(Fragmento de la obra "Tardes de lluvia en el porche", de la artista María Rosa Muñoz)

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
(Dicho por Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco).

jueves, octubre 08, 2015

Cuarta carta a la Comunidad de la UASB


        

Todavía no había cumplido los 32 años cuando, en junio de 1991, el presidente Rodrigo Borja me nombró ministro de Educación, Cultura y Deportes. Yo tenía un título de docente y experiencia en todos los niveles del sistema, excepto el posgrado. Antes del anuncio oficial, llamé a mi madre para contarle la noticia. Ella, con la sabiduría ancestral de todas las madres, dijo: “¿Y qué pasará con tu trabajo? Porque de esos puestos uno tiene que salir el rato menos pensado. Así que cumple con tu deber como si te fueras del puesto mañana mismo”.
Durante ese ministerio, me propuse como objetivo sanar las heridas que habían quedado con sectores del magisterio luego de un largo paro, por lo que impulsé una consulta que culminó, el 15 de abril de 1992, con la firma del I Acuerdo Nacional “Educación Siglo XXI”. Este Acuerdo reunió al Ministerio, al gremio, a los educadores católicos, a los privados laicos, y a las universidades, entre otros actores. Fue cuando ejercía el Ministerio —y sin imaginarme siquiera que al terminar mi período me quedaría a vivir en Quito—, que firmamos con el rector Enrique Ayala Mora, un convenio base entre la UASB y el Estado.

Seguí trabajando en la educación secundaria y me vinculé al programa de posgrado de la UASB, en el Área de Letras como docente y director; institución de la que me honro haber contribuido a su fundación. Años más tarde, a finales de 2005, asumí nuevamente el Ministerio de Educación y Cultura nombrado por el presidente Alfredo Palacio. Luego de más de una década de gobiernos neoliberales que redujeron el presupuesto de inversión social y desarticularon la función rectora del Estado, mi tarea fue “poner la casa en orden” y volví a insistir en la implementación de una política educativa a largo plazo. Fue así que, mientras comenzamos un programa de eliminación de barreras para el acceso a la educación pública, junto con el equipo ministerial, logramos que el Plan Decenal de Educación fuera aprobado mediante referéndum en noviembre de 2006.
Cuando el presidente Rafael Correa asumió el gobierno en enero de 2007, me ratificó como Ministro de Educación. Entonces, el equipo ministerial pudo darle continuidad a lo que habíamos empezado en 2006: fue eliminado todo pago en el sistema educativo público, se fortaleció la alimentación escolar, fueron ejecutados los programas de reconstrucción de escuelas y uniformes escolares con un componente de inclusión económica, universalizamos el programa de textos escolares, iniciamos un programa de jubilación docente que inició multiplicando el bono de jubilación de US$ 800 a US$ 12.000. Asimismo, comenzamos el sistema de evaluación y logramos un alza significativa del salario docente. Obviamente, cometimos errores y quedaron tareas pendientes, pero los cargos públicos deben estar impregnados de la ética del servicio a la comunidad y así lo he hecho siempre: con aciertos y equivocaciones, obrando con buena fe, convicción y responsabilidad social.
Luego de renunciar al ministerio de Educación, en 2010, volví a la UASB y ocupé nuevamente la dirección del Área de Letras. Cuando Ecuador reanudó las relaciones diplomáticas con Colombia, que fueron rotas a raíz del bombardeo de Angostura, el presidente Correa me encargó la delicada tarea de reabrir la Embajada y reconstruir las relaciones con nuestro vecino. Hoy, las relaciones de nuestro país con Colombia son un ejemplo de cooperación binacional en múltiples aspectos, sobre todo, en la perspectiva de hacer de la frontera común un territorio de paz.
Ahora que estoy postulado en el proceso de nombramiento del rector de la UASB, ratifico el principio que ha guiado mi trabajo: la función pública está hecha para servir. Si el Consejo Superior, luego de analizar mi currículo, como señala el Estatuto de la UASB, me designa rector, llevaré adelante un programa, como lo expliqué en mi carta anterior, basado en: el fortalecimiento institucional y la estabilidad laboral; la libertad de cátedra y la ampliación del apoyo a la investigación; una mayor democratización del acceso de los estudiantes de la región. Todo ello, en el marco de una absoluta independencia institucional de la UASB, tanto del gobierno cuanto de la militancia partidista de las autoridades de la misma. Para mí, la universidad es un espacio académico de servicio a la comunidad, signado por la libertad y la diversidad en todos sentidos.
Cada vez que he cumplido y finalizado funciones públicas, que al fin y al cabo han tenido que ver con la acción social y ética de la política, recuerdo las lecciones que me enseñó el comentario de mi madre: el ejercicio del gobierno tiene un límite y uno debe estar consciente de ello desde el primer día; lo que queda del servicio a la comunidad es la satisfacción de haber contribuido, desde uno de los tantos deberes de ciudadanía, a la construcción de una patria con mejores condiciones de vida, más equitativa y más solidaria.
            Fraternalmente,
            Raúl
 



La Unidad Educativa del Milenio "Cacique Tumbalá", en Zumbahua, Cotopaxi, fue la primera de este tipo inaugurada en el país, en septiembre de 2008.

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