José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).
Mostrando entradas con la etiqueta Políticas públicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Políticas públicas. Mostrar todas las entradas

lunes, julio 10, 2023

Sentido común para combatir al crimen y fortalecer la seguridad ciudadana

La criminalidad que ha vuelto violento e inseguro a nuestro país no se resuelve de un “carajazo”, ni con la retórica de tener “pantalones bien puestos”, ni con la consigna simplista de “matar a todos los malos”; ni siquiera con el populismo penal que habla de “endurecer las leyes”. Se requiere aplicar las leyes que existen y reformarlas si algo no funciona; se necesita, también, liderazgo político y conocimiento de cómo funciona el aparato del Estado, así como una firme voluntad política para combatir el crimen que implique la transformación de la Policía Nacional y del sistema judicial. En este sentido, las políticas públicas que hay que formular para la erradicación de la violencia y el fortalecimiento de la seguridad ciudadana —a corto, mediano y largo plazo— deben ser holísticas para enfrentar no solo los efectos sino, sobre todo, las causas estructurales de la delincuencia y el crimen.

 

UPC, en Circunvalación entre Ilanes e Higueras, en Urdesa, Guayaquil. El centro médico Semedic, a veinte metros de la UPC, sufrió un atentado la noche del martes 20 de junio de 2023. (Foto: R. Vallejo, 12 de junio de 2023)

La consigna de “matar a todos los malos” es fácil decirla. No sé si quienes la exponen como solución van a salir a la calle con un arma a matar a todos los que tales personas consideren criminales. Lo que sí sé es que hay que exigir a quien tiene la obligación de dar seguridad a la ciudadanía que cumpla con su deber: ese responsable es el gobierno que está a cargo del país. Y si no pueden hacerlo por ineptitud de sus cabezas, por la complicidad en varios niveles de la administración o por ambas cuestiones, pues, entonces, que se regresen a sus casas porque la administración del Estado requiere de personas capacitadas para la formulación y ejecución de las políticas públicas y comprometidas con las necesidades de la ciudadanía.

Varias son las preguntas que, quienes no somos expertos, nos hacemos al respecto. Si hay graves infiltraciones en la policía, ¿por qué no reorganizan, institucionalmente, a la policía? Si no hay respuesta inmediata a los delitos por parte de la policía, ¿por qué no se fortalece el sistema del 911 y se articula a él todos los servicios de emergencia? Si la ciudadanía está indefensa frente a la delincuencia, ¿por qué no recuperar y ampliar la red de UPC? ¿por qué no diseñar e implementar un sistema de patrullaje disuasivo, de control permanente —aprovechando las cámaras de seguridad ya instaladas— y de intervención inmediata frente al delito? Si se dice que los delincuentes están bien equipados, ¿por qué no equipar a la policía de vehículos nuevos de todo tipo? ¿por qué no se la dota, en forma permanente, del armamento adecuado para cada situación, de equipo de seguridad como cascos, máscaras, chalecos, protección contra caídas, etc.? Si se requiere policías mejor calificados, ¿por qué no se entrena permanentemente a la tropa y se establecen protocolos para los operativos y la respuesta inmediata al momento del delito? Si la justicia no opera como es debido, ¿por qué no se reforma y reorganiza el aparato judicial y se fortalece un sistema de protección de jueces, fiscales y testigos? Todas esas tareas, que son de sentido común, más el desarrollo de sistemas de inteligencia para la prevención del delito, la modernizados de los laboratorios de investigación, son trabajos pendientes que el nuevo gobierno deberá implementar de inmediato.

Las acciones son de diverso tipo y todas urgentes, pero no deben limitarse a la seguridad. Los programas de inversión social son indispensables y deben ejecutarse a la par que las políticas específicas de seguridad. No hay donde perderse: recuperar la inversión en educación y salud públicas de calidad —parece obvio, pero lo primero que los gobiernos neoliberales disminuyen es la inversión en estos rubros reemplazándola por prácticas de caridad clientelar y el traslado de los costos a la población—; inversión en obra pública —no guardar el dinero del Estado en Suiza para beneficios de los tenedores de papeles de la deuda ecuatoriana, como pregonan los economistas neoliberales—; generación de empleo y multiplicación del crédito productivo —no como demagógica promesa de campaña electoral sino como ejecución real de una política económica pensada para favorecer a las mayorías y no solo al círculo íntimo que lucra del capital financiero y a los empresarios que viven subsidiados por el Estado—; y, finalmente, que la ciudadanía se apropie de sus ciudades a través de políticas públicas que hagan de la cultura un elemento indispensable de cohesión social[1] —no el entendimiento de la cultura únicamente como espectáculo—. Es decir, se requiere la recuperación de las políticas públicas en las diversas áreas de la sociedad porque la destrucción de lo público y de la acción del Estado, bajo la falsa creencia de que todo lo resuelve el emprendimiento individual y la empresa privada, nos ha llevado a la situación desesperante en la que vivimos.

Semanas atrás intentaron secuestrar a dos parientes queridos, en Durán, pero, gracias a una maniobra audaz de quien manejaba, ellos pudieron escapar de los criminales. ¿Los policías? Pues, los policías les aconsejaron que “anden con cuidado porque Durán es peligroso” y “que cambien de rutina”, pero no movieron un dedo para investigar. Como dicen: no esperaban nada, pero aun así lograron decepcionarlos. A pocos metros de una destartalada UPC, en Urdesa, en Guayaquil, el centro médico a donde voy, derivado por el IESS, sufrió un atentado y su dueño un secuestro —afortunadamente fue rescatado por la Unase, ese cuerpo de élite que es de los pocos que cumple con su deber—. A diario se leen noticias de asaltos, robos, secuestros, vacunas, asesinatos en la modalidad de sicariato, etc. Todo esto nos está llevando a medidas desesperadas —entendible porque la situación de inseguridad es desesperada— pero, lastimosamente, no se ven señales de sentido común ni en las acciones del gobierno ni en el debate de las políticas públicas.



[1] En este mismo blog, ver la entrada del 19 de junio de 2023: https://acoso-textual.blogspot.com/2023/06/la-inversion-local-en-cultura.html


lunes, mayo 16, 2022

La muerte anda libre en la cárcel

La espera de los familiares, afuera de la cárcel de Santo Domingo de los Tsáchilas, fue angustiosa. (Foto cortesía publicada por la revista digital GK, el 9 de mayo de 2022)
             

            En 2021, el 23 de febrero, en las cárceles de Cuenca, Latacunga y Guayaquil, hubo 79 muertos; el 28 de abril, en Guayaquil, 5; el 22 de julio, en Latacunga, 27; el 28 de septiembre, en Guayaquil, 119; y el 13 de noviembre, en Guayaquil, 68. En 2022, el 3 de abril,en Cuenca, 20; y el 9 de mayo, en la cárcel de Santo Domingo de los Tsáchilas, 43 muertos.[1] En marzo de 2021, la periodista Karol Noroña, en un doloroso reportaje sobre los sobrevivientes de la masacre en la cárcel de Latacunga, transcribió este diálogo desesperanzador entre madre e hijo preso: «—Mijito lindo, y ahora, ¿qué hacemos? / —Rosita, regáleme diez dólares para comprar un machete, por favor. / —¿Cómo vas a hacer eso, mijo? / —No, mamita. Si yo no me defiendo, me van a matar. No voy a meterme en nada, te prometo, Rosita»[2]. Las más de 360 muertes violentas durante varios amotinamientos en las cárceles del país, entre 2021 y 2022, habla de la incapacidad para abordar el problema social que provoca la criminalidad y para abordar el problema carcelario y también nos desnuda como una sociedad carente de piedad propensa a soluciones fascistoides.

             La criminalidad es consecuencia de la inequidad social. La reducción la inversión en educación y salud públicas, como postulados de políticas de ajustes, solo acrecienta la inequidad. La reducción de la inversión en dichos campos destruye la posibilidad de que la educación sea un espacio de movilidad social y que la salud sea un derecho de la ciudadanía para la tranquilidad familiar. La ausencia de políticas públicas para el desarrollo profesional y expectativas laborales de la juventud en situación de riesgo marchita la espectativa de una vida mejor basada en el estudio y el trabajo. La incapacidad del Estado para responder a la pobreza y a la injusticia social posiciona la idea de que “el pobre es pobre porque quiere y porque es vago”, que no es sino el fruto de la perversa pereza mental del clasismo.  

            «Estos incidentes preocupantes destacan una vez más la necesidad urgente de una reforma integral del sistema de justicia penal, incluido el sistema penitenciario, para hacer frente a lo que ha sido una crisis prolongada en el país», dijo Michelle Bachelet, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos, frente a los hechos sangrientos acaecidos en la cárcel de Santo Domingo, el pasado 9 de mayo
[3]. Y es que el problema de la violencia en las cárceles no es ni policial ni militar, es decir, no se resuelve con “la política del gatillo fácil”. Hay que pensar en un Ministerio de Justicia y el fortalecimiento de una política carcelaria centrada según prescribe el artículo 201 de nuestra Constitución: «el sistema de rehabilitación social tendrá como finalidad la rehabilitación integral de las personas sentenciadas penalmente para reinsertarlas en la sociedad […]
tendrá como prioridad el desarrollo de las capacidades de las personas sentenciadas penalmente para […] cumplir sus responsabilidades al recuperar la libertad». Bachelet, en representación de la ONU, hace una advertencia que, como país, debemos tomar en serio: «hacemos hincapié en que la responsabilidad del Estado por la seguridad de todas las personas bajo su custodia crea una presunción de responsabilidad del Estado por estas muertes»[4].

            Y, finalmente, el discurso de “aplicar la mano dura” pretende imponerse como la “solución final”: frente a la ola delictiva, “mano dura”; ante el sicariato, “mano dura”; contra el tráfico drogas, “mano dura”; para solucionar la violencia en las cárceles, “mano dura”. Las propuestas fascistoides para resolver los problemas de la inequidad social —que es consecuencia de las miserias del capitalismo neoliberal—, parecerían estar calando en el espíritu aterrado de una ciudadanía que padece las consecuencias del problema sin tener consciencia de las causas del mismo. Lo peor de todo, es que las matanzas están cosificando a los muertos y nos resulta fácil decir: “…es que se matan entre ellos”, como si ese “ellos” fuera un ser colectivo sin humanidad, una anomalía de desechables, cadáveres ambulantes a los que hay que enterrar sin velorios. ¿Por qué no declarar duelo nacional ante tantas muertes? ¿Para qué, si esos muertos eran unos delincuentes?[5] Y, así, sin piedad, la ciudadanía opta por convertirse en una pieza sin corazón del engranaje de la violencia estructural del capitalismo salvaje.  

            La cárcel, tal como se la padece en nuestra sociedad, es un espacio de crueldad estructural en donde toda esperanza, como en el infierno de Dante, debe ser abandonada en el instante en que el reo ingresa a prisión. En Ecuador, además, es un espacio de poder criminal que somete a los individuos a una violencia en la que la proximidad de la muerte, que anda libre en la cárcel, es un castigo sin redención posible.



[1] Orlando Pérez, @OrlandoPerezEC, «¡¡Las cifras oficiales de las 7 masacres carcelarias (2021-2022) suman 361 personas asesinadas en los centros de reclusión controlados por el Estado!! #Amotinamiento (Con esto, además, dejo sentada la disculpa a @diegopuente1 por el uso de su cuadro estadístico de ayer)», Twitter, 10 de mayo de 2022, https://twitter.com/OrlandoPerezEC/status/1524043089232502786?s=20&t=FeObxIrwkhgxWDuUH_HBiQ Esta información se completa con una precisión al hilo: «En este cuadro no se incluye la cifra de muertes violentas en las cárceles que no se produjeron en #amotinamientos. De las fuentes consultadas, si se incluyera la cifra podría ser de 450 o más entre 2021 y 2022».

[2] Karol Noroña, «Sobrevivientes de una masacre tras las rejas», La barra espaciadora, 28 de marzo de 2021, acceso 14 de mayo de 2022, https://www.labarraespaciadora.com/ddhh/sobrevivientes-de-una-masacre/

[3] Una excelente crónica de este suceso luctuoso la encontramos en Karol Noroña, «Masacre en la cárcel de Santo Domingo. Esto sabemos», GK, 9 de mayo de 2022, acceso 14 de mayo de 2022, https://gk.city/2022/05/09/masacre-carcel-santo-domingo/

[4] «Bachelet urge a reformar cárceles de Ecuador tras nueva masacre», Inter Press Service, 10 de mayo de 2022, acceso el 14 de mayo de 2022, https://ipsnoticias.net/2022/05/bachelet-urge-a-reformar-carceles-de-ecuador-tras-nueva-masacre/

[5] En noviembre de 2021, a propósito de la matanza en Guayaquil, publiqué en este blog el poema «A media asta»