José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

lunes, abril 27, 2026

Trump y el uso político y militar de la religión

             La oración en un acto religioso en el Pentágono, el pasado 16 de abril, calcada de la parodia al versículo de Ezequiel 25:17 que escribió Tarantino para Pulp Fiction, sería un chiste si se tratara del ministro de unos de esos países de mierda, de los que habla Trump. Pero el orador era el secretario de Guerra, Pete Hegseth, del gobierno de los EE. UU.; un gobierno que tiene poder militar nuclear y cuyo presidente amenazó con exterminar en una noche a una civilización de más de 2.500 años. Pete Hegseth recitó el parlamento que el criminal Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) recita antes de dispararle a otro delincuente. El incidente no es menor porque eso demuestra que no les importa lo que dice la Biblia ni la interpretación teológica, sino el uso político y militar de la religión para justificar la guerra imperial que por sí y ante sí mismos declaran. Utilizar la parodia de la Biblia de un personaje criminal de Pulp Fiction para justificar las guerras de agresión en nombre de Dios no solo es un chiste malo sino también la puesta en evidencia del pensamiento criminal del neofascismo.

            Este incidente que mostró la ignorancia teológica del Pentágono estuvo precedido de un virulento ataque de Trump al papa León XIV en su red Truth Social. El papa León XIV criticó, en término evangélicos, la guerra de agresión contra Irán y más aún la amenaza de borrar del mapa a una civilización milenaria. Trump se destapó contra el papa y León XIV respondió: «No le tengo miedo a la Administración Trump, ni a proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí, para lo que la Iglesia está aquí». Inmediatamente, J. D. Vance, el vicepresidente norteamericano, que se convirtió al catolicismo hace seis años, amonestó al pontífice, advirtiéndole que tenía que ser «más cuidadoso al hablar de teología» y le recordó la doctrina católica de la guerra justa. La ironía sobre la torpeza de Vance fluye espontánea, pues la doctrina de la guerra justa fue formulada por San Agustín y el papa, sacerdote de la orden agustina, obtuvo su doctorado magna cum laude en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, en Roma. Es decir que, si alguien tiene credenciales académicas y religiosas para hablar de la guerra justa es, por sobre todas las opiniones legas, el papa León XIV.

San Agustín plantea que la guerra es una tragedia producto del pecado de los hombres y puede ser lícita si, principalmente, busca la paz, si es declarada por una autoridad investida legalmente para ello, y si respeta la vida de los enemigos, entre otras consideraciones. San Agustín escribe en La ciudad de Dios: «Si de los gobiernos quitamos la justicia, pregunta, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala?». Al recordar que los reyes asirios desataron las primeras guerras imperialistas, san Agustín señala: «De todas maneras, al declarar la guerra a los pueblos limítrofes, el pasar luego de ahí a nuevas conquistas; el devastar y someter pueblos pacíficos por la sola pasión de dominio, ¿qué otro nombre se merece sino el de una gigantesca banda de ladrones?».

Claro que el debate, en estos tiempos de posverdad, seguramente se estiraría hasta la justificación del genocidio y la retórica guerrerista pretende justificarse con el intento de poner en entredicho la autoridad del papa en asuntos teológicos. La estrategia de Trump, Vance y Hegseth es desgastar la figura moral del papa León XIV e intoxicar las redes con mensajes que reducen las enseñanzas pastorales a opiniones de un “débil”, “cobarde e ignorante en política internacional”. Así, Trump y Cía. se apoderarían también del discurso teológico católico, como ya lo hacen todos los días en el campo evangélico y protestante de los EE. UU. con los pastores trumpistas liderados por la asesora espiritual de la Casa Blanca, la pastora tele-evangelista Paula White-Cain, más fanática que los Ayatolas iraníes.

 

“Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: «Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!» (Is 1,15).” (Homilía del papa León XIV durante el Domingo de Ramos de 2026)

               El meme diseñado por inteligencia artificial en el que se muestra a Trump como Jesús atendiendo a un enfermo, y que el propio Trump subió a su red social, es un signo de que, con cada red flag, Trump arrastra a sus seguidores a que se revuelquen en el fango de sus delirios. Cobarde como todo bully, frente a la censura mundial, Trump se justificó diciendo que se veía a sí mismo como un médico, aunque terminó borrándolo de su red social. Al igual que Enrique VIII fundó la iglesia anglicana, no sería nada raro que Trump pretenda, en medio de una baja de popularidad o para justificar otra guerra imperial, fundar la iglesia católica norteamericana, cuyo papa sería nombrado por el presidente de los EE. UU. La religión así utilizada por el poder, para legitimar su propia violencia y rapacidad, es el verdadero opio del pueblo. 

 

La del estribo

 

            El 20 de abril de este año, un sargento de policía asesinó a su esposa, la abogada Solange Arellano, en la mitad del tramo del Puente de la Unidad Nacional que enlaza La Puntilla con Durán. Luego de cometer el feminicidio, se suicidó. Por enésima vez: no existe el “crimen pasional”. Hablar de “crimen pasional” es un eufemismo que encubre la violencia estructural de una sociedad patriarcal. Lo que sí existe es el feminicidio: es decir, el crimen que, por machismo, comete un hombre contra una mujer, generalmente, su pareja. Cuando frente a un feminicio, la prensa utiliza un titular como el de Super, está evidenciando esa misoginia normaliza que desprecia a la mujer víctima y la re-victimiza: ¿qué evoca en los lectores el mensaje de que una mujer asesinada por su marido haya sido «cazada en el puente»? ¿De verdad considera un diario, que se llama a sí mismo «diario familiar», que este titular protege a la familia? Definitivamente, en este titular la víctima ha sido deshumanizada.

 

 

lunes, abril 20, 2026

«La Grazia»: Paolo Sorrentino nos ofrece una elegante meditación ética, política y jurídica


Toni Servillo ganó la Copa Volpi al Mejor Actor en el 82 Festival de Venecia 2025.

La Grazia: La belleza de la duda
(La Grazia, Italia, 2025), 133 min. Dirección y guion: Paolo Sorrentino. Fotografía: Daria D’Antonio. Reparto: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Milvia Marigliano, Massimo Venturiello, Orlando Cinque.

            Mariano de Santis, interpretado con exquisitez por Toni Servillo, es un presidente de Italia a punto de terminar su mandato. Además, es un hombre viejo, próximo a jubilarse de la escena política. De Santis es también un jurista y la sobriedad con la que encarna su cargo resulta de por sí un poderoso contraste, cultural y políticamente simbólico, con la sociopatía y el histrionismo de algunos presidentes del tipo Trump o Milei. De Santis es un político conservador, católico, honesto, algo atormentado por antiguos celos y la nostalgia amorosa, que debe decidir si sancionar o negar la legalización de la eutanasia y otorgar o no sendos indultos a una mujer que asesinó a su marido abusador y a un hombre que mató a su esposa con Alzheimer. La cuestión ética, moral y política se debate en la mirada, en los gestos y el andar de Toni Servillo, porque los diálogos, un tanto parcos en su argumentación, están lejos de la brillantez de la cinematografía, aunque la idea de que la gracia es la belleza de la duda resuena muy poderosa y tiene un aire sublime. La hermosura contemplativa de la fotografía (a cargo de Daria D’Antonio, que trabajó con Sorrentino en Parthenope, 2024 y La mano de Dios, 2021) contribuye al tono intimista y profundo que el director logra con su personaje. La soledad del poder está representada con hondura en esos planos con De Santis en la casa de gobierno, en los diálogos con su hija Dorotea (Anna Ferzetti), que es también su consejera, en la intimidad del despacho o una cena, y con su edecán (Orlando Cinque), que es una suerte de confidente, en la terraza de la casa mientras contempla una Roma, que no es la de los turistas, con los ojos de introspección. La idea de la duda, como una estancia moral, me recuerda la frase de Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco: «El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda». En el filme de Sorrentino, Toni Servillo encarna la duda como la estancia en un intenso estado de gracia. «Quién es dueño de nuestros días», se pregunta Dorotea, que está a favor de la eutanasia, y la pregunta queda en la consciencia del público con sus resonancias políticas, jurídicas y éticas. La grazia: la belleza de la duda, de Paolo Sorrentino, es una película para meditar y disfrutar mientras celebramos el milagro de la lentitud elegante y la calma misteriosa en estos tiempos de la indigesta comida rápida y los estúpidos ultimátums nucleares. 

 

La del estribo

 

No. Don Quijote nunca dice esta frase ni nada parecido. Quienes la divulgan en sus estados de WhatsApp o en las redes sociales para echarse encima una pátina literaria solo demuestran que nunca han leído el Quijote y que lo mencionan solo como postureo. Lo que sí le dice don Quijote a Sancho, al aconsejarle sencillez antes de que asumiera el gobierno de la ínsula Barataria, es: «Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, porque viendo que no te corres, ninguno podrá correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio» (II, 42). Y, más adelante, lo aconseja así: «Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera afectada que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala» (II, 43).

lunes, abril 13, 2026

Celebremos el Día del Magisterio ecuatoriano a pesar de las dificultades de la profesión

(Fotografía: sitio web de Unesco)

Ser maestra siempre ha sido difícil. Ser maestro siempre ha sido una vocación de las dificultades. Por lo general, a pesar de las declaraciones de los organismos internacionales y ciertos esfuerzos gubernamentales, el reconocimiento económico del magisterio está por debajo de las responsabilidades de la profesión. Hoy, la valoración social del magisterio es baja y la precariedad laboral ha aumentado. Un informe de la UNESCO señala que para cumplir las metas de universalización de educación básica y bachillerato para el 2030, «en América Latina y el Caribe, se necesitan al menos un millón de docentes calificados en educación primaria y 2,2 millones en secundaria»[1] y en el mundo 44 millones de docentes adicionales. La profesión docente en el mundo enfrenta enormes desafíos que tienen relación con las condiciones laborales y las nuevas condiciones sociales de la enseñanza.

            En agosto 28 y 29 del año pasado se desarrolló en Santiago de Chile la primera Cumbre Mundial sobre Docentes, organizada por la UNESCO y el gobierno chileno. En dicha reunión se adoptó el Consenso de Santiago, que, entre otros acuerdos para «reinventar y apoyar la profesión docente», enfatiza los siguientes compromisos:

 

  Elaborar políticas inclusivas y condiciones de empleo justas que respalden al personal docente a lo largo de su trayectoria profesional —incluidas la contratación, la mentoría, la asignación, el desarrollo profesional, las condiciones de trabajo y las trayectorias de carrera—;

  Mejorar el diálogo social y la participación del profesorado en la toma de decisiones y la formulación de políticas;

  Movilizar recursos nacionales e internacionales, incluidos mecanismos innovadores de financiación como los canjes de deuda por educación;

  Priorizar la igualdad de género, la inclusión y la diversidad del personal docente para elevar el estatus social de la profesión.

  La Cumbre también brindó la oportunidad de subrayar la necesidad de apoyar al personal docente en el uso de las tecnologías digitales en la educación, que están transformando inevitablemente la profesión. En los dos últimos años, la UNESCO ha publicado dos guías para ayudar al profesorado a desarrollar sus competencias en este ámbito.[2]

           

(Fotografía: sitio web de Unesco)
             

            En nuestro país, la docencia, debido a la violencia delictiva que azota sobre todo a los sectores más vulnerables, se ha vuelto una profesión de riesgo, por decir lo menos. En la entrada del 1 de septiembre de 2025, al abordar las dificultades estructurales para prevenir la presencia de los GDO en las escuelas, señalé que «la escuela, en tanto institución, se ha vuelto un territorio en disputa y, si bien es importante la presencia policial y/o militar, no es menos cierto que para prevenir la injerencia de los GDO es imprescindible un abordaje estructural de calidad desde el Estado». Por lo que, solo cuando exista una aproximación intersectorial y de largo plazo al problema en los territorios signados por la violencia podremos desterrar la presencia de los GDO en la escuela.

            Menos peligroso para la vida, pero muy grave para los procesos pedagógicos es la brecha tecnológica como resultado de una brecha social y el uso, cada vez más indiscriminado, de la IA generativa para la escritura de las tareas escolares. Esto último sucede, lamentablemente, con el beneplácito de quienes no entienden que los algoritmos LLM (Modelos de lenguaje de gran tamaño) ejercen una piratería sin control del saber humano. La IA no es una ayuda similar a la de la calculadora, es el reemplazo del usuario en las tareas del lenguaje, que es el sistema operativo del ser humano. Quienes son docentes hoy tienen que lidiar con una tecnología que parecería ubicar en la obsolescencia la escritura y la lectura como herramientas básicas del aprendizaje.

            Yo he tenido la fortuna de ejercer mi vocación docente en todos los niveles del sistema educativo, como profesor y en funciones administrativas, excepto como profesor de aula de la antigua primaria. Me hubiera encantado ser maestro de primer grado, ese año cuando la niña y el niño descubren la maravilla de la lectura, la magia de la escritura. En este 13 de abril, Día del Magisterio, en medio de mis disquisiciones sobre las dificultades de esta profesión que amo, recuerdo con cariño al maestro Alejo Andrade, mi profesor de primer grado, aquel que, con paciencia y calidez, nos dio, a unos niños inquietos, las herramientas de la lectoescritura para descubrir el prodigio del mundo y de la vida.

 

La del estribo

 

             El 13 abril fue instituido como Día del Maestro Ecuatoriano por el presidente Alfredo Baquerizo Moreno el 29 de mayo de 1920. La fecha de la celebración fue escogida como un homenaje a Juan Montalvo, que nació en aquel día de 1832. En la octava Catilinaria (1881), al disertar sobre la educación en Europa y Sur-América y las desigualdades sociales por falta de aquella, Juan Montalvo concluye en una parte del ensayo así: «Esto de que todo lo sepan unos y nada otros, es fuente de tantos males como eso de que todo lo poseen unos y nada otros: el hambre del espíritu, la desnudez de la inteligencia, son desdichas tan grandes por lo menos como el hambre y la desnudez del cuerpo. Que todos sepan leer y escribir y alabar a Dios, es tan necesario como el que todos tengan un plato de comida y un trapo con que cubrirse. Esta, esta igualdad es la que deseamos, y la que hará la felicidad de los hombres, algún día».

 

Foto: Juan Montalvo, c. 1875-1880. Fondo fotográfico Dr. Miguel Díaz Cueva, Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. 

 

lunes, abril 06, 2026

A propósito del impasse sobre la feria del libro de Quito: un nuevo y viejo debate

FIL Quito 2025: 54.700 asistentes en cinco días; 105 editoriales y librerías que superaron los 300.000 USD$ en ventas. Datos oficiales de Quito informa. (Fotografía: página oficial de Quito Informa)

¿Quién debe organizar una feria del libro? ¿El gobierno central, el gobierno local, la empresa privada o la Casa de la Cultura? ¿Se debe replicar el modelo de la feria de Guayaquil, de Bogotá o de Medellín? En la entrada de este blog «
Tareas para la promoción del libro y la lectura más allá de las ferias», del 14 de febrero de 2020, desarrollé la idea de que dichas tareas deben ir más allá de la organización de una feria del libro y que el objetivo de la creación de un público lector «se logrará a través del fortalecimiento de la red de bibliotecas, del apoyo y fomento al sector editorial, y de la actualización de docentes de Lengua y Literatura». A propósito del reciente impasse por la organización de la Feria Internacional del Libro de Quito, habría que pensar un modelo de feria del libro basado en experiencias exitosas, que agrupe instituciones públicas y privadas, y que se expanda a todas las capitales provinciales del país.

            En términos prácticos, la organización de una feria del libro debería ser una sumatoria de esfuerzos institucionales. En Guayaquil, el modelo, que funciona desde 2015, combina muy bien la gestión privada y el financiamiento del municipio de la ciudad y su programa lo diseña un comité de contenidos.[1] En Bogotá, que funciona desde 1988, la feria es coordinada por la Cámara Colombiana del Libro en alianza con Corferias; tiene el apoyo financiero del Ministerio de Culturas y la Alcaldía de Bogotá, y tiene un directorio que trabaja contenidos con un equipo de curadores.[2] En ambos casos, las editoriales organizan la presentación de sus publicaciones recientes y hay espacios para las pequeñas editoriales independientes. Otro modelo es el de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, organizada por la alcaldía de la ciudad desde 2007 como parte de su política pública que articula el plan lector y el trabajo de las bibliotecas.[3]

            Los problemas de gestión para los GAD en lo relativo a la realización de eventos culturales, derivados de las últimas reformas del COOTAD, constituyen un escenario que requiere el concurso de varias instituciones para la organización de un circuito de ferias del libro en el país. En este nuevo escenario, la presencia de la Cámara Ecuatoriana del Libro y la Asociación de Editores Independientes del Ecuador como coordinadores de las ferias es indispensable. La mayor parte del financiamiento —como parte de una política pública, articulada a la red de bibliotecas y a la formación de docentes de Lengua y Literatura— debería estar a cargo del gobierno central y de cada gobierno local. Asimismo, hay que considerar que la Casa de la Cultura Benjamín Carrión es una institución que tiene presencia en todo el país por lo que sería un aliado fundamental.

Tal vez es soñar demasiado, pero las alianzas institucionales son indispensables para el desarrollo de una feria del libro, que debería ser entendida como un evento en el marco de una política pública sobre el libro y la lectura; asimismo, estas alianzas permitirán la continuidad de las ferias en el largo plazo al margen de los avatares políticos de la coyuntura. 

 

 

Sonia Manzano en inglés

 

La presentación está a cargo de Marcelo Báez Meza.
             Last Return to Eden and Other Poems (2026) es un libro bilingüe publicado por Dialogos Books, de New Orleans, que recoge una selección de poemas de Sonia Manzano publicados en Último y no definitivo regreso a Edén (2005) y El vino de mi sombra (2024) y traducidos por Alexis Levitin. La selección recoge varios textos de Sonia que son imprescindibles: aquel poema de largo aliento y sostenido verso que le da nombre al libro de 2005, cargado de imágenes surrealistas y de tono desenfadado que escarban en lo profundo de yo y la escritura: «Soy una poeta en extinción / y sin embargo me persiguen / para arrancarme los colmillos» (22). O «Hembrus erectus», que es un manifiesto vital y poético en el que la voz poética declara: «Soy un animal de combustión lenta» (52). De El vino de mi sombra tenemos «Tiempo, me has vencido», poema que no solo dialoga con César Dávila Andrade, sino que, de manera antenta al mundo de hoy, da cuenta de aquellos ocho minutos de agonía de George Floyd, y la angustia del poeta en el momento de la escritura (84-97). Asimismo, encontramos esa bellísima postal de juventud que es «Lágrimas de mango» a partir de la evocación de una fruta que se convierte en una poderosa imagen de la nostalgia familiar: «¡para que vuelva otra vez hasta mis ojos / el recuerdo más dulce de mi vida / hecho lágrima purísima de mango!» (102). Por supuesto, también está el vitalísimo y jazzeado poema que da nombre al libro y «Escribo», esa poética de imágenes asombrosas: «Escribo / guardando el equilibrio / en una sola pierna / acostada en la tapa / de un gran piano de cola / mientras un gato lame / las teclas insonoras de mi cuerpo» (130-132). Según Peter Thompson, la traducción de Alexis Levitin «es correcta; nítida y clara como sus imágenes crudas y concretas, la esencia de su “violín fosilizado del deseo”. Al igual que el original, esta traducción devela un lento triunfo de la voluntad: la letra “sigue sonando”».

 

La del estribo

 

¡La novia! (The Bride), 126 min, Estados Unidos, 2026. Dirección y guion: Maggie Gyllenhaal. Reparto: Jessie Buckley, Christian Bale, Penélope Cruz, Annette Bening, Peter Sarsgaard.


             Es una película arriesgada desde el momento en que retoma, por enésima vez en la historia del cine, al personaje de la criatura creada por el doctor Frankenstein, a su novia y a la propia autora del clásico literario, Mary Shelley. Jessy Buckley está muy bien en su doble papel: el de una Mary Shelley que medita sobre su escritura y se introduce en el cuerpo de Ida, y, en el de Ida, la amante de un gánster de Chicago, en los años treinta, que se rebela contra el poder patriarcal. Ida es asesinada y resucitada, al igual que la criatura, por la doctora Euphronius (Annete Bening). Luego se convierte en la novia de la criatura (Christian Bale). Penélope Cruz y Peter Sarsgaard interpretan con el alma del cine negro a una pareja de detectives que investigan los crímenes de este par de monstruos que semeja a Bonnie y Clyde, en clave gótica. Homenaje a las películas de horror gore, al thriller, al musical, ¡La novia! es también un alegato feminista sobre la creación artística: Mary Shelley, la doctora Euphronius y Maggie Gyllenhaal se toman, con audacia, toda la libertad creativa que necesitan en este filme que sorprende en cada momento.

  


[1] La X Feria Internacional del Libro de Guayaquil 2025 recibió 28.000 visitantes en cinco días, en 6.000 metros cuadrados de exposición.

[2] La Feria Internacional del Libro de Bogotá 2025 recibió 570.830 visitantes en diecisiete días, contó con 500 invitados provenientes de treinta países. Tuvo 23 pabellones comerciales en 60.000 metros cuadrados. La programación contó con 2.300 actividades a las que asistieron 256.856 personas, de entre el total de visitantes.

[3] La XIX Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín 2025 recibió más de 550.000 visitantes, en diez días, con 166 expositores y 3.600 actividades, en el Jardín Botánico de la ciudad.

 

lunes, marzo 30, 2026

«Un poeta»: imagen melancólica del oficio con humor y patetismo


Un poeta
, 123 min, 2025. Director: Simón Mesa Soto. Guion: Simón Mesa Soto. Reparto: Ubeimar Ríos, Alisson Correa, Rebeca Andrade.

 

El año pasado vi Un poeta en Bogotá y, a pesar de cierto escepticismo, quedé impactado por una película que no pretende complacer a nadie ni justificarse. Y es que pretender ser poeta en una sociedad que ha hecho del emprendimiento exitoso casi un deber moral de la ciudadanía, es una vocación suicida. Y esa es la vocación de Óscar Restrepo (Ubeimar Ríos), el personaje protagónico de Un poeta (2025), la película del colombiano Simón Mesa Soto, ganadora de varios premios internacionales incluido Una cierta mirada, del Festival de Cannes. El poeta es, ¡horror de los horrores!, el improductivo y, por lo tanto, el que no tiene un lugar en la sociedad capitalista, la misma que divide a la gente en “ganadores” o “perdedores”, según el éxito económico. En esta sociedad, un poeta que asume la poesía como lo hace Óscar Restrepo es un “perdedor”: ha escrito dos libros, ganó un premio local, a veces lo invitan a algún recital al que asisten otros poetas, es alcohólico y no tiene empleo. Simón Mesa agudiza el conflicto en diálogos de humor inteligente que contraponen el ideal con el sentido común: «¿Qué le pasó a usted, Óscar? Como era de inteligente, todo un profesional, y mírese. ¿Hace cuánto no trabaja?», le pregunta su hermana y él le responde: «Yo soy poeta»; ella, entonces, replica: «Usted es un desempleado». Óscar tiene como referente a José Asunción Silva, poeta suicida, que, según él, no buscaba la fama como García Márquez sino la esencia de la poesía. La ironía, como un guiño de sentido, se evidencia cuando un personaje marginal anota que, en Colombia, Silva aparece en el billete de cinco mil pesos y García Márquez en el de cincuenta mil. El personaje del poeta está al borde de la caricatura, pero el guion y el actor lo dotan de enorme humanidad y son compasivos con sus derrotas; son piadosos con ese perdedor que sale airoso aún en los momentos del filme en los que camina al borde del abismo del histrionismo. A ello contribuyen la conflictiva relación con su hija Daniela (Alisson Correa) y el anhelo de que Yurlady (Rebeca Andrade), una alumna suya, se convierta en poeta. Con Daniela, la hija, la película desarrolla una línea compleja sobre la paternidad irresponsable y la búsqueda de amor; no la resuelve con final feliz y sin heridas, sino con la esperanza de una felicidad posible. Y Daniela no es la tabla de salvación del poeta; ella es una muchacha fuerte, con criterio y que corresponderá afectivamente a su padre en la medida en que él asuma su paternidad sin miedo y con responsabilidad. Con Yurlady, la alumna, hay una relación en la que Óscar parece proyectar su sueño fracasado en el futuro de Yurlady; se resuelve con una vuelta de tuerca cargada con la dignidad de la gente sencilla y honesta. Y Yurlady no quiere ser poeta; ella es una adolescente sensible que escribe, pero que sabe que tendrá que ganarse la vida. Ambos personajes femeninos están lejos de la romantización y confrontan al poeta vitalmente, lo que hace que el guion se aleje de la cursilería, cuando parecería que va a tomar el camino fácil de la complacencia. La ciudad es un personaje tratado con mesura. La película se desarrolla en Medellín y Mesa no se aprovecha de la ciudad para vendernos el cliché de la violencia o la postal turística: la muestra desde el vecindario y la vida de la gente común. Un poeta es una película que incomoda porque, con humor y cierto patetismo irredento, asume el fracaso social de la poesía, que ya no es ni una cualidad ni un adorno para ascender socialmente, sino un oficio de improductivos. Al mismo tiempo, Un poeta es el retrato sin concesiones del poeta que lo apuesta todo por su vocación a pesar de saberse un perdedor. El cierre del filme con la canción «Corazón de poeta», en la clásica interpretación de Jeannette, es algo catártico y sutilmente irónico a la vez.

  

«Hiedra»: una triste decepción

 

Hiedra, 95 min, 2025. Directora: Ana Cristina Barragán. Guion: Ana Cristina Barragán. Reparto: Simone Bucio Dovali, Francis Edú Llumiquinga.

 

Me decepcionó. Fui con mucha expectativa, pero a la media hora de película seguía viendo una serie de primeros planos y la historia estaba empantanada. Las deserciones de los espectadores empezaron a la hora. Los primeros planos seguían para darnos, supuestamente, una mirada íntima del drama de los personajes. Azucena, de 30 años, interpretada por una Simone Bucio de expresión plana, busca a un hijo suyo que tuvo a los trece años y, al parecer, lo encuentra en un orfelinato. Julio, de 17, caracterizado con emoción por Edú Llumiquinga, recibe la noticia, pero le cuesta asimilarla. La narrativa de la película siembra dudas sobre la veracidad de la relación madre-hijo entre Azucena y Julio, lo que añade algo de complejidad al conflicto. Se trata de dos seres con heridas vitales: ella, lastimada por la violencia y la pérdida; él, por el abandono y la orfandad. Pero ese drama no se resuelve con unos primeros planos que tratan de ocultar las limitaciones de los actores. Algunas ideas como la relación de Azucena con su abuelo y con su familia están esbozadas y se quedan sin resolución narrativa. Los poquísimos espectadores de la sala continuaron saliéndose. Creo que se perdieron lo más interesante de la película: esos planos, hacia el final del filme, de la laguna, el volcán, el páramo y la lluvia son estremecedores, pues concentran el drama de la relación edípica entre Azucena y Julio. La historia es interesante y su concepto está claro, pero la manera de contarla y desarrollarlo, en términos cinematográficos, resultó aburrida (al menos para mí, que vi la película hasta el final). El primer plano como estilo narrativo, que funcionó bien en Alba (2016), la bella y emotiva ópera prima de Barragán, en Hiedra se volvió un recurso repetitivo. Tal vez ese sea el motivo mayor de mi triste decepción.

 

 

La del estribo

 

La semana pasada salió la primera canción del disco que Joanne Vance prepara para este año. Se trata de «Hiedra», que, según Joanne, «es una canción con vida propia que, desde su origen, solo quiere crecer y envolver». Sintetizadores (Toño Cepeda) que crean una atmósfera que abraza, trepadora como la hiedra que se adhiere al alma; la sonoridad del corno francés (Andrey Astaiza) contribuye a la persistencia de la hiedra y le imprime fuerza a la melodía. La canción de Joanne Vance es poesía de concentrada sensibilidad que vuela en su voz cristalina: «Hiédrame a lo largo del alma. / Hiedra, incúbame. / Hiédrame, cúbreme con tu halo / Hiédrame por la piel». Pueden escucharla en I-Tunes, Spotify y otras plataformas. En noviembre de 2024, en el programa de los jueves de la Escuela de Artes Sonoras de la Universidad de las Artes, en Guayaquil, Joanne Vance presentó una bella versión de «Hiedra» a dos voces.

lunes, marzo 23, 2026

Inteligencia Artificial y las nuevas formas de plagio en la creación literaria

Imagen generada con Craiyon.


Clay Shirky, vicerrector de la Universidad de Nueva York, publicó en The New York Times, el 27 de agosto del año pasado, su artículo «
Hay una crisis de estudiantes haciendo trampa con la IA. Las universidades deben cambiar», en el que reconocía el fracaso de las estrategias de la persuasión ética y la de fomentar los usos de la IA que requieren participación para evitar el uso fraudulento y perezoso de las aplicaciones de IA en las tareas de investigación y escritura. Un estudio publicado por La Jornada, el pasado 19 de marzo, se resume en su título: «Los chatbots con IA crean nuevas formas de violencia contras las mujeres y las niñas», resultado lógico si se sabe que tales chatbots se alimentan de la pornografía distribuida en la red. En los concursos literarios, cada vez con más frecuencia, se especifica la prohibición de usar herramientas de IA en la escritura de los textos, aunque ya hay unos pocos que solo limitan su uso. Las aplicaciones de IA entrenadas con LLM (Large Language Model o Modelo de lenguaje a gran escala) son herramientas basadas en la piratería impune del lenguaje humano y su uso es un plagio sin precedentes de la experiencia humana de la escritura creativa.

            La IA generadora de textos se alimenta de una cantidad masiva e inconmensurable de textos que han sido digitalizados y están almacenados en la red. Su entrenamiento les permite captar las sutilezas del lenguaje humano y están en capacidad de predecir la sucesión sintagmática de la lengua y generar textos coherentes con una capacidad constante de mejorar. En este marco, el LLM se ha apropiado de la escritura humana sin reconocer autoría y menos derechos derivados de dicha autoría. Un estudio publicado por la Asociación Colegial de Escritoras y Escritores de España, ACE, publicado en enero del año pasado dio el siguiente resultado: «Según los datos, el 96,5 % de los encuestados cree que ningún modelo de IA debería entrenarse con obras literarias, científicas o de traducción sin el consentimiento explícito de los autores/as. Además, el 49,9 % rechaza de plano autorizar este tipo de usos, mientras que el 50,1 % estaría dispuesto a considerarlo, pero únicamente a cambio de una remuneración adecuada».

            Jorge Carrión, que ha experimentado con textos transmedia y ha reflexionado sobre la IA, la literatura y la generación de contenidos, decía en una entrevista para Letras Libres, en 2024:

 

Yo creo que la literatura no es que sea inalcanzable para las máquinas, pero sí que está todavía lejos, siempre y cuando pienses que la literatura es ese arte de la complejidad y de la dimensión simbólica y poética. Si crees que la literatura es lo que escribe Dan Brown las máquinas ya pueden escribir ese tipo de literatura […] Tengo autoridad para opinar y que puedo libremente negarme a escribir con IA, y estoy escribiendo ahora cien por cien de modo artesanal, casi a mano. Estoy atento para ver cómo evoluciona. Ahora mismo el tipo de literatura que yo escribo es inaccesible para la IA y eso me permite escribir con libertad y tranquilidad.

 

            El problema es que, así como en el pasado había plagiadores de letras de canciones o novelas poco conocidas, hoy existe gente que cree que la originalidad de sus indicaciones (prompts) es suficiente para que los poemas o relatos generados con IA sea de su autoría. Si yo puedo ordenar a una aplicación elemental de IA que escriba un poema en el estilo de sor Juana, el universo del plagio es infinito. El ejercicio lo hice durante el diplomado de Escritura académica que ofrecí en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, en 2023, y la indicación fue de lo más sencilla: «Soneto imitación de Sor Juana sobre el molcajete y el tejolote»:

 

En molcajete de piedra tallada,

donde el pasado encuentra su abrazo,

el tejolote danza con su paso,

labrando el tiempo en cada embestida.

 

Como el poeta cincela en su verso,

así el tejolote con arte fía,

triturando el maíz con maestría,

transformando en manjares dispersos.

 

Molcajete, crisol de la cocina,

donde tradiciones laten y huelen,

y en cada moler el alma anida.

 

Tejolote, mensajero de las huellas,

moliendo historias que el viento atesora,

la esencia ancestral en tu ronda sellas.

 

 

            Debo reconocer que el ChatGPT fue sincero conmigo y me dijo, antes de mostrarme el poema, de métrica casi perfecta: «Lamentablemente, no tengo acceso a la totalidad de los sonetos escritos por Sor Juana Inés de la Cruz ni puedo generar una imitación exacta de su estilo. Sin embargo, puedo intentar crear un soneto en el estilo barroco característico de Sor Juana que hable sobre el molcajete y el tejolote». El punto conflictivo reside en que es posible que un poemario completo sea escrito con IA, al ritmo de las indicaciones. Lo cual, en términos llanos y dado la piratería que subyace en las aplicaciones entrenadas con LLM, es una nueva forma de plagio.

            El problema se extiende a otros ámbitos de la industria del libro. Leía que, sendas obras de las escritoras Elizabeth Smither y Stephanie Johnson fueron eliminadas del Ockham New Zealand Book Award por incluir ilustraciones creadas con inteligencia artificial en sus portadas. «El comité organizador aplicó una regla introducida en agosto del 2025, la cual establece que ningún libro con contenido visual producido con IA puede participar en el premio. Según la entidad, esta política responde a la necesidad de proteger el trabajo humano en un entorno en el que las tecnologías de generación automática se expanden con rapidez». Hay mucha tela que cortar al respecto, pues la IA no es solo una aplicación más diseñada para “facilitar el trabajo humano de la escritura”, es una tecnología que, habiéndose apropiado del saber producido por la humanidad, puede reemplazar directamente el trabajo humano de escribir y, por consiguiente, el de pensar.