(Fragmento de la obra "Tardes de lluvia en el porche", de la artista María Rosa Muñoz)

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
(Dicho por Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco).

domingo, marzo 08, 2015

Elogio de la belleza de la mujer colombiana



Desnudo femenino sobre la hierba, de Fernando Botero


Me pregunta un amigo de Quito,
si es guapa la mujer colombiana.
Yo le respondo que, como Florentino Ariza,
llevo una herida de amor no correspondido
por causa de Margarita Rosa de Francisco.

Él sonríe y dice que eso ya lo sabía.
Le cuento, entonces, de las muchachas
que andan con un libro por la Séptima
que toman sol en Bocagrande
que bailan y trabajan duro en Quibdó
que pescan pirañas en el Amazonas
que celebran la desmesura del carnaval de Barranquilla
que cantan las tonadas tristonas de los Andes
que platican con sabiduría en Pereira; de las que sufren
más con la mala racha del América antes que por amores.
Le hablo de la querencia de las paisas de palabra cantarina
de la fuerza cotidiana de las bumanguesas, del vendaval
que provocan a su paso las cucuteñas, de las que protegen
a sus hijos en los territorios del conflicto armado.
Todas ellas, mujeres ojos de perro azul,
herederas del coraje y la patria de Policarpa Salavarrieta.

Pregunta mi amigo Ramiro, si son guapas las colombianas.
Aquí, le digo,
alucino con los volúmenes desnudos de Botero— son guapas hasta las feas.

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