(Fragmento de la obra "Tardes de lluvia en el porche", de la artista María Rosa Muñoz)

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
(Dicho por Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco).

lunes, abril 09, 2018

La ansiedad del tuitero


Fotograma del capítulo "Nosedive", de la serie Black Mirror.

La socialite Kylie Jenner, la menor de las famosas Kardashians, que tiene 24.5 millones de seguidores en su cuenta de tuiter, provocó una pérdida de 1.300 millones de dólares a Snapchat, con este tuit, el 21 de febrero, a las 16h50: “Sooo does anyone else not open Snapchat anymore? Or is it just me... ugh this is so sad.(Entonces, ¿es que ya nadie más abre Snapchat? O soy solo yo... uf, esto es muy triste.). Después del trino, las acciones de Snapchat cayeron en un 6%. A propósito, ¿saben ustedes qué es lo que hacen las Kardashians?
No suelo ver televisión porque dedico ese tiempo a leer y escribir, pero, hace un par de meses, mis alumnos me recomendaron Black Mirror, así que elegí “Nosedive” o “Caída en picada, primer episodio de la tercera temporada, para conocer de qué iba la serie. Lo que vi, no sin cierta aprehensión, fue una distopía acerca de un mundo regido por los likes de las Redes Sociales. En ella, el valor de las personas se mide por el puntaje obtenido en la virtualidad: un mundo de falsedades reales convertidas en realidades virtuales.
A propósito de la navegación virtual y sus peligros, el caricaturista colombiano Vladdo, dijo en Semana, que el tuiter era peor que el tráfico de Bogotá, y que se dio cuenta de que había emitido alrededor de cien mil trinos. Haciendo cálculos, aquello equivale a doce veces Cien años de soledad. Tanto tiempo creativo desperdiciado en cómo construir un mensaje en 140 caracteres, a qué mensajes darles RT, qué es lo que se responde y qué se deja pasar.
Yo mismo, que trato de tuitear lo indispensable, ahora que estoy preparando un curso sobre el Quijote he llegado a sentir lo que percibí antes de cerrar mi cuenta de Facebook: que le presto más atención de la necesaria al tuiter. Después de todo, en pocos minutos, alguien me reenvía el tuit al whatsapp; y, lo que es más sorprendente, las ediciones online de los diarios convierten al tuit, por intrascendente que sea, en “noticia”: “Fulana o Mengano insultó a Perencejeta y se hizo #tendencia.”
La conversión de ciertas “noticias” en #tendencia, nos advierte que ya estamos viviendo en un mundo de verdades falsas: existen porque circulan en las RS, pero su veracidad se sostiene en la cantidad de retuits que consiguen y no en la condición verdadera del hecho en sí mismo. Para ello se ha acuñado el término posverdad. ¡Y hay asesores comunicacionales que se jactan de sus campañas cargadas de posverdad! La RAE ha logrado definirla, a prisa y bien: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.”
Enganchados a las RS, necesitan la compensación de un like, de un RT, o del hipócrita corazón de los FAV, igual como sucede en “Nosedive”. Y los enganchados revisan constantemente su cuenta para comprobar, con la ansiedad del que espera la aprobación de los demás, que únicamente las celebridades, Paris Hilton o Gianlucca Vacchi, convierten en #ciberplaga aquello que postean en las RS.

 Publicado en Cartón Piedra, revista cultural de El Telégrafo, el 06.04.18

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