(Fragmento de la obra "Tardes de lluvia en el porche", de la artista María Rosa Muñoz)

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
(Dicho por Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco).

lunes, octubre 11, 2010

El Nobel para Varguitas

Gabriel García Márquez, Nobel 1982; y Mario Vargas Llosa, Nobel 2010, en los tiempos del Boom.


I

La web oficial del premio Nobelprize.org expone las razones para premiar a Vargas Llosa: “por su cartografía de las estructuras del poder y sus afiladas imágenes de la resistencia, rebelión y derrota del individuo”. Ahí están, entre muchas otras novelas, La ciudad y los perros (1962) para testimoniar la violencia intrínseca de la educación militar de aquellos tiempos en el colegio Leoncio Prado; Conversación en La Catedral (1969), novela monumental cuya historia se desarrolla en tiempo de la dictadura del general Manuel Odría (1948 – 1956), en Perú, es una profunda reflexión sobre los regímenes dictatoriales y las dificultades de asunción de la consciencia democrática; Pantaleón y las visitadoras (1973), revisión hilarante sobre la estructura mental de los militares, frente a una misión desquiciante llevada a cabo por el capitán Pantoja; Lituma en los Andes (1993), desentrañamiento del mundo cultural y la irracionalidad política que envuelve el activismo mesiánico de “Sendero luminoso” y ante los que se enfrenta un individuo cuyos esfuerzos a favor del bien y el orden están destinados al fracaso.

II

Por mi parte, recibí con alegría la noticia del Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 28 de marzo de 1936) porque su obra literaria es un ejemplo paradigmático de lo que es la vocación por la escritura y la vivencia intelectual en el mundo de la literatura. “Para el arte no hay horario”, decía Pedro Camacho, el escribidor de La tía Julia y el escribidor (1977), novela en donde MVLL se transforma en el personaje Varguitas. “Ese empeño me sirvió para comprobar que el género novelesco no ha nacido para contar verdades, que éstas, al pasar a la ficción, se vuelven siempre mentiras (es decir, unas verdades dudosas e inverificables)”, escribió en 1999 como prólogo para una edición de amplio tiraje de dicha novela. Consagrarse al arte, como pedían nuestros modernistas y, al mismo tiempo, saber que la literatura es “la verdad de las mentiras”. Pero esa verdad mentirosa lo es en su relación con la búsqueda mimética de la realidad. La realidad de la literatura es lo único verdadero en el texto y esa verdad es la que nos estremece: los cadetes de La ciudad y los perros, su mundo violento, su machismo y la sorda lucha de clases que se instala entre ellos, son verdaderos porque la palabra literaria los volvió reales. El dictador Trujillo de La fiesta del Chivo (2000), muy a pesar de su existencia real, es el dictador que imagina y construye el escritor: estamos ante Trujillo, según Vargas Llosa, pero, al mismo, estamos ante el horror cierto de una dictadura sanguinaria en la realidad de la palabra. Incluso, ese perverso polimorfo que es el Fonchito de Elogio de la madrastra (1988), nos permite acceder a los vericuetos de la sexualidad reprimida por la hipocresía social.

III

“¿Cómo te alegras del Nobel para Vargas Llosa, que es un intelectual de derecha?”, me cuestionaron amigos queridos. Pues, por la misma razón que me alegró el Nobel para un comunista como José Saramago, o para un izquierdista tropical como García Márquez. Me alegré, sencillamente, porque es el reconocimiento a la estética de la obra de unos escritores que han dedicado su vida a la escritura de literatura y que, en sus textos literarios, nos han conmovido ética y estéticamente. Varguitas, el prolífico escritor, se ha ganado el Nobel a fuerza de la escritura de sus mentiras verdaderas.

3 comentarios:

Juan Sebastián Utreras-Carrera dijo...

¿No será más bien, que en lugar de mentiras verdaderas, se trate de verdades insoportables de aceptar (para algunos)?

Por fortuna Vargas Llosa está en el lado de los ganadores.

Juan Sebastián Utreras-Carrera dijo...

Si le interesa la opinión de otros, le comparto un par de sitios interesantes.

http://elregresodelpezquefuma.blogspot.com/2010/05/el-nuevo-telegrafo-cronica-de-otra.html

http://quantaperdida.blogsome.com/2010/10/09/mis-pequenas-neurosis-con-respecto-a-la-aclaracion-de-palabras-del-30s-12/

Trate de ignorar la forma y enfóquese en el fondo. Veamos cuanta honestidad intelectual tiene Usted para hacer frente a estas posturas. Borrar comentarios solo va en denuesto de quien los elimina.

mizZ dijo...

hola, he conocido su blog a través de un buen amigo, Luis Toledo Sande. Estoy de acuerdo con lo que dice en esta entrada. Vargas Llosa tiene merecido el premio al talento desde hace mucho, pero ¿no le parece sospechoso que se lo den ahora que anda más ensañado con la izquierda? O cabría preguntarse, ¿el escritor se ha puesto a desmadrar de lo justo, en abierto contubernio con el neoliberalismo, en busca del Nobel? Ese premio es muy muy sospechoso. ¿Por qué no se lo dieron a Carpentier? ¿Por qué le dan el Nobel a Obama? ¿Por qué a un sionista rabioso, antes? Qué pasa con ese Nobel. Pareciera que le reconocen a "varguitas" su rabia y no sus méritos como escritor.