(Fragmento de la obra "Tardes de lluvia en el porche", de la artista María Rosa Muñoz)

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
(Dicho por Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco).

martes, julio 04, 2017

Yo antes de ti: transformar al otro, a uno mismo



No me gustan las películas de personajes con enfermedades catastróficas o terminales, en general, así que me he negado sistemáticamente a ver La escafandra y la mariposa, que ganara un Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa, o Wit, con la extraordinaria Emma Thompson… y eso que se trata de una profesora de literatura. Aclaro, antes de continuar, que no tiene nada que ver con la calidad de filme o, peor, con alguna consideración negativa sobre la validez de un tema, sino con una cuestión personal frente al sufrimiento y la muerte.
            No obstante, si bien me he negado a ver la película hasta el día de hoy, decidí leer Yo antes de ti (2012), novela de Jojo Moyes (Londres, 1969), lo que ha sido para mí una lectura de saneamiento y reconciliación frente al dolor y el sufrimiento; y frente a la confrontación entre la pulsión de vida y el anhelo de muerte. Lectura de un texto sentimental, sin pretensiones, que, sin embargo, cuenta una historia de manera diáfana, construye personajes con verdad afectiva, y trasciende en su planteamiento ético.
            Yo antes de ti es una historia de amor con los ingredientes que se necesitan para llorar. A medida que avanzamos en su lectura, la novela nos va involucrando en las transformaciones que por mutua influencia sufren los personajes, en los dilemas éticos que deben afrontar, y en la desesperada necesidad de encontrar un camino propio en la vida. “Hay horas normales y hay horas yermas, en las que el tiempo se estanca y se desliza, donde la vida (la vida real) solo existe en otro lugar”, piensa Louisa. La historia, sin que lo sintamos, se convierte en un alegato sobre el buen vivir, atravesado por las repercusiones personales, familiares y legales de la eutanasia.
            Louisa Clark es una muchacha de 26 años que pertenece a una familia de clase media. Ella trabaja de mesera en una pequeña cafetería, su padre en una fábrica que amenaza con cerrar, su madre se dedica a las tareas de casa, y su hermana, madre soltera, es la única de la familia que va a la universidad. “Soy baja, morena y, según mi padre, tengo cara de elfo. Y no se refiera la «belleza élfica». No soy fea, pero que nadie me va a llamar nunca guapa.” Su novio Patrick, un entrenador personal, es “el tipo de rostro que se vuelve invisible en la multitud.” Al cerrar la cafetería, ella se encuentra, de pronto y sin estudios de enfermería, trabajando como asistente de cuidados diarios de un millonario tetrapléjico.
            Él tiene 35 años, un carácter cínico y agresivo, y respira una profunda amargura por la forma en que tiene que vivir como tetrapléjico C5/C6; se trata de Will Traynor, que ha pasado sus dos últimos años en una silla de ruedas luego de un accidente de tránsito. Traynor, hasta antes del accidente, era un hombre con fortuna, un triunfador en los negocios y un ser pletórico de vida. A él lo atiende un enfermero llamado Nathan, quien le revela a Lou la real situación: “No va a volver a caminar, Louisa. Eso solo ocurre en las películas de Hollywood. Lo único que hacemos es evitarle el dolor y conservar el poco movimiento que tiene.”
            Los elementos para el drama amoroso están dados. Diferente clase social y, por tanto, niveles distintos de educación y visión del mundo. Obviamente, la actitud que ambos tienen frente a la condición médica de Traynor es radicalmente opuesta. La relación que desarrollan Will y Lou es una mezcla del conflicto de Love Story, de Erich Segal, y le recreación del mito de Pigmalion, en la obra de George Bernard Shaw.
            Will, desde su acritud, es conmovido por la sencillez, inteligencia y vivacidad de Lou. Ella, que se da cuenta de su propia transformación espiritual, siente que su misión es provocar un destello de felicidad en medio de la vida miserable en la que se siente envuelto Will. El surgimiento de la sensualidad se da en una escena cotidiana, cuando Lou decide afeitar a Will, quien se había negado sistemáticamente a tener un mejor aspecto. “Fue un momento de una extraña intimidad, este afeitado. Comprendí que había dado por supuesto que su silla de ruedas sería una barrera, que su discapacidad impediría toda sensualidad.”
            Los personajes crecen en la medida en que van confrontando situaciones complejas en términos que los obligan a tomar definiciones éticas, desde lo cotidiano. No estamos ante un discurso filosófico sino ante la puesta en juego de principios vitales en medio de una historia de amor protagonizada por una extraña pareja. Al final de un concierto al que asisten ambos, las palabras de Will, “Solo… quiero ser  un hombre que ha ido a un concierto con una chica vestida de rojo”, se complementa con las de Lou: “Cerré los ojos y apoyé la cabeza en el asiento, y nos quedamos ahí sentados, juntos, durante un tiempo, dos personas que se dejaban llevar por una música recordada, medio ocultos a la sombra de un castillo en lo alto de una colina iluminada por la luna.”

Pauline Sara Jo Moyes (Londres, Reino Unido, 1969)
             La voz de Louisa, la primera persona narrativa, fluye convincente, natural y con ella los afectos que son compartidos con los lectores. Ah, también están los diálogos: cómo muestran a los personajes y cómo los enriquecen con cada frase que dicen. Y la historia: Jojo Moyes sabe cómo contar e ir desgranando los sucesos hasta un final inevitable que, al igual que Louisa, en un principio, nos negamos a aceptar hasta que comprendemos las razones de Will. Entonces la tristeza se mezcla con el regocijo por liberación que se produce con la muerte. La situación emocional de los personajes durante el encuentro final, en Suiza, entre Lou y Will, podría ser resumido en estas líneas dichas por ella:

“Comprendí que tenía miedo de vivir sin él. ¿Cómo es que tienes el derecho a destrozarme la vida, quise preguntarle, pero yo no tengo ningún poder sobre la tuya?
Pero se lo había prometido.
Así que lo abracé. Will Traynor, experto exnegociador en Londres, exsubmarinista temerario, deportista, viajero, amante. Lo abracé con fuerza y no dije nada, sin dejar de decirle en silencio que era amado. Oh, pero cómo era amado.”

Yo antes de ti, de Jojo Moyes, es una novela de amor narrada con fluidez y verdad, que tiene los ingredientes necesarios para provocar un llanto profundo y liberador; tal vez no sea una novela que engrose el canon literario de la academia, pero sí es una novela en cuya historia dos personajes disímiles, social y vivencialmente, aprenden a escucharse y en ese proceso transforman al otro y se transforman a sí mismos.

1 comentario:

Lucre dijo...

Vi la peli. Hace tiempo ya, con mi hija. Me gustó bastante. Gracias por recordarme esos momentos de sensibilidad necesarios para que la vida no se vuelva la eterna reflexión profundísima que si es excesiva termina fatigando el espíritu. Bello tu análisis. Gracias otra vez.