José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).
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lunes, julio 06, 2026

Poema en búsqueda (incesante) de la poesía

El 19 de junio, al cierre del XXVII Congreso Internacional de la Asociación de Ecuatorianistas, cuya sede fue la Universidad de las Artes, en Guayaquil, ofrecí un recital poético basado en mi antología personal Ritual efímero del fuego eterno (2025). Me acompañaron en la lectura dramática Siomara España, Ileana Matamoros, Lucho Mueckay y mi hija, la actriz Daniela Vallejo Santos.

 

 

            Intentar la escritura de una poética es emprender la búsqueda de la poesía con el ánimo de que en el poema se dé el encuentro entre la poesía y el espíritu del ser humano.

El poema es una obra que requiere oficio, es decir, trabajo con el lenguaje y perseverancia en el lenguaje. Hasta Cervantes lo sentía en sí mismo y nos lo dijo en su poema narrativo Viaje del Parnaso (1614): «Yo, que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo…».

La experiencia poética y la experiencia sagrada se vuelven materialidad en el poema y la oración, aunque estas sean, la más de las veces, pálidas expresiones de la intensidad de aquellas. Pero no se crea que la poesía tiene solo una existencia etérea, meramente espiritual; como en Homero, la poesía se encarna en el poema asido a la historia: el poema carga en sí las condiciones sociales en que se escribe y es el lenguaje del poema lo que le posibilita trascender al tiempo de su escritura.

La poesía, ese fuego eterno, existe en el poema en el instante de la llama, si acaso; y también en el encuentro de la palabra poética y el ser humano, y su transcurrir en la historia.

La poesía es la lumbre de la comunidad.

 

Que la poesía habite este poema

 

¿Dónde habita la poesía?, inquiero

mientras la llama permanente

de la palabra fugaz

danza sobre mis papeles atónitos

que son el arca de tanta vida escrita

y una voz desde mi fondo me susurra:

en los tambores incesantes del silencio

en las huellas efímeras del transeúnte

en los relojes sin cuerda de Dios

en la lucidez dolorosa de los locos

en el abrazo, el beso y el pan compartidos

en la historia alucinante de nuestro pueblo

en la víscera apasionada de cada pecho

en la serendipia a la que nos conduce

el libro que nos regalaron en la infancia.

Ahí, en las palabras de un poema

donde cabe el espíritu del mundo

habita la poesía: la iluminada,

la profética, la cruel con sus fieles,

la que me mantiene vivo

en el país del desasosiego.

Por eso invoco al oficio de la antigua

y siempre nueva cofradía de poetas

para que, piadosa, la poesía habite

por un instante perdurable

en este agónico poema mío:

ritual efímero del fuego eterno.

 

Guayaquil, Lago de Capeira, octubre de 2025

 

 

La del estribo

           

«Que la poesía habite este poema» es el texto inicial de mi antología personal Ritual efímero del fuego eterno (New York: Nueva York Poetry Press, 2025), volumen No. 30 de la colección Piedra de la Locura (Stone of Madness), creada en homenaje a Alejandra Pizarnik.

Agradezco a la poeta y editora argentina Mar Russo por invitarme a ser parte del catálogo editorial de Nueva York Poetry Press. Gracias también a Marcela Sánchez González por las fotos del autor y las que acompañan algunos poemas del libro, así como al maestro Miguel Betancourt por el cuadro que ilustra la portada: Quipus, 1985, acuarela sobre cartulina, 77 x 57 cm.

 

            Pedidos de la antología a través de Amazon

lunes, junio 29, 2026

Jorgenrique Adoum: centenario de un poeta

En 1995, la Biblioteca Ayacucho de Venezuela, en coedición con Monte Ávila Editores, publicó el Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina, DELAL, en tres tomos. La entrada sobre Jorge Enrique Adoum fue de mi autoría. Hoy, basado en dicho texto y otros escritos que he publicado en este blog, al conmemorarse el centenario del natalicio de Jorgenrique recuerdo su obra.

 

«Árbol de la vida» en el jardín de la casa-museo Guayasamín. Junto a las del pintor, las cenizas de Jorgenrique Adoum, también en una vasija de barro, yacen bajo este pino. (Foto: Raúl Vallejo, 2019)


Jorgenrique Adoum (Ambato, 29 de junio de 1926 – Quito, 3 de julio de 2009) hizo de la escritura literaria una pasión excluyente. Para él, la escritura era en sí misma un acto político y, también, una manera de expresar el desgarramiento ideológico, la angustia que implica el origen de clase de quien escribe, así como la asunción de la primera responsabilidad de un escritor que es escribir con la permanente preocupación por el lenguaje. En una entrevista para la revista Bohemia, realizada por Nora Sosa, Adoum dijo: «El enemigo fundamental de un escritor son las palabras: contra ella y con ellas debe combatir».[1] Para Adoum, en la práctica de la escritura confluyen los conflictos amorosos, políticos y estéticos del autor, es decir, los conflictos de la vida misma y del tiempo que le ha tocado vivir.

Entre 1945 y 1947, Adoum fue secretario de Pablo Neruda, lo que le posibilitó un proceso de aprendizaje singular. Como era de esperarse, la influencia de Neruda en la poesía latinoamericana fue aún más acentuada en Adoum, pero, como el propio poeta lo dijo, tanto Neruda como él fueron los primeros en darse cuenta de la situación. A partir de aquel momento, Adoum ha construido una voz poética muy suya.

Desde Ecuador amargo (1949) hasta su monumental Los cuadernos de la tierra (que se publicó íntegro en 1963), el lenguaje exhibe exuberancia verbal, un aliento telúrico de resonancia mítica, la búsqueda no sólo de una voz poética capaz de convertirse en la voz que exprese al habitante del país y su historia, sino también del lugar de procedencia al que se ama de manera desgarrada, imbuida de lirismo y con el verso doliente de un antiguo yaraví. Así, los primeros versos de «Lamento y madrigal sobre Palmira» evocan el origen y la soledad no solo del desierto, sino del ser humano que lo contempla como parte del territorio que es su patria: «El polvo, el tiempo, áspera / y difícil soledad, desolado / mantel seco: aquí no hubo / nunca el caserío, la planta, / los dedos de la lluvia: / tierra rota / hasta la harina, paisaje ciego / que el viento cambia de lugar».[2]

 ¿Cuándo se da la ruptura con la herencia nerudiana? Hernán Rodríguez Castelo sostiene que esta ruptura se produce con el tercer cuaderno: Dios trajo la sombra (Premio Casa de las Américas, 1960): «para llevar hasta límites estupendos la transmutación lírica y anti lírica, épica y anti épica de la crónica y el mito»[3]. Saúl Yurkievich, en cambio, opina que este tercer cuaderno «es un intento coincidente con el Canto General de Neruda en cuanto a objetivo de representación y estilo adoptado […] Las imágenes provienen del mismo trasfondo mítico y se expresan mediante esa magnificación metafórica, que algunos llaman telurismo, que establece constantes transfusiones entre todos los órdenes de una naturaleza fascinante y avasalladora».[4] (100).

El cuarto cuaderno compuesto por El dorado y Las ocupaciones nocturnas, según Vladimiro Rivas «es el imaginativo mundo poético del deseo, el amor, el trabajo y la soledad y la muerte, que anuncian un mundo poético cada vez más marcado por la ironía... es el libro más maduro, más sabio, más humano de Adoum. Desde ahí solo se puede descender o desarrollar en variaciones»[5]. Así, una leyenda popular como la de la «Dama tapada» se convierte en una variación sobre el amor, la muerte y la soledad: «No vinieron entonces, / hoy tampoco, su pie a mi escalón, a mi día / su olvido, ni puedo preguntar por su sombrero. / ¿Será siempre la cita de modo como fortuito, / en un taxi en que aguardara por otra pasajera, / o por este ideal desprevenido?» (206).

Adoum, por Manuel, Bohemia, 1989
Definitivamente, Curriculum mortis (1968) incluido en Informe personal sobre la situación (1973), inauguró un nuevo lenguaje, mediante una ruptura violenta de la sintaxis. El tono coloquial, anti-lírico, desmitificador, experimental —más tarde, en Prepoemas en postespañol (1979)genera nuevas formas de hablar acerca de la soledad, tanto de la propia, íntima, como de la existencial del ser humano. El tono nerudiano ha sido abandonado; lo telúrico da paso a una visión crítica y desencantada de paisito que se ama, que se sufre; así, en «Ecuador», la voz poética asume la angustia de una patria que expulsa a los suyos y que es entendida como geografía de postal: «Es un país irreal limitado por sí mismo / partido por una línea imaginaria / y no obstante cavada en el cemento al pie de la pirámide. / Si no, cómo podría la extranjera retratarse / perniabierta sobre mi patria como sobre un espejo, / la línea justo bajo el sexo / y al reverso: “Greetings from la mitad del mundo”». (38) El lenguaje, ese enemigo al que hay que confrontar y vencer, según el propio Adoum, es radicalmente vencido en su conocido: «En el principio era el verbo», que transcribo íntegro:

 

te número te teléfono aburrido
te direcciono (callo, caso y escalero)
te habitacionada ya te lámparo te suelo
te vaso te enfósforo te libro
te disco te destoco te desvisto desoído
te camo te almohado enciendo descobijo
te pelo te cadero me cinturas
nos trasvasamos labio a labio
me embotello en tu adentro
nos rehacemos te desformo me conformo
miltuplicada tú yo mildividido (17)

 

En «Tras la pólvora, Manuela» —incluido en El amor desenterrado y otros poemas  (1993)[6]—, poema de largo aliento, el coloquialismo fluye con libertad absoluta y, al mismo tiempo, el buceo en lo profundo del espíritu de dos figuras emblemáticas de la patriecita, Manuela Sáenz y Simón Bolívar, desacralizando y erotizando sus amores, humanizando su tragedia, hurgando en el abismo de sus soledades y pérdidas: «Tal vez triunfamos tanto de los demás que nos faltaba / el insípido heroísmo de vencernos: somos, creo, / los últimos enemigos que quedamos, pues no fuimos / ni el uno junto al otro victoriosos, / ni el uno sobre el otro exterminados».[7]

«El amor desenterrado» —a partir del enterramiento y museo de sitio, en Santa Elena, conocido como «Los amantes de Sumpa»— es una meditación de muy largo aliento sobre el amor y la eternidad, la vivencia del mito en el tiempo, y el vacío de la existencia cotidiana en la contemporaneidad. Es un poema de hermosas resonancias filosóficas atravesadas por el tono conversacional, muy propio de Adoum, que se adentra en lo profundo de la existencia humana, que se pregunta sobre la condición milenaria del amor y su manera de enfrentar a la muerte, sobre el amor de la pareja y la mirada de la comunidad:

 

Cuál de los dos murió primero

callando ante la verdad de los cuerpos que dialogan

en esa antigua tragedia anterior a la tragedia antigua,

porque cómo se hace —avisen, había que decírselo a todos—

para morir juntos sin desclavarse,

interminable hazaña nupcial no repetida

porque desde entonces ya no supimos cómo

 

(En Claudicación…, 80)

 

El experimentalismo como expresión lingüística de la violencia social junto con una mirada crítica a la izquierda del país, una reflexión constante sobre el papel del intelectual y una escritura atravesada por una irreverencia libérrima, así como una visión compleja sobre el mundo, las ideologías y la precariedad del ser humano, le permiten a Adoum hurgar en la desgarradura espiritual de ser humano contemporáneo. La pugna entre los conflictos de la propia individualidad que la persona debe confrontar y las exigencias de la sociedad sobre los problemas colectivos que la persona debe atender marcan las líneas básicas de su novela (texto con personajes, como él la denomina) Entre Marx y una mujer desnuda (1976)[8], Premio Xavier Villaurrutia (México).

La novela (poema con personajes, la llama Abdón Ubidia) es también un homenaje a Joaquín Gallegos Lara transfigurado en el personaje de Galo Gálvez. En el prólogo (páginas 233-237 del libro), Adoum dice: «Lo conocí cuando estaba descuartizando entre su disciplina de militante y su vocación por la verdad» (233). A través del personaje d Gálvez, Adoum desarrolla con lucidez una de las líneas más complejas de su novela que es la relación entre el escritor, la literatura y la militancia política. Una tríada que en el propio Adoum ha estado siempre en conflicto. Asimismo, Adoum trabaja con solvencia el conflicto amor, literatura y política tanto en la novela Ciudad sin ángel (1995) como en su libro de relatos Los amores fugaces (1997), que propuso como unas memorias imaginarias, una suerte de auto-ficción en un tiempo cuando el término no estaba popularizado como ahora.

Finalmente, la poética y la política de Adoum, Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo 1989, se expresa en los tres primeros versos de «Anónimo del siglo XX»: «Ustedes presabían (como todo) camaradas / que iba a ser un espécimen de intelectual podrido / porque escribo en lugar de componer-el-mundo-entre dos tintos»[9]. (22) Hoy, al conmemorar los cien años del natalicio de Jorgenrique Adoum, su obra continúa ofreciéndonos una reflexión tan actual, incisiva y luminosa sobre el ser humano y el mundo demencialmente injusto que habita, así como sobre el amor, la literatura y la ética, asuntos que integran el magisterio estético de Adoum.

 

 

La del estribo

 

Oswaldo Guayasamín, «Jorge Enrique Adoum», 1976, óleo sobre tela, 105 x 70 cm, taller del artista. (Foto: Jorge Medina, 2019).

(Pre)texto para Jorgenrique

 

te palabro te memorio te presente
texto con personaje; los (pre)textos:
tus prepoemas, tu poslenguaje.
mi ecuador amargo, tu yaravioso
corazón exiliado de la patria:
ladrimugidolúgubre tanto,

mi talismán de barro.

escritura indignada de mundo
dolorror de la encuadernada tierra

entonces hubo que sufrir, hubo
que morir para vivir en paz.

bendita bichito desnuda de marx,
de lo efímero e intenso: cómo

iríamos a comprobar que álguienes se amaron.

estremecimiento de la inteligencia,

jorgenrique, feliz tristeza avodkada,
escribo en lugar de componer-el-mundo entre dos tintos
adoum del curriculum mortis, polvo

del verso en una vasija, bajo el árbol

incesante de la vida —poetamente.

 

 

De Poéticas de Guayasamín 

(Quito / Guayaquil: Fondo de Cultura Económica / UArtes Ediciones, 2022), 80-81

(versión definitiva).

 


[1] Jorge Enrique Adoum, «En defensa del amor», entrevistado por Nora Sosa, Bohemia, año 81, No. 11, 17 de marzo de 1989: 6-7. La caricatura en esta entrada es de Manuel e ilustró la entrevista.

[2] Jorge Enrique Adoum, «Lamento y madrigal sobre Palmira», No son todos los que están. Poemas, 1949-1979 (Barcelona: Editorial Seix Barral, 1979), 237. Mientras no se señale lo contrario, las citas de los poemas pertenecen a esta edición.

[3] Hernán Rodríguez Castelo, «Jorge Enrique Adoum», Lírica ecuatoriana contemporánea, Tomo 1 (Bogotá: Círculo de Lectores, 1979), 116.

[4] Saúl Yurkievich, «Premio Casa de las Américas: diez años de poesía», Caravelle. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, Année 1971, No. 16, 99-121.

[5] Vladimiro Rivas, «Estudio introductorio» de Jorge Enrique Adoum, El tiempo y las palabras (Quito: Libresa, Colección Antares No. 76, 1992), 22.

[6] Jorge Enrique Adoum, El amor desenterrado y otros poemas (Quito: Editorial El Conejo, 1993).

[7] Jorge Enrique Adoum, «Tras la pólvora, Manuela», Claudicación intermitente. Antología, prólogo de Jaime Labastida (México: Alforja Arte y Literatura / Universidad Autónoma de Nuevo León, 2008), 75.

[8] Jorge Enrique Adoum, Entre Marx y una mujer desnuda (México: Siglo XXI Editores, 1976).

[9] Ver la entrada en este blog del 8 de julio de 2019, cuando se cumplieron diez años de su fallecimiento: «Jorge Enrique Adoum, lenguaje y memoria de la patriecita de las letras».

 

lunes, abril 06, 2026

A propósito del impasse sobre la feria del libro de Quito: un nuevo y viejo debate

FIL Quito 2025: 54.700 asistentes en cinco días; 105 editoriales y librerías que superaron los 300.000 USD$ en ventas. Datos oficiales de Quito informa. (Fotografía: página oficial de Quito Informa)

¿Quién debe organizar una feria del libro? ¿El gobierno central, el gobierno local, la empresa privada o la Casa de la Cultura? ¿Se debe replicar el modelo de la feria de Guayaquil, de Bogotá o de Medellín? En la entrada de este blog «
Tareas para la promoción del libro y la lectura más allá de las ferias», del 14 de febrero de 2020, desarrollé la idea de que dichas tareas deben ir más allá de la organización de una feria del libro y que el objetivo de la creación de un público lector «se logrará a través del fortalecimiento de la red de bibliotecas, del apoyo y fomento al sector editorial, y de la actualización de docentes de Lengua y Literatura». A propósito del reciente impasse por la organización de la Feria Internacional del Libro de Quito, habría que pensar un modelo de feria del libro basado en experiencias exitosas, que agrupe instituciones públicas y privadas, y que se expanda a todas las capitales provinciales del país.

            En términos prácticos, la organización de una feria del libro debería ser una sumatoria de esfuerzos institucionales. En Guayaquil, el modelo, que funciona desde 2015, combina muy bien la gestión privada y el financiamiento del municipio de la ciudad y su programa lo diseña un comité de contenidos.[1] En Bogotá, que funciona desde 1988, la feria es coordinada por la Cámara Colombiana del Libro en alianza con Corferias; tiene el apoyo financiero del Ministerio de Culturas y la Alcaldía de Bogotá, y tiene un directorio que trabaja contenidos con un equipo de curadores.[2] En ambos casos, las editoriales organizan la presentación de sus publicaciones recientes y hay espacios para las pequeñas editoriales independientes. Otro modelo es el de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, organizada por la alcaldía de la ciudad desde 2007 como parte de su política pública que articula el plan lector y el trabajo de las bibliotecas.[3]

            Los problemas de gestión para los GAD en lo relativo a la realización de eventos culturales, derivados de las últimas reformas del COOTAD, constituyen un escenario que requiere el concurso de varias instituciones para la organización de un circuito de ferias del libro en el país. En este nuevo escenario, la presencia de la Cámara Ecuatoriana del Libro y la Asociación de Editores Independientes del Ecuador como coordinadores de las ferias es indispensable. La mayor parte del financiamiento —como parte de una política pública, articulada a la red de bibliotecas y a la formación de docentes de Lengua y Literatura— debería estar a cargo del gobierno central y de cada gobierno local. Asimismo, hay que considerar que la Casa de la Cultura Benjamín Carrión es una institución que tiene presencia en todo el país por lo que sería un aliado fundamental.

Tal vez es soñar demasiado, pero las alianzas institucionales son indispensables para el desarrollo de una feria del libro, que debería ser entendida como un evento en el marco de una política pública sobre el libro y la lectura; asimismo, estas alianzas permitirán la continuidad de las ferias en el largo plazo al margen de los avatares políticos de la coyuntura. 

 

 

Sonia Manzano en inglés

 

La presentación está a cargo de Marcelo Báez Meza.
             Last Return to Eden and Other Poems (2026) es un libro bilingüe publicado por Dialogos Books, de New Orleans, que recoge una selección de poemas de Sonia Manzano publicados en Último y no definitivo regreso a Edén (2005) y El vino de mi sombra (2024) y traducidos por Alexis Levitin. La selección recoge varios textos de Sonia que son imprescindibles: aquel poema de largo aliento y sostenido verso que le da nombre al libro de 2005, cargado de imágenes surrealistas y de tono desenfadado que escarban en lo profundo de yo y la escritura: «Soy una poeta en extinción / y sin embargo me persiguen / para arrancarme los colmillos» (22). O «Hembrus erectus», que es un manifiesto vital y poético en el que la voz poética declara: «Soy un animal de combustión lenta» (52). De El vino de mi sombra tenemos «Tiempo, me has vencido», poema que no solo dialoga con César Dávila Andrade, sino que, de manera antenta al mundo de hoy, da cuenta de aquellos ocho minutos de agonía de George Floyd, y la angustia del poeta en el momento de la escritura (84-97). Asimismo, encontramos esa bellísima postal de juventud que es «Lágrimas de mango» a partir de la evocación de una fruta que se convierte en una poderosa imagen de la nostalgia familiar: «¡para que vuelva otra vez hasta mis ojos / el recuerdo más dulce de mi vida / hecho lágrima purísima de mango!» (102). Por supuesto, también está el vitalísimo y jazzeado poema que da nombre al libro y «Escribo», esa poética de imágenes asombrosas: «Escribo / guardando el equilibrio / en una sola pierna / acostada en la tapa / de un gran piano de cola / mientras un gato lame / las teclas insonoras de mi cuerpo» (130-132). Según Peter Thompson, la traducción de Alexis Levitin «es correcta; nítida y clara como sus imágenes crudas y concretas, la esencia de su “violín fosilizado del deseo”. Al igual que el original, esta traducción devela un lento triunfo de la voluntad: la letra “sigue sonando”».

 

La del estribo

 

¡La novia! (The Bride), 126 min, Estados Unidos, 2026. Dirección y guion: Maggie Gyllenhaal. Reparto: Jessie Buckley, Christian Bale, Penélope Cruz, Annette Bening, Peter Sarsgaard.


             Es una película arriesgada desde el momento en que retoma, por enésima vez en la historia del cine, al personaje de la criatura creada por el doctor Frankenstein, a su novia y a la propia autora del clásico literario, Mary Shelley. Jessy Buckley está muy bien en su doble papel: el de una Mary Shelley que medita sobre su escritura y se introduce en el cuerpo de Ida, y, en el de Ida, la amante de un gánster de Chicago, en los años treinta, que se rebela contra el poder patriarcal. Ida es asesinada y resucitada, al igual que la criatura, por la doctora Euphronius (Annete Bening). Luego se convierte en la novia de la criatura (Christian Bale). Penélope Cruz y Peter Sarsgaard interpretan con el alma del cine negro a una pareja de detectives que investigan los crímenes de este par de monstruos que semeja a Bonnie y Clyde, en clave gótica. Homenaje a las películas de horror gore, al thriller, al musical, ¡La novia! es también un alegato feminista sobre la creación artística: Mary Shelley, la doctora Euphronius y Maggie Gyllenhaal se toman, con audacia, toda la libertad creativa que necesitan en este filme que sorprende en cada momento.

  


[1] La X Feria Internacional del Libro de Guayaquil 2025 recibió 28.000 visitantes en cinco días, en 6.000 metros cuadrados de exposición.

[2] La Feria Internacional del Libro de Bogotá 2025 recibió 570.830 visitantes en diecisiete días, contó con 500 invitados provenientes de treinta países. Tuvo 23 pabellones comerciales en 60.000 metros cuadrados. La programación contó con 2.300 actividades a las que asistieron 256.856 personas, de entre el total de visitantes.

[3] La XIX Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín 2025 recibió más de 550.000 visitantes, en diez días, con 166 expositores y 3.600 actividades, en el Jardín Botánico de la ciudad.

 

lunes, marzo 02, 2026

El eros y el tiempo en la poesía de Efraín Jara Idrovo (1926-2018)


Efraín Jara Idrovo en su estudio, c. 1992. Foto: Gustavo Landívar. Ilustración de portada del tomo II de su obra reunida, Ensayos, discursos y correspondencia, publicada por el GAD de Cuenca y UCuenca Press.

En 2018, cuando se cumplieron cuarenta años de sollozo por pedro jara publiqué una entrada en este blog sobre dicho poema; un texto que siempre nos conmoverá por la hondura de su expresión poética y porque da cuenta de nuestra propia finitud. El comentario fue a propósito de la bella edición bilingüe del poema, traducido al inglés por la académica Cecilia Mafla-Bustamante, publicada por el GAD de Cuenca. El año pasado, comenté la aparición de la obra reunida de Efraín Jara Idrovo (1926-2018) en tres tomos, un homenaje transcendental a un poeta esencial, publicada también por el GAD de Cuenca y UCuenca Press, editorial de la Universidad de Cuenca y que está disponible en línea. Este año, el 26 de febrero pasado, se conmemoró el centenario del natalicio de Efraín Jara Idrovo, lo que me ha motivado a revisar su poesía erótica concentrada, sobre todo, en
 «Añoranza y acto de amor» (fechado en 1971 y publicado en 2 poemas, en 1973, junto con «Balada de la hija y las profundas evidencias») y Los rostros de Eros (1997).

El Eros está presente a lo largo de la obra de Jara Idrovo con una mirada sexualizada y gozosa, desde la que el deseo exacerbado se expresa con lascivia y el cuerpo es un espacio para la materialización de aquel deseo, acompañado siempre por la invocación de su belleza. Simultáneamente, el Eros se consume en el instante, el gozo es fugaz, y la pasión no resiste su confrontación con el tiempo, de cara a la muerte.

           «Añoranza y acto de amor» es un poema erótico en el que la sexualidad está verbalizada de forma explícita, es un canto desinhibido de sexo desnudo. En él, el amor es entendido como el gozo de los cuerpos. El anhelo por la mujer amada se revela en el recuerdo de su desnudez: «amasada con relámpago y piedras preciosas tu desnudez / desnudez de espejo suspendido en el vacío / veta de pórfido alucinada por la luna» (228)[1]. Anhelo que se manifiesta como un canto al sexo de la amada:

 

tu sexo de cráter de volcán

de fondo sin fondo del vértigo

sexoacceso

sexobseso

sexoexceso

grieta de la eternidad o cicatriz del rayo

tu sexo fascinante y voraz como las anémonas marinas

tu sexo que huele a madriguera de leopardo (230)

 

Ese canto a la sexualidad explícita ya estuvo presente en el tono bíblico de «Elegía por el sexo de Thamar» (1946), que canta a la pérdida de la virginidad y el triunfo deseo palpitante de la joven Thamar, viuda de los hermanos Er y Onán, que seduce a Judá, su suegro, disfrazada de ramera (ver Génesis 38): «En vano tu heliotropo / tu joven sexo oloroso a panal, / fricción de astro y vinagre enardecido / estaba vigilado por un ángel» (129-130).

Las características arriba enunciadas también están en los sonetos de Los rostros de Eros, en donde el tratamiento de la belleza de la mujer amada y la lascivia son dos motivos recurrentes del poemario. En la primera parte, «Preciosa, el tiempo y el amor» —de título que evoca a García Lora—, la belleza es un atributo que deslumbra, pero es efímero y perdura cuando ya no está: «Nunca en sí se sustenta la belleza. / Lo mismo que la muerte, su existencia / la columbramos en la inexistencia: / se nos revela como una nostalgia» (376), y esa evocación de la pérdida conlleva a la contemplación de una abstracción, de una idea; en este sentido, la hermosura de la desnudez es un concepto en los ojos del amador: «Desnuda eres irreal, de tan perfecta, / ¡no veo el cuerpo, miro tu hermosura!» (377). La tercera parte, «Sonetos de una libertina» nos presenta la pasión desbordada, orgiástica: «Apenas unos brazos te ceñían / o una boca reptaba por tu cuello, / cercana a lo animal, languidecías / en un tenue reguero de gemidos. // ¡Gemidos de placer y de tortura!» (399). A lo largo del poemario hay desnudez, deseo, exaltación de la belleza del cuerpo: el Eros expuesto en la palabra.

            El poeta ha elegido la forma rígida del soneto para contener tanta exaltación, pero su mirada va más allá del placer y confronta al Eros con el tiempo y la muerte. En la segunda parte, «Tríptico», el soneto inicial concentra el pensamiento del poeta sobre la condición efímera del placer y de todo: «¡Nada presuma duración, si empieza! […] ¡El tiempo no transige! Flor inestable, / lazo en trenza del aire, mariposa, / y el hombre han de finar, porque comienzan» (393). El poeta, con pesadumbre, reconoce que el tiempo, que consume la belleza y la pasión, encarna su condición inevitable, y aunque declara hiperbólico: «Sólo sé que, sin ti, no habría mundo» (383), sabe que todo pasa en el transcurrir de la existencia: «Mas del amor ¿quién sabe los designios? / ¡Viento es su duración! Posa la planta, / y no hay huella de amor, sino de olvido…» (384).

Es muy placentero leer la poesía erótica de Efraín Jara Idrovo que nos asoma hacia la turbulencia del deseo exacerbado, la carnalidad y la desnudez, que recorre la evocación de la belleza desde la mirada del amante y se deleita en gozo orgiástico con el recorrido del cuerpo amado. Ese placer tiene su límite en la aceptación del tiempo, que todo lo consume. Al final, las cosas del mundo se acaban, menos la expresión poética, consuelo estético de quienes poetizan la vida: «¡Nada escapa a la muerte!: amor, belleza, / poder. Y, sin embargo, prevalece / lo más frágil del hombre: ¡la palabra!»  (394). El placer de la palabra escrita, el placer de su lectura.



[1] Todas las citas han sido tomadas de Efraín Jara Idrovo, El mundo de las evidencias. Obra poética, 1945-1998, edición de María Augusta Vintimilla (Quito: Libresa / Universidad Andina simón Bolívar, 1998). El estudio de María Augusta Vintimilla, miembro de número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, silla B, es una de las lecturas más profundas y acabadas de la obra de Efraín Jara Idrovo.