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| Julio Peña como Miguel de Cervantes en El cautivo (2025), de Alejandro Amenábar. La película está disponible en Netflix. |
En el capítulo décimo del tercero libro de Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617) se cuenta la historia de dos mancebos que, frente a dos alcaldes, describen un lienzo en el que está pintada la ciudad de Argel, «puesto universal de corsarios y amparo y refugio de ladrones»[1], y también los castigos que sufrieron como cautivos. Uno de los alcaldes, que ha estado cinco años en Argel como esclavo, se da cuenta de que los falsos cautivos han estado «contándonos mentiras y embelecos» (307) y decide castigarlos mediante el escarnio de pasearlos por el pueblo encima de sendos burros. Los falsos cautivos son, en realidad, estudiantes de Salamanca que quieren enrolarse en la armada de España y necesitan dinero que recolectan contando historias. Al final, luego de sentidos argumentos sobre la justicia y la ley, el alcalde los perdona y los invita a su casa «donde les quiero dar una lición de las cosas de Argel, tal, que de aquí en adelante ninguno les coja en mal latín, en cuanto a su fingida historia» (310).
En la obra de Miguel de Cervantes es constante la reflexión sobre el arte de contar historias. Así, en El Quijote (I, XLII), luego de escuchar la historia del cautivo contada por el capitán Ruy Pérez de Viedma, don Fernando dice: «Por cierto, señor capitán, el modo con que habéis contado este extraño suceso ha sido tal, que iguala a la novedad y extrañeza del mismo caso: todo es peregrino y raro y lleno de accidentes que maravillan y suspenden a quien lo oye; y es de tal manera el gusto que hemos recibido en escuchalle, que, aunque nos hallara el día de mañana entretenidos en el mismo cuento, holgáramos que de nuevo comenzara». La figura de Cervantes como el fabulador, el contador de historias, «el más grande mentiroso», según Hasán Bajá, gobernador de Argel, que era también su carcelero y benefactor, es central en El cautivo (2025), la película dirigida por Alejandro Amenábar[2], que, además, maneja muy bien la mezcla de realidad, vida e imaginación e introduce, para la polémica, la ficción de un Cervantes que mantiene una relación homoerótica con Hasán Bajá.
Ya desde el título, El cautivo, de Amenábar, nos plantea el entrecruce de realidad y ficción y el diálogo intertextual entre la trama de la película, la escritura de El Quijote y la vida del Manco de Lepanto. Cervantes estuvo preso, es decir cautivo, en Argel, de 1575 a 1580, y en El Quijote, la historia del cautivo se cuenta en los capítulos XXXIX a XLI de la primera parte. En la película, el cautivo es el mismo Cervantes. En El Quijote, Cervantes aparece ficcionalizado por Ruy Pérez de Viedma; este, al contar las crueldades de Hasán Bajá, a quien llama Azán Agá, dice que «cada día ahorcaba el suyo, empalaba a éste, desorejaba a aquél», también señala un hecho singular: «Sólo libró con él un soldado español llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar la libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra…» (I, XL). Lo que lo salva, según la película, es su habilidad de contar historias —al igual que Sherezade, que las cuenta para salvar su vida— con las que entretenía no solo a los prisioneros, sino al propio Hasán Bajá, de tal forma que aseguraba para sí una consideración especial.
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| Alessandro Borghi como Hasán Bajá |
Justamente, la mención que hace el cautivo Ruy Pérez en El Quijote sobre el propio Cervantes es uno de los textos que da pie para intuir que la relación entre Hasán y el escritor pudo ser una relación homoerótica. Muchos biógrafos se cuestionan que, luego de intentar escapar cuatro veces, Cervantes no haya recibido el castigo —la muerte por empalamiento— que Hasán Bajá acostumbraba a dar a quienes pretendían burlarlo. Rosa Rossi, Antonio Rey Hazas y Florencio Sevilla Arroyo, cervantistas reconocidos, señalaron, en los años noventa del siglo pasado, la posibilidad de que Cervantes se hubiera salvado por su relación homoerótica con Hasán. Sin embargo, hay quienes sostienen que el Bajá no empaló a Cervantes, simplemente, porque era un prisionero que valía ¡500 escudos!, que era una suma astronómica en la época[3]. El otro elemento que permitiría suponer la relación de Cervantes con Hasán es la acusación que hace el sacerdote dominico y comisario del Santo Oficio Juan Blanco de Paz. El dominico delató el cuarto intento de fuga de Cervantes y, además, lo acusó ante el Santo Oficio de haber cometido «cosas viciosas, feas y deshonestas» durante su cautiverio.
Amenábar aprovecha estos indicios y nos entrega un Cervantes de su invención que, al pasear por Argel, frecuenta un ambiente homoerotizado y termina enamorado de su seductor carcelero. En el diálogo que se da entre el escritor y el gobernador, luego de yacer juntos en el hedónico ambiente de las piscinas del palacio, Hasán le cuenta con crudeza cómo unos moros asesinaron a su madre y proclama la inexistencia del amor. Cervantes pregunta, con algo de ingenuidad: «Y si no hay amor en el mundo, ¿qué nos queda?», a lo que Hasán responde: «Los placeres. Los pequeños placeres. La luz del sol por la mañana. Las estrellas por la noche. Un buen banquete. Tus historias… cuando son buenas. El placer de la cópula». Así, la película confronta el hedonismo erótico del Bajá con la represión sexual católica de Cervantes. Y, en otro plano, la crueldad del Bajá con sus prisioneros en similitud con la crueldad de la Inquisición, institución para la que la sodomía era castigada con la muerte.
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| Fernando Tejero es el comisario del Santo Oficio Juan Blanco de Paz que acusa a Cervantes de «cosas viciosas, feas y deshonestas» durante su cautiverio. |
Juan Manuel Lucía Megías, experto cervantino y asesor de Amenábar para la película, ha dicho de forma dubitativa que «los documentos que acreditan su homosexualidad no tienen ninguna validez científica. Esto no significa que no pudiera tener relaciones homoeróticas, pero no hay pruebas concluyentes», y el mismo Megías ha señalado, en declaraciones a Newtral, que el rumor de que Cervantes huyó de Madrid por acusaciones de sodomía con su maestro López de Hoyos es un invento de Fernando Arrabal en su novela biográfica El esclavo Cervantes. El cervantista Daniel Eisenberg, que considera “repugnante” y una “chapuza” a la novela de Arrabal, concluye, un tanto indeciso, en «La supuesta homosexualidad de Cervantes», que este: «no es un defensor ni un partidario de la homosexualidad. Pero tampoco lo es de la heterosexualidad. No me parece un entusiasta de sexualidad alguna. El deseo sexual es una forma de locura; cuando se produce, hay que canalizarlo o encerrarlo con candados fuertes. Sí fue Cervantes un defensor del matrimonio, pero no es el matrimonio por amor, sino el destinado a la satisfacción sexual del varón y sobre todo a que los niños y sus madres tengan un apoyo económico». En cualquier caso, este elemento especulativo de la película, que Amenábar lo transforma en verdad de la ficción, es una provocación que es parte de la agenda personal del director. ¿Funciona en la película? Sí, a condición de entenderla como una invención particular, algo oportunista si se la quiere criticar, pero sin la perspectiva del discurso homofóbico.
El nacimiento del Cervantes fabulador en Argel, ese nuevo yo que emerge luego de cinco años de cautiverio, tiene un bautizo: el cambio del apellido materno Cortinas por el de Saavedra. Amenábar simplifica el cambio diciendo que Cervantes adopta el apelativo Saavedra por su significado de «brazo defectuoso» o «tullido», pero el asunto es un poco más complejo para los académicos. En «El tal Shaibedraa‘» (2013), Luce López-Baralt señala que la adopción del apellido Saavedra combina algunos elementos. En primer lugar, la existencia de un pariente lejano, Gonzalo Cervantes Saavedra, también soldado en Lepanto, al que Cervantes evoca como poeta en «El canto de Calíope», de La Galatea (1585):
Ciñe el verde laurel, la verde yedra,
y aun la robusta encina, aquella frente
de Gonzalo Cervantes Saavedra,
pues le deben ceñir tan justamente.
Por él la ciencia más de Apolo medra;
en él Marte nos muestra el brío ardiente
de su furor, con tal razón medido
que por él es amado y es temido.[4]
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| Miguel Rellán como Antonio Sosa, el narrador de la película. |
En tercer lugar, López Baralt señala lo complejo de la asunción del nuevo apellido. «Es que el apellido hispano Saavedra que adopta Cervantes consuena demasiado de cerca con el antiguo apellido argelino Sayb ag-gira' (también transliterado como Sazb al-d,ira '), pronunciado “Shaibedraa'” en árabe dialectal magrebí» (198). Ella concluye que en la adopción de su nuevo apellido también está presente el humor cervantino para trabajar los nombres de sus personajes y su manera de cristianizarlos: «Ahora vemos que el “grito de guerra” Shaibedraa', aun más que el simple Saavedra, conjuga en sí mismo todas estas experiencias identitarias encontradas. Por más, es nombre godo (por su origen gallego) y a la vez árabe (por su origen argelino): Cervantes, no cabe duda, se ha bautizado con un perfecto baciyelmo» (201).
El cautivo, de Alejandro Amenábar, es una película entretenida como era el objetivo cervantino al contar una historia, trabaja con lucidez la relación de la realidad y la ficción en la construcción narrativa, y asume el riesgo de inventar una historia, con mucho de especulación y poco de documentación, sobre la estancia de cinco años de Cervantes en la prisión de Argel.
La del estribo
Emmanuel Tornés Reyes (Manzanillo, 1948 – La Habana 2026). Un crítico lúcido y un estudioso riguroso de la literatura latinoamericana. Autor de numerosos libros de crítica literaria y antologías de narrativa latinoamericana. Emmanuel tenía la enorme vocación del maestro cuya enseñanza se esparce generosa y con cariño en cada clase. Un hombre sencillo y afectuoso que conocía el valor de la amistad. La foto es de octubre de 2010, en el Palacio de Carondelet, en Quito, cuando dio un curso de crítica latinoamericana en la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Una sentida necrología la encontramos en la edición digital de Granma, escrita por Madeleine Sautié: Adiós a Emmanuel Tornés, escritor y brillante maestro.
[1] Miguel de Cervantes, Los trabajos de Persiles y Sigismunda (Madrid: Real Academia Española, 2017), 304.
[2] El cautivo (2025), dirección, guion y música: Alejandro Amenábar; fotografía: Alex Catalán; vestuario: Nicoletta Taranta; elenco: Julio Peña (Miguel de Cervantes), Alessandro Borghi (Hasán Bajá), Miguel Rellán (Antonio de Sosa), Fernando Tejero (Juan Blanco de Paz), José Manuel Poga (Diego Castañeda), Luis Callejo (Dorador/Yusuf), Albert Salazar (Beltrán), César Sarachu (Fray Juan Gil), Roberto Álamo (Alonso/Abderramán), Luna Berroa (Zoraida). La película está disponible en Netflix.
[3] Según la IA de Google: «500 escudos de oro del siglo XVI (introducidos en 1535) representarían hoy una fortuna inmensa, difícil de calcular con precisión por la inflación histórica. Equivalían a gramos de oro puro (aprox. 1,7 kg de oro), con un valor en metal precioso superior a 120.000-130.000 euros actuales, sin contar su valor numismático».
[4] Miguel de Cervantes, La Galatea (Madrid: Real Academia Española, 2014), 381.
[5] Luce López-Baralt, «El tal Shaibedraa‘», en Varios autores, Hispanismos del mundo. Diálogos y debates en (y desde) el Sur, coord. Leonardo Funes (Argentina: Asociación Internacional de Hispanistas, 2016): 193-204.





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