(Fragmento de la obra "Tardes de lluvia en el porche", de la artista María Rosa Muñoz)

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
(Dicho por Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco).

domingo, noviembre 25, 2018

Los fantasmas cotidianos que vemos en la lectura

Solange Rodríguez Pappe ha publicado entre ocho libros de cuentos: Levitaciones (2017), La bondad de los extraños (2016), y Tinta sangre, (su primer libro, 2000). Foto de Tyrone Maridueña.
             Días atrás, leí que Akihito Kondo, japonés de 35 años, se había casado con el holograma de Hatsune Miku, la cantante virtual. Según AFP, Gatebox, compañía que creó el holograma, le entregó a Kondo uno de los 3.700 certificados de matrimonio que lleva extendidos. Que un personaje literario se case con un árbol vendría a ser, entonces, una propuesta casi realista, pero no lo es. Ni siquiera porque el actor peruano Richard Torres, un militante de la poligamia vegetal, ande casándose con árboles por todo el mundo. Que el pos-capitalismo haya convertido al mundo en una distopía en ciernes, no quiere decir que el asombro haya terminado.
En el cuento «Un hombre en mi cama», una mujer se casa con un acacia macho, su hermana disfruta contemplando hombres dormidos —versión de perspectiva feminista de la novela de Kawabata—, y el mundo carece de condiciones adecuadas para la vida al aire libre. Solange Rodríguez ha logrado la poderosa creación de una «realidad otra», atravesada por la soledad, y poblada de fantasmas y monstruos que responden a las proyecciones de nuestros anhelos, búsquedas, frustraciones y miedos, en su cuentario La primera vez que vi un fantasma.
            El cuento que da nombre al libro es una joya hecha de sutileza narrativa, de impecable composición, y de honda repercusión afectiva. Todos los elementos trabajan para que la aparición del fantasma sea tomada como un hecho natural. El escenario de un pueblo cercano a Las Vegas, el escape a una vida sin ilusiones, la inclusión de la historia de Bonnie y Clyde, la detención de la rueda de fortuna en una carta del Tarot, y hasta la interpretación de la empleada de limpieza: «Si una deja que le decidan la vida, una se llena de odios, de fantasmas». El tono del libro transita alrededor de la propuesta estética de este relato.

            Las narraciones se mueven con facilidad, y sin que el lector perciba en qué momento cambió de esfera, del nivel de lo cotidiano al de lo fantástico. «A tiempo para desayunar» y «Paladar» son ejemplares en este sentido. «Matadora» es un caso aparte: tres asuntos son tejidos con maestría, mezclan lo cotidiano y lo político, para confluir en un final de sorprendentes resonancias éticas. Rodríguez también es una cultora del micro relato, y así lo demuestra en «Pistola cargada», una sugerente poética del cuento; «Un paseo de domingo», del amor filial envuelto en necrofilia; y «Cuento antes de ir a la cama», sobre la venganza del desamor. Todos ellos, micro cuentos en lo que la autora maneja la intensidad y el factor sorpresa con solvencia.
            La primera vez que vi un fantasma, de Solange Rodríguez Pappe (Guayaquil, 1976), publicado por la editorial catalana Candaya, es un libro de cuentos en el que la mirada de la autora consigue hurgar más allá de la realidad que todos vemos, para materializar no solo los fantasmas y monstruos que la habitan, sino también para construir renovados puntos de vista sobre lo real y lo fantástico, y un discurso político feminista que fluye natural en sus relatos.

Publicado en Cartón Piedra, revista cultural de El Telégrafo, el 23 de noviembre de 2018.

No hay comentarios: