José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

jueves, abril 08, 2010

La nueva Patria

Discurso de despedida en nombre del equipo saliente del gabinete gubernamental

Con el presidente Rafael Correa, el lunes 5 de abril de 2010, en el Palacio de Carondelet, luego de la ceremonia de posesión de los nuevos ministros.

Todavía me acuerdo del primer gabinete, días antes de asumir el gobierno en enero de 2007. Fue en Punta Centinela y los ministros y ministras designados veíamos el mar y el sol como una tentación desperdiciada frente a un método de trabajo exigente y disciplinado que empezó a tomar forma desde el principio. A la noche, cena y canciones con el viejo Napo, el de “Gringa loca” y “Cangrejo criminal”, y la juguetona osadía de desplazar a los músicos e instalar el canto del que luego sería el grupo Necedades, necios en su afán de cantar como necios hemos sido desde entonces en el propósito insoslayable de transformar la realidad de un país asolado por los poderes fácticos, organizado para provecho de unos cuantos.

¿Cuánto ha cambiado la Patria desde entonces? El país de grupos corporativos que se repartían entre ellos espacios de poder como resultado de la destrucción sistemática del Estado ya no existe más. Ese país de instituciones débiles y corruptas, de gobiernos en jaque, y de grupos de presión establecidos como gobiernos paralelos quedó para la historia de la ignominia. Ese país en el que pequeños grupos de radicales ávidos de poder asumen sin legitimidad el nombre del pueblo y actúan de manera sectaria en alianza con los propios opresores en contra de este proceso de transformación que estamos viviendo, va a desaparecer. Ese país en el que el capital financiero ponía ministros de Economía y gobernaba los organismos de control de la banca, en el que los comerciantes administraban las aduanas, en el que los gremios empresariales regulaban las normas de un mercado caótico, ya no tiene viabilidad aunque todavía se revuelque con coletazos de bestia moribunda.

Ecuador vive una revolución ciudadana que le devuelve a la ciudadanía lo que a la ciudadanía le pertenece: un Estado que ejerce la rectoría de la sociedad y aplica la Ley, una obra pública destinada al servicio de todos en todas partes del país, una inversión destinada a hacer de la salud y la educación los pilares de una sociedad equitativa, la creación de condiciones para el emprendimiento de lucro justo, los espacios para el ejercicio de una libertad de expresión responsable. Una revolución que llega a aquellos pueblos que estuvieron olvidados hasta por los predicadores de ferias.

Para que Ecuador se mantenga en el pasado, quienes no están dispuestos a perder sus privilegios han recurrido a un sinfín de maniobras bañadas de hipocresía. Han retorcido el sentido de las palabras hasta que signifiquen negro cuando se dijo blanco para hacerse los ofendidos. Han mentido cuando así les convenía de tal forma que en un momento la explícita defensa de la vida fue expuesta como su contrario, la distribución equitativa de las rentas transformada en centralismo, o la defensa de la soberanía nacional en supuesta complicidad con quienes mantienen una inhumana guerra carente de ética. Han intentado desconocer lo hecho con el sofisma de que todavía faltan cosas por hacer cuando hemos sido los primeros en reconocer cuanto está pendiente. Han exagerado los problemas que existen en todo ejercicio de gobierno y minimizado las realizaciones que dan cuenta de una voluntad política de transformar la sociedad. Y después de boicotear esta revolución ciudadana, con toda la libertad y garantías de una democracia construida bajo una Constitución de derechos, después atacarla de todas las formas posibles, las legítimas y las que no lo son, los corifeos de siempre tienen la desvergüenza de hablar de tiranía apoyados por ciertos grupos mediáticos convertidos, sin pudor de ningún tipo, en actores políticos.

Tres años después, el país ha cambiado para regocijo de los más pobres y para tranquilidad de los sectores medios con conciencia social, para los que emigraron y para los que esperan el retorno de los suyos y difícilmente volverá a ser el de antes. Porque ya nadie permitirá que se gobierne para los que, con cada administración, han buscado acrecentar su capital sin ningún tipo de limitaciones éticas; porque ya nadie permitirá que los presidentes se encierren en Carondelet de espaldas a la vida; porque desde todos los rincones del país, la ciudadanía exigirá la presencia física de sus mandatarios, escuchando a la gente, institucionalizando el diálogo y la rendición de cuentas, pero, sobre todo, sirviendo al pueblo.

A ese cambio, con sencillez y vocación de servicio, con entrega personal y sacrificios familiares de distinta naturaleza, hemos contribuido los que hoy día participamos de la alternancia de un equipo de gobierno que, como en todo proceso vital, ha cumplido un ciclo de trabajo en el servicio público. En el camino sin fin de lo humano somos apenas seres transitorios y, justamente, esa transitoriedad es la que nos obliga a la acción comprometida con los pobres del Evangelio, sin paternalismos ni demagogia, con sentido de justicia y solidaridad. Los que salimos del equipo de gobierno esperamos haber cumplido nuestra responsabilidad ciudadana en plenitud de acción y profundidad ética. Nos habremos equivocado en la ejecución de ciertas tareas, sin duda alguna, pero nuestros errores fueron de buena fe y nos retiramos a casa alegres de ver, con mirada limpia, a nuestros hijos.

Compañero Presidente: a nombre de los que hoy día dejamos el equipo de gobierno queremos agradecerle por la confianza en nuestra capacidad técnica, en la honestidad administrativa, en la consecuencia política; y queremos agradecerle también por la oportunidad que hemos tenido para servir con amor. También queremos expresarle nuestra admiración, más allá de que cante, baile, haga chistes, se irrite con riesgo de caer en uno de los pecados capitales o sea emelecista, porque usted es un líder que gobierna con el ejemplo: es el primero que está trabajando y el último en ir a descansar, recorre el país pensando siempre en cómo solucionar los problemas de los que es testigo, exige a todos como se exige a sí mismo, se fija siempre en el detalle que hace la diferencia y la Patria es un empeño de su corazón.

También deseamos que la camaradería de gabinete acompañe la vocación de servicio de los compañeros y compañeras que asumirán desde hoy la responsabilidad que hasta hoy hemos tenido quienes nos vamos y podemos caer, finalmente, en la tentación del mar y del sol.

Un Ecuador libre y soberano, justo y solidario, es un sueño de todos para cuya construcción hemos contribuido en la medida de nuestras humanas fuerzas, por el que seguiremos luchando con los principios de la revolución ciudadana.

Compañeras, compañeros,
¡Siempre por la Patria, siempre!

Quito, 5 de abril de 2010

jueves, abril 01, 2010

Carta de renuncia al Ministerio de Educación

Con el Presidente Rafael Correa, el 1 de abril de 2009, en el Colegio Patria Ecuatoriana, de Guayaquil, en la inauguración del año lectivo de la Costa, 2009 - 2010.

Quito, 22 de marzo de 2010

Economista
Rafael Correa Delgado
Presidente Constitucional de la República del Ecuador
En su despacho

Estimado compañero Presidente:

En primer lugar, le agradezco de manera profunda por la confianza expresada en mi trabajo al haberme ratificado en la cartera de Educación en el momento en que usted asumió el gobierno de nuestro país. Para mí no solamente fue muy significativo en términos personales sino que, en un sentido político, ha sido gratificante participar del proyecto de la Revolución Ciudadana que usted lidera.

En segundo término, le informo que en estos tres años y tres meses de gestión he volcado mis empeños en institucionalizar el Plan Decenal de Educación que es mandato ciudadano a partir de la consulta popular del 26 de noviembre de 2006 y que usted asumiera como su plan de gobierno en el sector educativo. Los logros del Plan se encuentran en la página electrónica del ministerio y en los diferentes documentos que le he dado a conocer oportunamente. De lo que falta, algunos asuntos requieren de una nueva Ley de Educación —que hemos elaborado y presentado a la Asamblea Nacional y que está para segundo debate— que permitan la institucionalización de un nuevo modelo de gestión desconcentrado que incluya una mayor participación de la comunidad, a través de los Gobiernos Escolares Ciudadanos, en el proceso de rendición de cuentas, una cultura de la evaluación, un sostenido proceso de desarrollo profesional del magisterio, una mayor gobernabilidad del sistema educativo, una nueva organización del propio sistema y sus niveles educativos, entre otros puntos. Todo lo dicho, para cumplir uno de los principales objetivos de la Revolución Ciudadana que es devolver a los ciudadanos lo que a la ciudadanía le pertenece; es decir, una educación pública de calidad y calidez, base de las sociedades democráticas.

En nuestra gestión hemos cometido errores como se comete en toda tarea humana. El más grande de ellos fue haber anunciado que éramos una “Patria alfabetizada”, basados de buena fe, en la revisión de nuestras cifras por parte de un equipo de Unesco que realizó proyecciones que, según los datos del Inec de fin del año 2009, resultaron equivocadas. El sectarismo y la venganza política de quienes perdieron el poder de hecho que tenían en un sistema educativo secuestrado ha llevado al MPD a plantearme un juicio político por el motivo señalado, no obstante haber sido yo mismo quien, con entereza, anuncié al país que la lucha contra el analfabetismo seguía siendo una tarea educativa. A pesar de las dificultades estamos corrigiendo en todos el país el trabajo de educación de adultos.

Le agradezco por el apoyo político y personal que usted ha dado a mi gestión y por la oportunidad de servir al país. Dada su voluntad política y su calidez humana mi tarea se ha visto facilitada pues siempre los integrantes del equipo ministerial hemos sentido que su vocación de cambio supera los objetivos y metas del propio Plan Decenal.

Finalmente, sabiendo que las personas cumplimos ciclos en nuestra vida y usted requiere la más amplia libertad de acción para reorganizar su equipo de colaboradores en función de los objetivos patrióticos que se propone la Revolución Ciudadana y las realidades políticas que enfrentará el gobierno, pongo a su disposición el cargo de Ministro de Educación con el que me ha honrado, más allá de que, como ministro y cercano colaborador suyo, reitero que el cargo ha estado y está en todo momento a su entera disposición.

Espero, compañero Presidente, haber cumplido con las altas expectativas que usted exige del trabajo de sus colaboradores.

Fraternalmente,

Raúl Vallejo Corral
Ministro de Educación

martes, marzo 09, 2010

Reflexiones en torno a la muerte de Orlando Zapata

El Telégrafo, martes 9 de marzo de 2009, p. 15.




Orlando Zapata

Dicen que fue albañil y fontanero. Negro y disidente. Hubiera cumplido 43 años el 15 de mayo próximo. Dicen que fue aprehendido el 6 de diciembre de 2002 y que luego de cumplir una condena de tres meses fue nuevamente detenido, el 20 de marzo de 2003, en lo que la oposición cubana llama “Primavera negra”. Acusado de desacato y desobediencia civil fue condenado a 36 años de cárcel. Dicen que inició una huelga de hambre en la prisión de Camagüey, Cuba, el 2 de diciembre de 2009 y falleció el 23 de febrero de 2010. Digo que ha muerto un ser humano que decidió sacrificarse a sí mismo en nombre de su consciencia. ¿Qué podemos decir, desde la izquierda, ante los límites impuestos a las libertades civiles por parte de una revolución emblemática?

Cuba vive una agresión permanente por parte de la mayor potencia del mundo: desde Playa Girón, pasando por los cientos de intentos de asesinatos a Fidel Castro, hasta el bloqueo criminal que distorsiona toda la realidad económica, política y social de la isla. ¿Por qué a Cuba se le exige el modelo de la democracia capitalista si, al mismo tiempo, se la ha agredido sin contemplaciones democráticas violando principios de soberanía, libre autodeterminación de los pueblos y convivencia pacífica? ¿Por qué todos los problemas de Cuba reciben una atención mediática que no reciben otros países? ¿Han reportado las agencias de prensa cuántos suicidios —y una huelga de hambre es una forma de suicidarse— hubo en las cárceles del mundo en la última década o, si se quiere, desde comienzos de 2010 hasta el día en que falleció Zapata?

En general, los Estados del mundo tienen, en su legislación, los casos tipificados en los que se condena a una persona por conspirar contra el sistema establecido. ¿Por qué a Cuba se le pide que reconozca una amplia libertad para conspirar, incluso, contra la propia estabilidad del sistema establecido en su Constitución? Me parece que, además, al juzgar el problema de los presos políticos, habría que establecer la diferencia entre quienes, por ejemplo, se asocian con una potencia extranjera para invadir su propio país o participan en un intento de magnicidio o atentan contra la vida de la población civil, y entre quienes expresan su desacuerdo con el sistema, situación esta última que debería tolerarse en la construcción de una sociedad que vele por la libertad del ser humano.

Lastimosamente, el socialismo cubano no ha podido desarrollar un sistema político que garantice la libertad de consciencia y otras libertades políticas del ser humano y, en la práctica, fue restringiendo la esfera de las ideas al estrecho círculo del pensamiento único. En las famosas “Palabras a los intelectuales”, Fidel Castro dijo: “…dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada.” Esa consigna fue de fines de junio de 1961, dos meses después de la frustrada invasión de mercenarios y contrarrevolucionarios, auspiciados por la CIA, en Playa Girón. El discurso continuó así: “Contra la Revolución nada porque la Revolución tiene también sus derechos y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir y frente al derecho de la Revolución de ser y existir, nadie.” ¿Ha variado la situación desde 1961 hasta 2010? ¿La intensidad de los peligros continúa luego de más de cincuenta años de revolución?


Si después de cincuenta años de un proceso político, no puede existir la diversidad de pensamiento dentro de la revolución, incluido el margen para la disidencia ideológica, estamos ante una frustración histórica. La liberación del ser humano abarca todas las esferas de la existencia y la libertad de pensamiento es fundamental para ella. ¿Cómo lograr que convivan eso que se llama justicia social y la defensa sin restricciones de la libertad de consciencia de los individuos? Pero el asunto va más allá: en el caso de Orlando Zapata se evidencia una realidad cruel: el Otro es siempre un Enemigo al que hay que liquidar. ¿De qué manera una revolución debe modificar esa concepción del tratamiento de las contradicciones en su interior?

Es cierto que debemos exigir el cese del bloqueo a Cuba y todo tipo de injerencia política en la isla, porque mientras estas condiciones no se cumplan, el discurso de condena a Cuba será producto de la doble moral del Imperio y sus voceros. Pero, me parece que la crítica de izquierda, sin desconocer la situación histórica de Cuba y más allá del fariseísmo mediático, también debe señalar la necesidad de apertura del régimen cubano frente al ejercicio de la libertad de consciencia; la revisión transparente del estado, personal y jurídico, de los prisioneros por razones políticas y la situación de sus familiares; y la garantía revolucionaria para la existencia de un estatuto de oposición.

La muerte de Orlando Zapata, albañil, fontanero, negro y disidente, nos conmueve a todos los que militamos por la vida y, como no podemos permitir que se la instrumentalice políticamente, debe ser motivo de reflexión sobre la defensa de las libertades civiles en el socialismo.

Quito, marzo 4, 2010


domingo, marzo 07, 2010

La muy dura profesión literaria

(Extracto de “Medardo Ángel Silva y la crónica de una época de artificios”. El artículo completo, con las correspondientes notas al pie de página, puede ser leído en http://www.raulvallejo.com/)

"La profesión literaria, que tú sueñas camino de gloria, es muy du¬ra, joven iniciado. Ante todo, las gentes se preocupan mucho por eso que llaman la «escuela» del escritor. Si escribes con la serena unción de Fray Luis, la gra¬ciosa frescura de vino añejo del divino Marqués de Santillana, o la pureza del hondo Jorge Manrique, te llamarán desenterrador de momias y encarnizante; si lo haces con la ingenua sencillez de los primitivos, sin oropeles, sin flores retóricas ni mitologías de similor, serás un pobre bárbaro; si amas las moder¬nas ondulaciones del Ritmo y pones tu alma melodiosa en áureos versos de melifluo dulzor, que tengan el vago encanto de una tarde nórdica vestida de bruma, te dirán decadente y serás víctima de cuanto Hermosilla roe zancajos de rimador."

Ese texto —aparecido en la revista Patria y anunciado como parte del libro La máscara irónica, que Silva nunca llegó a ver publicado— está ubicado en medio de una polémica estética desatada entre lo moderno y lo viejo, sobre todo si lo cotejamos con otro juicio de Silva que —en un artículo crítico de 1915 sobre el poeta Arturo Borja (1892-1912), de quien dice que «ha personificado una tendencia literaria» — reclama la incomprensión de la que el «arte nuevo» había sido objeto: «El público, poco menos que ciego, creía, pues, a la renovación, al movimiento nuevo —el Modernismo que llamaban— algo así como un monstruo apocalíptico, dragón alado y de férreas zarpas». El fin trágico de Silva y Borja, que se suicidaron, y las muertes en personales reclusiones y aislamientos de los aristócratas Ernesto Noboa Caamaño (1891-1927) y Humberto Fierro (1890-1929) dieron pábulo para que todos ellos fueran bautizados como «la generación decapitada» por Raúl Andrade en un artículo titulado «Retablo de una generación decapitada»; «apelativo malintencionado y vene¬noso», según José Joaquín Pino de Icaza (1902-1958), modernista que fuera concejal y diputado. Muy poco conocida es la rectificación que el propio Andrade hiciera años más tarde:

"Con alguna premura conceptual califiqué, años atrás, a la genera¬ción poética de Borja, Noboa y Caamaño y Fierro, de «generación decapita¬da». En ello existió cierta ofuscada prisa que diera lugar a largos malentendi¬dos. Vista desde la serena perspectiva del tiempo, quizá le iría mejor la [de¬nominación] de «generación del desistimiento» por su voluntaria dimisión de la vida que le caracterizó."

Pero también está ubicado en la perspectiva crítica que Silva tuvo respecto del movimiento literario del país. Silva escribió en Patria: «debemos confesar dolorosamente que no se hace Crítica entre nosotros» y tuvo plena conciencia de que el modernismo había llegado a su fin para ese tiempo:

"Es hora ya de que se convenzan los que dicen llamarse intelectuales que el Modernismo ha muerto; queda de él el amor a la libre expresión artística y la emancipación de las gastadas reglas. Pero ello no significa el desprecio por el idioma, sino, al contrario, su culto; ello no significa el prurito de «hacer novedades» aunque esas novedades lleven el estigma del ridículo."

Con reservas frente que en el nuevo Estado de la triunfante burguesía, por la división social del trabajo, «ser poeta pasó a constituir una vergüenza», puesto que para el caso ecuatoriano, la condición de poeta o literato todavía, en ese momento, tenía cierto prestigio y abría el camino a ciertos puestos públicos de representación; podría, sin embargo, calzar la siguiente descripción, al menos para la imagen que los cuatro «decapitados» crearon —es decir, ficcionalizaron— de ellos mismos:

"La imagen que de él [el poeta] se construyó en el uso público fue la del vagabundo, la del insocial, la del hombre entregado a las borracheras y orgías, la del neurasténico y desequilibrado, la del droguista, la del esteta delicado e incapaz, en una palabra —y es la más fea del momento— la del improductivo."

En tono irónico, en la misma revista Patria —que Silva dirigiría des¬de el 14 de julio de 1918—, en febrero de 1918, apareció una caricatura bajo el título «¿Quiere Ud. ser poeta modernista?», en la que se indicaban nueve reglas que, en síntesis, decían lo siguiente: 1) usar el pelo largo y lentes de carey; 2) inyectarse opio, fumar morfina y beber éter; 3) pade¬cer neurastenia; 4) presentarse como raro; 5) contar su vida íntima al pró¬jimo; 6) a las prójimas, llamarlas chinas o japonesas; 7) incluir en sus poe¬sías una sonata de Chopin, un cisne, una princesa y una luna; 8) no tener dinero y pedir prestado; y 9) «detestará todo lo vulgar, comer tener ver¬güenza, saber ortografía, pagar lo que se debe, etc.».
En contra de la idea que señala a Silva como un poeta maldito, Abel Romeo Castillo cuenta que, como lo hacía con frecuencia, el director de El Telégrafo, su padre, José Abel Castillo, delegó a Silva la representación del periódico para la inauguración de un club social:

"[...] apenas apareció nítidamente en los salones del nuevo Club social se convirtió en la figura central y en el blanco de todas las atenciones, no só¬lo de los dignatarios de la nueva institución que se inauguraba, sino también de todas las bellas concurrentes que rodeaban afectuosamente al poeta solici¬tándole autógrafos y poéticas endechas."

Nada más lejos de la imagen de antisocial; más aún si resaltamos el hecho de que más de un tercio de sus artículos fueron ubicados en la primera página de la edición correspondiente del periódico. Para añadir ejemplos a la idea del prestigio señalamos que Luis A. Martínez fue ministro de Instrucción Pública; José de la Cuadra, subsecretario; y Pablo Palacio, secretario del Congreso, aunque es conocido el aislamiento en el que vi-vieron sobre todo Borja, Noboa Caamaño y Fierro. Una matrona de Guayaquil, admiradora de Silva, le escribía diciéndole que ella quería verlo a él brillando en el Congreso, como diputado. Estos datos permitirían barajar una hipótesis en el sentido de que, en la esfera social del Ecuador de comienzos de siglo, el escritor no es exactamente el «paria» del que habla Rama —a no ser por aquellos que se autoexcluyeron de ella al no entender el sentido de las transformaciones políticas del momento—, sino un elemento social que todavía articula la noción de «la persona cultivada» como sujeto de orgullo. Tal vez el punto de diferenciación sea que el «ser intelectual» abre camino al cargo público, mientras que el «ser poeta» solamente convierte a la persona en «sujeto no-presentable». Puesto que «no gana dinero», el poeta ha pasado del estatuto semidivino de Víctor Hugo a la degradación de Paul Verlaine.
Para J.J. Pino de Icaza, la idea sobre los escritores entregados a los «paraísos artificiales» desarrollada por el cuerpo social resultaba una perversidad, pues, según él, «la misma concepción de la «droga» en la ex¬presión lírica, era completamente falsa». Comenta, al respecto, Pino de Icaza: «Sonríe uno, de la puerilidad de Ernesto Noboa, verbigracia, cuan¬do dice: "Tan sólo calmar pueden mis nervios de neurótico / la ampolla de morfina o el frasco de coral" porque no existe "drogadicto" que conceda aprecio alguno a la ampolla de 0,01 centigramos de morfina que es la única dosis corriente de laboratorio, buena para un efecto analgésico, pero insuficiente para las euforias que sus nervios exigen del morfinómano inveterado». El propio Silva, en una de sus crónicas, tiene una posición mo¬ralizante respecto del opio, al que llama «veneno»:

"¡Y a cuántos ha perdido el anhelo imposible de abrir, con la llave de las pipas cargadas de opio, la puerta del mundo irreal que se dilata, Dios sabe hasta qué infiernos de pesadilla, hasta qué abismos caóticos, de donde no se vuelve! [...]"

Este debate, en el caso ecuatoriano, está atravesado, más bien, por esa sensación de no pertenecer a un mundo «materialista»; y «materialista», para estos poetas, quiere decir un mundo donde el arte ha sido echado a un lado por el dinero y también por la presencia de una nueva casta de militares que ha desplazado del poder político al viejo poder señorial. En este sentido, entendemos que «la repetida condena del burgués materialista» corresponde a «la instauración del mercado». En uno de sus artículos para Ilustración, escribe Silva unas «imprecaciones líricas» contra el espíritu burgués, los políticos, el clero, los comerciantes y las mujeres superficiales, es decir, contra todo aquello que el nuevo orden había convertido en elemento sustancial que giraba alrededor del ansia de acumular:

"No es para ti, burgués que llevas por corazón un dollar yanqui a cu¬yo precio venderías a tus hermanos y negarías a tu padre y a tu madre; no pa¬ra ti, político sin conciencia, filisteo con librea partidista, buitre que hinca sus garras sangrientas en el corazón palpitante de la República exangüe; no para ti, sacerdote falso de un culto de mentira, ministro que vestido con toda la so¬berbia pompa de los Príncipes de la Tierra, hablas de humildad y te cubres de vestiduras de majestades asiáticas para predicar la santa doctrina en nombre de aquel Maestro Divino de Judea; no para ti, oscuro mercader de alma judía, idólatra a los pies del becerro de oro; no para vosotras chiquillas de almas paralíticas que lleváis el corazón como vuestros vestidos: a la última moda."

El poeta del «sublime arte» niega la terrible posibilidad de que la poesía pudiera convertirse también en mercancía; por eso le niega al mundo burgués la posibilidad de apropiarse del sentido estético de la poesía y reafirma la idea de que ésta es incompatible con la mercancía, con aquellos valores de una nueva sociedad en la que el que no quiere lucrar parecería no tener cabida. En el mismo artículo afirma:

"No; la música selecta de los áureos versos, el palpitar cantante de la estrofa, el romper del consonante como una onda sonora reventando sobre la playa oscura, el ritmo imponderable de la Oda arrebatada, ¡no son para vosotros!"

Este desencanto frente a la nueva situación social expresa la conciencia de una derrota anticipada del arte frente al dinero, una apocalíptica premonición que visualiza la conversión final del poeta en una mercancía más que se exhibirá en el periódico como una suerte de condena después de muerto. Así, el artículo ya citado acerca de la profesión literaria, concluye:

"Pero, lo más probable es que mueras poco menos que desapercibido; tu defunción la anunciará, entre un aviso de específico yanqui y un suel¬to de crónica, el diario de que fuiste «asiduo colaborador»: aquello será el epí¬logo de la tragicomedia de tu vida; y debes agradecer —en ultratumba— al Director, que haya suprimido la inserción del reclame de una fábrica de embutidos para ocuparse de tu óbito."

Esa realidad social está tan vaciada de cultura, tan poco predispuesta a sentir el arte que el mejor consejo que se le ocurre a Silva para un artista plástico sobre quien escribe una efusiva crónica en la revista Patria es «que emigre, que huya de esta cloaca infecta por los microbios de la envidia y del vil mercantilismo».