José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).
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lunes, julio 20, 2020

José de la Cuadra y la novela montuvia

           

Portada de la primera edición.
En un tuit que respondía a uno mío, en el que enlazaba mi artículo  «El montuvio ya se instaló con nombre propio en el Diccionario de la Lengua Española», la cuenta de la Real Academia Española explicó: «“Montubio” se registra en los diccionarios académicos, de acceso público, desde la edición del Diccionario manual de 1927 y la variante “montuvio” desde el Diccionario de americanismos de 2010».[1] Esta información confirma dos asuntos: a) Que, cuando los escritores del 30 escribían «montuvio», ni la Academia Ecuatoriana de la Lengua ni la RAE se enteraron; y b) que, si bien entró entre americanismos en 2010, la presencia plena de «montuvio», como dijimos en el artículo de marras, se da en el diccionario de 2014. En 1934, José de la Cuadra publicó Los Sangurimas, con el subtítulo: «novela montuvia ecuatoriana», en editorial Cenit, de Madrid. En esta novela, así como en «Banda del pueblo» y «La Tigra», encontramos la realización, en su narrativa, del concepto identitario novela montuvia, cuyas características están descritas en El montuvio ecuatoriano.

            Los Sangurimas se abre con la «Teoría del matapalo»: «El matapalo es árbol montuvio. Recio, formidable, se hunde profundamente en el agro con sus raíces semejantes a garras. […] El pueblo montuvio es así como el matapalo, que es una reunión de árboles, un consorcio de árboles, tantos como troncos»[2]. Para De la Cuadra, la estructura de la novela montuvia es como el matapalo, entendido lo real maravilloso y simbólico de la cultura montuvia: el tronco añoso, para referir la historia del patriarca Nicasio Sangurima; las ramas robustas, para hablar de los hijos que protagonizarán la novelina; torbellino en las hojas, para situar el conflicto entre hijas e hijos, nietos todos, de Ño Sangurima; y el epílogo “palo abajo”, para indicar la caída del matapalo. La tradición oral del pueblo montuvio se explicita en la canción del río de los Mameyes: «Esta canción la hacen sus aguas al rozar los pedruscos profundos»[3]. La novelina está cargada de decires; de esta forma, la verosimilitud es, al mismo tiempo, duda y afirmación: así, cuando se habla del engaño que Ño Sangurima hizo al diablo, al esconder el documento firmado con sangre de «doncella menstruada» en un cementerio donde el diablo no puede entrar, los montuvios sentencian: «—Pero Ño Sangurima está muerto por dentro, dicen. —Así ha de ser, seguro»[4].

    

            «Banda del pueblo», que apareció en Horno (1932)[5], es una novelina que prefigura el tipo de la novela montuvia. El relato se va armando de la misma manera como se va formando la banda del pueblo: a partir de las historias particulares de cada uno de los músicos, tal como se construyen los relatos orales montuvios. De la Cuadra asume en ella, toda la realidad: al contar la historia de los hermanos Alancay, por ejemplo, desenmascara la explotación económica y la opresión social del concertaje; al describir el repertorio de la banda nos ofrece una antología de música popular; y, al resolver el drama que atraviesa la banda, da cuenta de la celebración vital de la relación padre e hijo, a partir de la muerte del padre, y concluye con un homenaje a Ramón Piedrahita a través de la música.

            La novelina que cierra esta trilogía montuvia es «La Tigra», que apareció en la segunda edición de Horno, la argentina de 1940. «La Tigra» también está contada desde la tendencia mítica de la oralidad montuvia: «Los agentes viajeros y los policías rurales no me dejarán mentir —diré como en el aserto montuvio»[6]. El nacimiento de la Tigra se da mediante un hecho de sangre: ella ajusticia a los cinco asesinos de su papá y su mamá, la misma noche en que aquellos irrumpen en la casa familiar. El decir mítico de la oralidad montuvia se refuerza con la presencia de Masa Blanca, de quien los montuvios dicen que tiene tratos con “el Colorao”, aunque él aclara: «Yo soy médico de curar. Puedo dañar, claro; pero no daño. Así es»[7]. La Tigra es vista por los montuvios como una mujer económica, social y sexualmente poderosa: es una terrateniente, como ño Sangurima, que dispone de la vida y los cuerpos de los hombres que habitan su fundo, «Las tres hermanas». En esta novelina, De la Cuadra introduce paratextos como los telegramas, que le permiten narrar la historia desde afuera, en paralelo al desarrollo de la historia tal como se cuenta desde los decires montuvios.

           

En El montuvio ecuatoriano (1937) encontramos, convertidas en un ensayo teorético, las reflexiones de José de la Cuadra sobre el mundo montuvio, a partir de sus propias observaciones, que antes las había escrito como ficción. «En la narrativa es donde la impulsión artística del montuvio alcanza expresiones insignes. Su innata tendencia mítica, que señalamos más adelante, halla aquí cauce amplio. […] La tendencia mítica de nuestro campesino, sobre ser fuerte, es irrefrenable. De ahí su panteísmo. De ahí su constante fabricación de héroes»[8]. Esa tendencia mítica, —que ha sido estudiada a profundidad por Humberto Robles[9]— está presente en los textos comentados arriba: los cuentos de los montuvios sobre Nicasio Sangurima y su pacto con el diablo, su conversación con el difunto Ceferino, y el Génesis y Apocalipsis que, como en la tradición profética, pesan sobre «La Hondura», la hacienda de Ño Sangurima. Todo ellos son ejemplos de las formas narrativas de las que se alimenta la novela montuvia.

            La novela montuvia, que entrelaza historias como se entrelazan las raíces que construyen el tronco del matapalo, está narrada de manera similar a como se articula la oralidad del pueblo montuvio. Las historias surgen desde lo real maravilloso de una realidad, contada a partir del amplio cauce narrativo de tendencia mítica de la cultura montuvia. En la novela montuvia se cumple lo que De la Cuadra pedía para la literatura de tendencia: «Solo la realidad, pero nada más que la realidad»[10], tal como él mismo lo expresara en su silueta sobre Enrique Gil Gilbert.[11]



Trailer de versión cinematográfica de La Tigra (1990), dirigida por Camilo Luzuriaga. Esta película  fue galardonada como Mejor película en el 29no. Festival de Cine de Cartagena.    

            

[1] Real Academia Española (@RAEinforma), «#RAEconsultas ‹Montubio› se registra en los diccionarios académicos…», 17 de julio de 2020, 05h59, https://twitter.com/RAEinforma/status/1284080215065604097?s=20

[2] José de la Cuadra, Obras completas (Guayaquil: Publicaciones de la Biblioteca de la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil, 2003), 449. Los editores de esta lujosa edición, sin ninguna explicación, suprimieron el subtítulo original de Los Sangurimas: «novela montuvia ecuatoriana».

[3] De la Cuadra, Obras…, 464.

[4] De la Cuadra, Obras…, 458.

[5] El título en Horno (1932) es «Banda del pueblo»; en ediciones posteriores, por descuido de los editores la «Banda del pueblo» se convirtió en una simple «Banda de pueblo». La edición de la Biblioteca Municipal de Guayaquil tampoco corrige este error que modifica el sentido que De la Cuadra le dio a su banda del pueblo: un editor prolijo hubiese cotejado el texto que quería publicar con la edición original.  

[6] De la Cuadra, Obras…, 419,

[7] De la Cuadra, Obras…, 444.

[8] De la Cuadra, El montuvio…, 868 y 870.

[9] Humberto Robles, Testimonio y tendencia mítica en la obra de José de la Cuadra, Quito: Casa de la Cultura, 1976.

[10] De la Cuadra, Obras…, 787.

[11] Este artículo puede ser reproducido, total o parcialmente, siempre que se solicite autorización al autor y se cite su fuente: Vallejo, Raúl. «José de la Cuadra y la novela montuvia». Acoso textual (blog). 20 de julio de 2020. http://acoso-textual.blogspot.com/2020/07/jose-de-la-cuadra-y-la-novela-montuvia.html