José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

lunes, abril 27, 2026

Trump y el uso político y militar de la religión

             La oración en un acto religioso en el Pentágono, el pasado 16 de abril, calcada de la parodia al versículo de Ezequiel 25:17 que escribió Tarantino para Pulp Fiction, sería un chiste si se tratara del ministro de unos de esos países de mierda, de los que habla Trump. Pero el orador era el secretario de Guerra, Pete Hegseth, del gobierno de los EE. UU.; un gobierno que tiene poder militar nuclear y cuyo presidente amenazó con exterminar en una noche a una civilización de más de 2.500 años. Pete Hegseth recitó el parlamento que el criminal Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) recita antes de dispararle a otro delincuente. El incidente no es menor porque eso demuestra que no les importa lo que dice la Biblia ni la interpretación teológica, sino el uso político y militar de la religión para justificar la guerra imperial que por sí y ante sí mismos declaran. Utilizar la parodia de la Biblia de un personaje criminal de Pulp Fiction para justificar las guerras de agresión en nombre de Dios no solo es un chiste malo sino también la puesta en evidencia del pensamiento criminal del neofascismo.

            Este incidente que mostró la ignorancia teológica del Pentágono estuvo precedido de un virulento ataque de Trump al papa León XIV en su red Truth Social. El papa León XIV criticó, en término evangélicos, la guerra de agresión contra Irán y más aún la amenaza de borrar del mapa a una civilización milenaria. Trump se destapó contra el papa y León XIV respondió: «No le tengo miedo a la Administración Trump, ni a proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí, para lo que la Iglesia está aquí». Inmediatamente, J. D. Vance, el vicepresidente norteamericano, que se convirtió al catolicismo hace seis años, amonestó al pontífice, advirtiéndole que tenía que ser «más cuidadoso al hablar de teología» y le recordó la doctrina católica de la guerra justa. La ironía sobre la torpeza de Vance fluye espontánea, pues la doctrina de la guerra justa fue formulada por San Agustín y el papa, sacerdote de la orden agustina, obtuvo su doctorado magna cum laude en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, en Roma. Es decir que, si alguien tiene credenciales académicas y religiosas para hablar de la guerra justa es, por sobre todas las opiniones legas, el papa León XIV.

San Agustín plantea que la guerra es una tragedia producto del pecado de los hombres y puede ser lícita si, principalmente, busca la paz, si es declarada por una autoridad investida legalmente para ello, y si respeta la vida de los enemigos, entre otras consideraciones. San Agustín escribe en La ciudad de Dios: «Si de los gobiernos quitamos la justicia, pregunta, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala?». Al recordar que los reyes asirios desataron las primeras guerras imperialistas, san Agustín señala: «De todas maneras, al declarar la guerra a los pueblos limítrofes, el pasar luego de ahí a nuevas conquistas; el devastar y someter pueblos pacíficos por la sola pasión de dominio, ¿qué otro nombre se merece sino el de una gigantesca banda de ladrones?».

Claro que el debate, en estos tiempos de posverdad, seguramente se estiraría hasta la justificación del genocidio y la retórica guerrerista pretende justificarse con el intento de poner en entredicho la autoridad del papa en asuntos teológicos. La estrategia de Trump, Vance y Hegseth es desgastar la figura moral del papa León XIV e intoxicar las redes con mensajes que reducen las enseñanzas pastorales a opiniones de un “débil”, “cobarde e ignorante en política internacional”. Así, Trump y Cía. se apoderarían también del discurso teológico católico, como ya lo hacen todos los días en el campo evangélico y protestante de los EE. UU. con los pastores trumpistas liderados por la asesora espiritual de la Casa Blanca, la pastora tele-evangelista Paula White-Cain, más fanática que los Ayatolas iraníes.

 

“Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: «Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!» (Is 1,15).” (Homilía del papa León XIV durante el Domingo de Ramos de 2026)

               El meme diseñado por inteligencia artificial en el que se muestra a Trump como Jesús atendiendo a un enfermo, y que el propio Trump subió a su red social, es un signo de que, con cada red flag, Trump arrastra a sus seguidores a que se revuelquen en el fango de sus delirios. Cobarde como todo bully, frente a la censura mundial, Trump se justificó diciendo que se veía a sí mismo como un médico, aunque terminó borrándolo de su red social. Al igual que Enrique VIII fundó la iglesia anglicana, no sería nada raro que Trump pretenda, en medio de una baja de popularidad o para justificar otra guerra imperial, fundar la iglesia católica norteamericana, cuyo papa sería nombrado por el presidente de los EE. UU. La religión así utilizada por el poder, para legitimar su propia violencia y rapacidad, es el verdadero opio del pueblo. 

 

La del estribo

 

            El 20 de abril de este año, un sargento de policía asesinó a su esposa, la abogada Solange Arellano, en la mitad del tramo del Puente de la Unidad Nacional que enlaza La Puntilla con Durán. Luego de cometer el feminicidio, se suicidó. Por enésima vez: no existe el “crimen pasional”. Hablar de “crimen pasional” es un eufemismo que encubre la violencia estructural de una sociedad patriarcal. Lo que sí existe es el feminicidio: es decir, el crimen que, por machismo, comete un hombre contra una mujer, generalmente, su pareja. Cuando frente a un feminicio, la prensa utiliza un titular como el de Super, está evidenciando esa misoginia normaliza que desprecia a la mujer víctima y la re-victimiza: ¿qué evoca en los lectores el mensaje de que una mujer asesinada por su marido haya sido «cazada en el puente»? ¿De verdad considera un diario, que se llama a sí mismo «diario familiar», que este titular protege a la familia? Definitivamente, en este titular la víctima ha sido deshumanizada.

 

 

lunes, abril 20, 2026

«La Grazia»: Paolo Sorrentino nos ofrece una elegante meditación ética, política y jurídica


Toni Servillo ganó la Copa Volpi al Mejor Actor en el 82 Festival de Venecia 2025.

La Grazia: La belleza de la duda
(La Grazia, Italia, 2025), 133 min. Dirección y guion: Paolo Sorrentino. Fotografía: Daria D’Antonio. Reparto: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Milvia Marigliano, Massimo Venturiello, Orlando Cinque.

            Mariano de Santis, interpretado con exquisitez por Toni Servillo, es un presidente de Italia a punto de terminar su mandato. Además, es un hombre viejo, próximo a jubilarse de la escena política. De Santis es también un jurista y la sobriedad con la que encarna su cargo resulta de por sí un poderoso contraste, cultural y políticamente simbólico, con la sociopatía y el histrionismo de algunos presidentes del tipo Trump o Milei. De Santis es un político conservador, católico, honesto, algo atormentado por antiguos celos y la nostalgia amorosa, que debe decidir si sancionar o negar la legalización de la eutanasia y otorgar o no sendos indultos a una mujer que asesinó a su marido abusador y a un hombre que mató a su esposa con Alzheimer. La cuestión ética, moral y política se debate en la mirada, en los gestos y el andar de Toni Servillo, porque los diálogos, un tanto parcos en su argumentación, están lejos de la brillantez de la cinematografía, aunque la idea de que la gracia es la belleza de la duda resuena muy poderosa y tiene un aire sublime. La hermosura contemplativa de la fotografía (a cargo de Daria D’Antonio, que trabajó con Sorrentino en Parthenope, 2024 y La mano de Dios, 2021) contribuye al tono intimista y profundo que el director logra con su personaje. La soledad del poder está representada con hondura en esos planos con De Santis en la casa de gobierno, en los diálogos con su hija Dorotea (Anna Ferzetti), que es también su consejera, en la intimidad del despacho o una cena, y con su edecán (Orlando Cinque), que es una suerte de confidente, en la terraza de la casa mientras contempla una Roma, que no es la de los turistas, con los ojos de introspección. La idea de la duda, como una estancia moral, me recuerda la frase de Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco: «El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda». En el filme de Sorrentino, Toni Servillo encarna la duda como la estancia en un intenso estado de gracia. «Quién es dueño de nuestros días», se pregunta Dorotea, que está a favor de la eutanasia, y la pregunta queda en la consciencia del público con sus resonancias políticas, jurídicas y éticas. La grazia: la belleza de la duda, de Paolo Sorrentino, es una película para meditar y disfrutar mientras celebramos el milagro de la lentitud elegante y la calma misteriosa en estos tiempos de la indigesta comida rápida y los estúpidos ultimátums nucleares. 

 

La del estribo

 

No. Don Quijote nunca dice esta frase ni nada parecido. Quienes la divulgan en sus estados de WhatsApp o en las redes sociales para echarse encima una pátina literaria solo demuestran que nunca han leído el Quijote y que lo mencionan solo como postureo. Lo que sí le dice don Quijote a Sancho, al aconsejarle sencillez antes de que asumiera el gobierno de la ínsula Barataria, es: «Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, porque viendo que no te corres, ninguno podrá correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio» (II, 42). Y, más adelante, lo aconseja así: «Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera afectada que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala» (II, 43).

lunes, abril 13, 2026

Celebremos el Día del Magisterio ecuatoriano a pesar de las dificultades de la profesión

(Fotografía: sitio web de Unesco)

Ser maestra siempre ha sido difícil. Ser maestro siempre ha sido una vocación de las dificultades. Por lo general, a pesar de las declaraciones de los organismos internacionales y ciertos esfuerzos gubernamentales, el reconocimiento económico del magisterio está por debajo de las responsabilidades de la profesión. Hoy, la valoración social del magisterio es baja y la precariedad laboral ha aumentado. Un informe de la UNESCO señala que para cumplir las metas de universalización de educación básica y bachillerato para el 2030, «en América Latina y el Caribe, se necesitan al menos un millón de docentes calificados en educación primaria y 2,2 millones en secundaria»[1] y en el mundo 44 millones de docentes adicionales. La profesión docente en el mundo enfrenta enormes desafíos que tienen relación con las condiciones laborales y las nuevas condiciones sociales de la enseñanza.

            En agosto 28 y 29 del año pasado se desarrolló en Santiago de Chile la primera Cumbre Mundial sobre Docentes, organizada por la UNESCO y el gobierno chileno. En dicha reunión se adoptó el Consenso de Santiago, que, entre otros acuerdos para «reinventar y apoyar la profesión docente», enfatiza los siguientes compromisos:

 

  Elaborar políticas inclusivas y condiciones de empleo justas que respalden al personal docente a lo largo de su trayectoria profesional —incluidas la contratación, la mentoría, la asignación, el desarrollo profesional, las condiciones de trabajo y las trayectorias de carrera—;

  Mejorar el diálogo social y la participación del profesorado en la toma de decisiones y la formulación de políticas;

  Movilizar recursos nacionales e internacionales, incluidos mecanismos innovadores de financiación como los canjes de deuda por educación;

  Priorizar la igualdad de género, la inclusión y la diversidad del personal docente para elevar el estatus social de la profesión.

  La Cumbre también brindó la oportunidad de subrayar la necesidad de apoyar al personal docente en el uso de las tecnologías digitales en la educación, que están transformando inevitablemente la profesión. En los dos últimos años, la UNESCO ha publicado dos guías para ayudar al profesorado a desarrollar sus competencias en este ámbito.[2]

           

(Fotografía: sitio web de Unesco)
             

            En nuestro país, la docencia, debido a la violencia delictiva que azota sobre todo a los sectores más vulnerables, se ha vuelto una profesión de riesgo, por decir lo menos. En la entrada del 1 de septiembre de 2025, al abordar las dificultades estructurales para prevenir la presencia de los GDO en las escuelas, señalé que «la escuela, en tanto institución, se ha vuelto un territorio en disputa y, si bien es importante la presencia policial y/o militar, no es menos cierto que para prevenir la injerencia de los GDO es imprescindible un abordaje estructural de calidad desde el Estado». Por lo que, solo cuando exista una aproximación intersectorial y de largo plazo al problema en los territorios signados por la violencia podremos desterrar la presencia de los GDO en la escuela.

            Menos peligroso para la vida, pero muy grave para los procesos pedagógicos es la brecha tecnológica como resultado de una brecha social y el uso, cada vez más indiscriminado, de la IA generativa para la escritura de las tareas escolares. Esto último sucede, lamentablemente, con el beneplácito de quienes no entienden que los algoritmos LLM (Modelos de lenguaje de gran tamaño) ejercen una piratería sin control del saber humano. La IA no es una ayuda similar a la de la calculadora, es el reemplazo del usuario en las tareas del lenguaje, que es el sistema operativo del ser humano. Quienes son docentes hoy tienen que lidiar con una tecnología que parecería ubicar en la obsolescencia la escritura y la lectura como herramientas básicas del aprendizaje.

            Yo he tenido la fortuna de ejercer mi vocación docente en todos los niveles del sistema educativo, como profesor y en funciones administrativas, excepto como profesor de aula de la antigua primaria. Me hubiera encantado ser maestro de primer grado, ese año cuando la niña y el niño descubren la maravilla de la lectura, la magia de la escritura. En este 13 de abril, Día del Magisterio, en medio de mis disquisiciones sobre las dificultades de esta profesión que amo, recuerdo con cariño al maestro Alejo Andrade, mi profesor de primer grado, aquel que, con paciencia y calidez, nos dio, a unos niños inquietos, las herramientas de la lectoescritura para descubrir el prodigio del mundo y de la vida.

 

La del estribo

 

             El 13 abril fue instituido como Día del Maestro Ecuatoriano por el presidente Alfredo Baquerizo Moreno el 29 de mayo de 1920. La fecha de la celebración fue escogida como un homenaje a Juan Montalvo, que nació en aquel día de 1832. En la octava Catilinaria (1881), al disertar sobre la educación en Europa y Sur-América y las desigualdades sociales por falta de aquella, Juan Montalvo concluye en una parte del ensayo así: «Esto de que todo lo sepan unos y nada otros, es fuente de tantos males como eso de que todo lo poseen unos y nada otros: el hambre del espíritu, la desnudez de la inteligencia, son desdichas tan grandes por lo menos como el hambre y la desnudez del cuerpo. Que todos sepan leer y escribir y alabar a Dios, es tan necesario como el que todos tengan un plato de comida y un trapo con que cubrirse. Esta, esta igualdad es la que deseamos, y la que hará la felicidad de los hombres, algún día».

 

Foto: Juan Montalvo, c. 1875-1880. Fondo fotográfico Dr. Miguel Díaz Cueva, Instituto Nacional de Patrimonio Cultural.