es un poemario que, desde la irreverencia, desde una desacralización de los símbolos, recupera a la tierra y al agua como elementos constitutivos de una particular búsqueda del ser errante. En él, el barro se convierte en símbolo de la memoria que permanece convertida en arte.

jueves, abril 08, 2010

La nueva Patria

Discurso de despedida en nombre del equipo saliente del gabinete gubernamental

Con el presidente Rafael Correa, el lunes 5 de abril de 2010, en el Palacio de Carondelet, luego de la ceremonia de posesión de los nuevos ministros.

Todavía me acuerdo del primer gabinete, días antes de asumir el gobierno en enero de 2007. Fue en Punta Centinela y los ministros y ministras designados veíamos el mar y el sol como una tentación desperdiciada frente a un método de trabajo exigente y disciplinado que empezó a tomar forma desde el principio. A la noche, cena y canciones con el viejo Napo, el de “Gringa loca” y “Cangrejo criminal”, y la juguetona osadía de desplazar a los músicos e instalar el canto del que luego sería el grupo Necedades, necios en su afán de cantar como necios hemos sido desde entonces en el propósito insoslayable de transformar la realidad de un país asolado por los poderes fácticos, organizado para provecho de unos cuantos.

¿Cuánto ha cambiado la Patria desde entonces? El país de grupos corporativos que se repartían entre ellos espacios de poder como resultado de la destrucción sistemática del Estado ya no existe más. Ese país de instituciones débiles y corruptas, de gobiernos en jaque, y de grupos de presión establecidos como gobiernos paralelos quedó para la historia de la ignominia. Ese país en el que pequeños grupos de radicales ávidos de poder asumen sin legitimidad el nombre del pueblo y actúan de manera sectaria en alianza con los propios opresores en contra de este proceso de transformación que estamos viviendo, va a desaparecer. Ese país en el que el capital financiero ponía ministros de Economía y gobernaba los organismos de control de la banca, en el que los comerciantes administraban las aduanas, en el que los gremios empresariales regulaban las normas de un mercado caótico, ya no tiene viabilidad aunque todavía se revuelque con coletazos de bestia moribunda.

Ecuador vive una revolución ciudadana que le devuelve a la ciudadanía lo que a la ciudadanía le pertenece: un Estado que ejerce la rectoría de la sociedad y aplica la Ley, una obra pública destinada al servicio de todos en todas partes del país, una inversión destinada a hacer de la salud y la educación los pilares de una sociedad equitativa, la creación de condiciones para el emprendimiento de lucro justo, los espacios para el ejercicio de una libertad de expresión responsable. Una revolución que llega a aquellos pueblos que estuvieron olvidados hasta por los predicadores de ferias.

Para que Ecuador se mantenga en el pasado, quienes no están dispuestos a perder sus privilegios han recurrido a un sinfín de maniobras bañadas de hipocresía. Han retorcido el sentido de las palabras hasta que signifiquen negro cuando se dijo blanco para hacerse los ofendidos. Han mentido cuando así les convenía de tal forma que en un momento la explícita defensa de la vida fue expuesta como su contrario, la distribución equitativa de las rentas transformada en centralismo, o la defensa de la soberanía nacional en supuesta complicidad con quienes mantienen una inhumana guerra carente de ética. Han intentado desconocer lo hecho con el sofisma de que todavía faltan cosas por hacer cuando hemos sido los primeros en reconocer cuanto está pendiente. Han exagerado los problemas que existen en todo ejercicio de gobierno y minimizado las realizaciones que dan cuenta de una voluntad política de transformar la sociedad. Y después de boicotear esta revolución ciudadana, con toda la libertad y garantías de una democracia construida bajo una Constitución de derechos, después atacarla de todas las formas posibles, las legítimas y las que no lo son, los corifeos de siempre tienen la desvergüenza de hablar de tiranía apoyados por ciertos grupos mediáticos convertidos, sin pudor de ningún tipo, en actores políticos.

Tres años después, el país ha cambiado para regocijo de los más pobres y para tranquilidad de los sectores medios con conciencia social, para los que emigraron y para los que esperan el retorno de los suyos y difícilmente volverá a ser el de antes. Porque ya nadie permitirá que se gobierne para los que, con cada administración, han buscado acrecentar su capital sin ningún tipo de limitaciones éticas; porque ya nadie permitirá que los presidentes se encierren en Carondelet de espaldas a la vida; porque desde todos los rincones del país, la ciudadanía exigirá la presencia física de sus mandatarios, escuchando a la gente, institucionalizando el diálogo y la rendición de cuentas, pero, sobre todo, sirviendo al pueblo.

A ese cambio, con sencillez y vocación de servicio, con entrega personal y sacrificios familiares de distinta naturaleza, hemos contribuido los que hoy día participamos de la alternancia de un equipo de gobierno que, como en todo proceso vital, ha cumplido un ciclo de trabajo en el servicio público. En el camino sin fin de lo humano somos apenas seres transitorios y, justamente, esa transitoriedad es la que nos obliga a la acción comprometida con los pobres del Evangelio, sin paternalismos ni demagogia, con sentido de justicia y solidaridad. Los que salimos del equipo de gobierno esperamos haber cumplido nuestra responsabilidad ciudadana en plenitud de acción y profundidad ética. Nos habremos equivocado en la ejecución de ciertas tareas, sin duda alguna, pero nuestros errores fueron de buena fe y nos retiramos a casa alegres de ver, con mirada limpia, a nuestros hijos.

Compañero Presidente: a nombre de los que hoy día dejamos el equipo de gobierno queremos agradecerle por la confianza en nuestra capacidad técnica, en la honestidad administrativa, en la consecuencia política; y queremos agradecerle también por la oportunidad que hemos tenido para servir con amor. También queremos expresarle nuestra admiración, más allá de que cante, baile, haga chistes, se irrite con riesgo de caer en uno de los pecados capitales o sea emelecista, porque usted es un líder que gobierna con el ejemplo: es el primero que está trabajando y el último en ir a descansar, recorre el país pensando siempre en cómo solucionar los problemas de los que es testigo, exige a todos como se exige a sí mismo, se fija siempre en el detalle que hace la diferencia y la Patria es un empeño de su corazón.

También deseamos que la camaradería de gabinete acompañe la vocación de servicio de los compañeros y compañeras que asumirán desde hoy la responsabilidad que hasta hoy hemos tenido quienes nos vamos y podemos caer, finalmente, en la tentación del mar y del sol.

Un Ecuador libre y soberano, justo y solidario, es un sueño de todos para cuya construcción hemos contribuido en la medida de nuestras humanas fuerzas, por el que seguiremos luchando con los principios de la revolución ciudadana.

Compañeras, compañeros,
¡Siempre por la Patria, siempre!

Quito, 5 de abril de 2010

jueves, abril 01, 2010

Carta de renuncia al Ministerio de Educación

Con el Presidente Rafael Correa, el 1 de abril de 2009, en el Colegio Patria Ecuatoriana, de Guayaquil, en la inauguración del año lectivo de la Costa, 2009 - 2010.

Quito, 22 de marzo de 2010

Economista
Rafael Correa Delgado
Presidente Constitucional de la República del Ecuador
En su despacho

Estimado compañero Presidente:

En primer lugar, le agradezco de manera profunda por la confianza expresada en mi trabajo al haberme ratificado en la cartera de Educación en el momento en que usted asumió el gobierno de nuestro país. Para mí no solamente fue muy significativo en términos personales sino que, en un sentido político, ha sido gratificante participar del proyecto de la Revolución Ciudadana que usted lidera.

En segundo término, le informo que en estos tres años y tres meses de gestión he volcado mis empeños en institucionalizar el Plan Decenal de Educación que es mandato ciudadano a partir de la consulta popular del 26 de noviembre de 2006 y que usted asumiera como su plan de gobierno en el sector educativo. Los logros del Plan se encuentran en la página electrónica del ministerio y en los diferentes documentos que le he dado a conocer oportunamente. De lo que falta, algunos asuntos requieren de una nueva Ley de Educación —que hemos elaborado y presentado a la Asamblea Nacional y que está para segundo debate— que permitan la institucionalización de un nuevo modelo de gestión desconcentrado que incluya una mayor participación de la comunidad, a través de los Gobiernos Escolares Ciudadanos, en el proceso de rendición de cuentas, una cultura de la evaluación, un sostenido proceso de desarrollo profesional del magisterio, una mayor gobernabilidad del sistema educativo, una nueva organización del propio sistema y sus niveles educativos, entre otros puntos. Todo lo dicho, para cumplir uno de los principales objetivos de la Revolución Ciudadana que es devolver a los ciudadanos lo que a la ciudadanía le pertenece; es decir, una educación pública de calidad y calidez, base de las sociedades democráticas.

En nuestra gestión hemos cometido errores como se comete en toda tarea humana. El más grande de ellos fue haber anunciado que éramos una “Patria alfabetizada”, basados de buena fe, en la revisión de nuestras cifras por parte de un equipo de Unesco que realizó proyecciones que, según los datos del Inec de fin del año 2009, resultaron equivocadas. El sectarismo y la venganza política de quienes perdieron el poder de hecho que tenían en un sistema educativo secuestrado ha llevado al MPD a plantearme un juicio político por el motivo señalado, no obstante haber sido yo mismo quien, con entereza, anuncié al país que la lucha contra el analfabetismo seguía siendo una tarea educativa. A pesar de las dificultades estamos corrigiendo en todos el país el trabajo de educación de adultos.

Le agradezco por el apoyo político y personal que usted ha dado a mi gestión y por la oportunidad de servir al país. Dada su voluntad política y su calidez humana mi tarea se ha visto facilitada pues siempre los integrantes del equipo ministerial hemos sentido que su vocación de cambio supera los objetivos y metas del propio Plan Decenal.

Finalmente, sabiendo que las personas cumplimos ciclos en nuestra vida y usted requiere la más amplia libertad de acción para reorganizar su equipo de colaboradores en función de los objetivos patrióticos que se propone la Revolución Ciudadana y las realidades políticas que enfrentará el gobierno, pongo a su disposición el cargo de Ministro de Educación con el que me ha honrado, más allá de que, como ministro y cercano colaborador suyo, reitero que el cargo ha estado y está en todo momento a su entera disposición.

Espero, compañero Presidente, haber cumplido con las altas expectativas que usted exige del trabajo de sus colaboradores.

Fraternalmente,

Raúl Vallejo Corral
Ministro de Educación

martes, marzo 09, 2010

Reflexiones en torno a la muerte de Orlando Zapata

El Telégrafo, martes 9 de marzo de 2009, p. 15.




Orlando Zapata

Dicen que fue albañil y fontanero. Negro y disidente. Hubiera cumplido 43 años el 15 de mayo próximo. Dicen que fue aprehendido el 6 de diciembre de 2002 y que luego de cumplir una condena de tres meses fue nuevamente detenido, el 20 de marzo de 2003, en lo que la oposición cubana llama “Primavera negra”. Acusado de desacato y desobediencia civil fue condenado a 36 años de cárcel. Dicen que inició una huelga de hambre en la prisión de Camagüey, Cuba, el 2 de diciembre de 2009 y falleció el 23 de febrero de 2010. Digo que ha muerto un ser humano que decidió sacrificarse a sí mismo en nombre de su consciencia. ¿Qué podemos decir, desde la izquierda, ante los límites impuestos a las libertades civiles por parte de una revolución emblemática?

Cuba vive una agresión permanente por parte de la mayor potencia del mundo: desde Playa Girón, pasando por los cientos de intentos de asesinatos a Fidel Castro, hasta el bloqueo criminal que distorsiona toda la realidad económica, política y social de la isla. ¿Por qué a Cuba se le exige el modelo de la democracia capitalista si, al mismo tiempo, se la ha agredido sin contemplaciones democráticas violando principios de soberanía, libre autodeterminación de los pueblos y convivencia pacífica? ¿Por qué todos los problemas de Cuba reciben una atención mediática que no reciben otros países? ¿Han reportado las agencias de prensa cuántos suicidios —y una huelga de hambre es una forma de suicidarse— hubo en las cárceles del mundo en la última década o, si se quiere, desde comienzos de 2010 hasta el día en que falleció Zapata?

En general, los Estados del mundo tienen, en su legislación, los casos tipificados en los que se condena a una persona por conspirar contra el sistema establecido. ¿Por qué a Cuba se le pide que reconozca una amplia libertad para conspirar, incluso, contra la propia estabilidad del sistema establecido en su Constitución? Me parece que, además, al juzgar el problema de los presos políticos, habría que establecer la diferencia entre quienes, por ejemplo, se asocian con una potencia extranjera para invadir su propio país o participan en un intento de magnicidio o atentan contra la vida de la población civil, y entre quienes expresan su desacuerdo con el sistema, situación esta última que debería tolerarse en la construcción de una sociedad que vele por la libertad del ser humano.

Lastimosamente, el socialismo cubano no ha podido desarrollar un sistema político que garantice la libertad de consciencia y otras libertades políticas del ser humano y, en la práctica, fue restringiendo la esfera de las ideas al estrecho círculo del pensamiento único. En las famosas “Palabras a los intelectuales”, Fidel Castro dijo: “…dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada.” Esa consigna fue de fines de junio de 1961, dos meses después de la frustrada invasión de mercenarios y contrarrevolucionarios, auspiciados por la CIA, en Playa Girón. El discurso continuó así: “Contra la Revolución nada porque la Revolución tiene también sus derechos y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir y frente al derecho de la Revolución de ser y existir, nadie.” ¿Ha variado la situación desde 1961 hasta 2010? ¿La intensidad de los peligros continúa luego de más de cincuenta años de revolución?


Si después de cincuenta años de un proceso político, no puede existir la diversidad de pensamiento dentro de la revolución, incluido el margen para la disidencia ideológica, estamos ante una frustración histórica. La liberación del ser humano abarca todas las esferas de la existencia y la libertad de pensamiento es fundamental para ella. ¿Cómo lograr que convivan eso que se llama justicia social y la defensa sin restricciones de la libertad de consciencia de los individuos? Pero el asunto va más allá: en el caso de Orlando Zapata se evidencia una realidad cruel: el Otro es siempre un Enemigo al que hay que liquidar. ¿De qué manera una revolución debe modificar esa concepción del tratamiento de las contradicciones en su interior?

Es cierto que debemos exigir el cese del bloqueo a Cuba y todo tipo de injerencia política en la isla, porque mientras estas condiciones no se cumplan, el discurso de condena a Cuba será producto de la doble moral del Imperio y sus voceros. Pero, me parece que la crítica de izquierda, sin desconocer la situación histórica de Cuba y más allá del fariseísmo mediático, también debe señalar la necesidad de apertura del régimen cubano frente al ejercicio de la libertad de consciencia; la revisión transparente del estado, personal y jurídico, de los prisioneros por razones políticas y la situación de sus familiares; y la garantía revolucionaria para la existencia de un estatuto de oposición.

La muerte de Orlando Zapata, albañil, fontanero, negro y disidente, nos conmueve a todos los que militamos por la vida y, como no podemos permitir que se la instrumentalice políticamente, debe ser motivo de reflexión sobre la defensa de las libertades civiles en el socialismo.

Quito, marzo 4, 2010