José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

domingo, agosto 05, 2018

Aengus bajo la tierra de Puembo


Aengus, 19 de octubre de 2009 - 2 de agosto de 2018

No hay barca que atraviese la laguna hacia lo eterno; ni hay cielo para los perros más que en nuestro humano consuelo. Existen tan solo el amanecer y la noche al final de las horas; ritual de cada día sin el tiempo del antes ni el porvenir ilusorio.

Aengus, diosecillo del amor y la poesía, pelaje de nocturnidad brillante; pecho de algodón acorazado; ojos de tristeza vivaz, eres ausencia que duele al contemplar aquel sillón tuyo, que hoy es vacío definitivo. Ya no más el galope de tus patas aladas ya no tu estampa de caballero en esmoquin ni las cabriolas de tu juguetón contento sobre la alfombra erizada de verde del jardín.

No mejoran los cuerpos con el tiempo como los vinos añejos; los cuerpos se agrian, su sangre es acíbar para el brindis de muerte.

Aengus, caminante de un bosque de asfalto, los años nos consumen la piel, las vísceras, los huesos; engullen nuestra carne de adioses; y tú eres abono amoroso en la tierra de Puembo. Este llanto que verso y duelo humedece mis palabras para que en ellas germinen los paseos por el parque, tus correrías sin brida, ¡esos ladridos y peleas callejeras! …Tu persistencia de dogo feliz sin calendario.



domingo, julio 22, 2018

Hoguera que huye, escritura que permanece


La hoguera huyente condensa en la historia de un personaje el trágico sacrificio de una generación.
      «Son tiempos imposibles. La revolución se nos escapó a nosotros y también a ustedes. Fue una hoguera huyente. La llama purificadora huyó una vez más», dice Marco, el viejo profesor de sociología que fuera militante clandestino, y que ha renunciado a toda acción política. Se lo dice a Pedro, su joven sobrino y discípulo, que es un guerrillero de Alfaro vive, carajo, AVC, que está recuperándose de sus heridas en la casa paterna, instándolo a huir: «¡Toma el avión que te ofrecen! ¡No te suicides, Pedro!».
      La función política de la literatura es una de las más complejas de asumir por cuanto se enfrenta, sobre todo, a la siempre contradictoria verdad histórica, que tiene más que ver con la construcción de un relato, la ideología de quien lo escribe, y el tiempo histórico de la recepción, antes que con la verdad propiamente dicha. Abdón Ubidia ha logrado manejar con solvencia, esta complejidad en su más reciente novelina La hoguera huyente.
      La novelina se concentra en la historia personal de Pedro: su ruptura con la familia y la clase social a la que pertenece, su firme compromiso ideológico, su enamoramiento atravesado por la política, y el sacrificio de su propia vida. La estrategia que utiliza Abdón Ubidia es la de contar estos sucesos desde el punto de vida de un narrador testigo que asiste a la proyección de una película sobre la vida de Pedro. Con aquel entramos a la sala de cine y vemos el filme con sus ojos.
El lenguaje del narrador es directo, sustantivo, despojado de opiniones. Son los hechos narrados los que problematizan ideológicamente al lector de la novela / espectador de la película, mientras transcurre la lectura de la novelina que es, simultáneamente, el tiempo de proyección de la película. La narración adopta el tono discursivo de un guion de tratamiento: el distanciamiento emocional de la voz narrativa respecto de lo narrado contribuye a que la complejidad política y vital asumida por Pedro conmueva por la dolorosa vitalidad de los hechos.
La confrontación entre el hijo y el padre no es solo una problemática generacional; resume la confrontación de dos visiones éticas sobre el mundo. Mientras el padre le dice: «Usaste tu revolución para librarte de mí», el hijo le responde: «Eres apenas una marioneta más de un mundo corrupto». Dos visiones políticas irreconciliables, dos visiones del mundo y de la vida divergentes, dos visiones que desembocarán en el encuentro del hijo con su final trágico y la resignación del padre ante lo irremediable de la muerte.

           
Abdón Ubidia, Quito, 1944.
Abdón Ubidia logra condensar en La hoguera huyente, mediante la historia de un personaje, el trágico sacrificio de una generación que creyó en la utopía revolucionaria sin percatarse de las reales condiciones históricas del país que intentaban cambiar: el tío Marco es una conciencia crítica y cínica marcada por su derrota histórica y el desencanto; Pedro, la víctima de la lucha contra un imposible histórico; el texto, una escritura diáfana que ilumina la realidad de unos años turbulentos.

Publicado en Cartón Piedra, revista cultural de El Telégrafo, el 20.07.18

La fotografía del autor es de la Agencia Andes, del programa "El otro lado de...", conducido por Marco Antonio Bravo.

domingo, julio 15, 2018

El padre y el hijo, la poesía y la muerte


            Versos memorables por el distanciamiento estético que logra el poeta frente al desgarrador hecho vital que poetiza y, al mismo tiempo, por el estremecimiento humano al que nos convoca en medio de estructuras matemáticas. Versos construidos con una singular sapiencia lingüística, y la eterna sensibilidad de lo poético arraigado en la vida y transformado en arte. El comienzo es celebratorio de la continuidad de la estirpe, y nos ubica en medio de una naturaleza, situada en las Galápagos, que da cuenta del tiempo de lo eterno: «el radiograma decía / “tu hijo nació. Cómo hemos de llamarlo” / yo andaba entonces por las islas / dispersa procesión del basalto / coágulos del estupor / secos ganglios de la eternidad / eslabones de piedra en la palma del océano / rostros esculpidos por el fuego sin edad».
            Han pasado cuarenta años desde que Efraín Jara Idrovo publicara su sollozo por pedro jara (estructuras para una elegía), un poema extenso que confronta a un padre —que festeja el advenimiento de su progenie y que, años después, debe llevar el duelo por la pérdida— con la descarnada contundencia que tiene la muerte del hijo. El texto es, también, una de las más atrevidas experiencias poéticas de la lírica de nuestra América, en la que el autor nos plantea una estructura, con precisión matemática, que, al mismo tiempo, posibilita una amplia gama interpretativa a los sentidos simbólicos de sus versos.
La edición de 1978 nos entregó el poema en una sola hoja que se desplegaba como un plano arquitectónico y en la que uno podía contemplar de una vista las 363 líneas versales del texto, articuladas en cinco series, cada una de las cuales desarrolla tres versiones de un mismo asunto. El poema puede ser leído convencionalmente, es decir del primero al último verso, o de manera aleatoria, como una composición armada por el propio lector. En las instrucciones para su lectura, Jara Idrovo pidió que se considere el texto como una estructura de estructuras, e invocó la música serial de Stockhausen, o Boulez, para explicar el sentido programático de esta experimentación poética.
Cuando llegamos a la cuarta serie nos enfrentamos a los desgarradores versos que hablan del hallazgo del cadáver del hijo por el padre: «en verdad / ¿fue verdad?, / ¿eras tú el que pendía de la cadena del higiénico / como seco mechón de sauce sobre el río? / ser ido / ser herido / sal diluida / suicida». Y la constatación del hecho definitivo de que el cuerpo colgado, ya no es el ser humano que fue: «¿eras tú en verdad? / ¿eso de helada indolencia de témpano? / ¿eso de pavesas que la desesperación insta a soplar? / ¿eso que se desmorona en las tinieblas para siempre?». Y, sin embargo, late la vida en la poesía.
El poema sollozo por pedro jara continuará conmoviéndonos porque tiene en su verso la permanencia de la poesía, y porque nos confronta con nuestra propia finitud. Los versos finales no son solo la invocación para el hijo que ya no es, sino para todos nosotros: «¡hijo mío! / somos fervor de espuma de un piélago insondable».

Efraín Jara Idrovo (1926 - 2018). (Fernando Machado / El Telégrafo)
 
Publicado en Cartón Piedra, revista cultural de El Telégrafo, el 13.07.18