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| Con 16 nominaciones, Sinners es la película más nominada de la historia del Oscar. |
Por supuesto que solo a mis amistades y a quienes leen este blog les interesa mi pronóstico sobre quién ganará el Oscar 2026 a la Mejor película. No he seguido como un apostador profesional los premios que cada una de las producciones ha ganado en la temporada previa al Oscar, pero algo he leído al respecto y he visto casi todas las nominadas, excepto una[1], y todas las favoritas de las quinielas. Entre las favoritas están Sinners, One Battle After Another, Hamnet, Marty Supreme y Sentimental Value, que son propuestas de cine tan disímiles que vuelven muy difícil el intento de compararlas. Esta tentativa de pronóstico, por lo tanto, es una mezcla de mis gustos de cinéfilo, la cercanía emocional con los asuntos tratados y la profundidad de la problemática ética que el filme plantea.
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| Brad Pitt en F1: The Movie |
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| Train Dreams se puede ver en Netflix |
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| Leonardo DiCaprio desarrolla un excelente papel protagónico en One Battle After Another. |
One battle after another, dirigida por Paul Thomas Anderson, está protagonizada por un Leonardo DiCaprio que es capaz, como dice mi hija, de crear un personaje con solo sujetarse el pelo con un moñito. La problematización de una revolución imposible en la sociedad norteamericana, de la existencia de una organización de millonarios supremacistas que se sienten por encima de la ley, y de los vínculos afectivos entre un padre desastroso y una hija vehemente, valiente y con conciencia de clase, está muy bien lograda. Es un drama de acción con una fuerte carga política que consigue un cierre optimista a pesar de reconocer la existencia de un poder militar, casi invencible, que sostiene el engranaje de la dominación. Es mi favorita, pero no creo que gane.
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| Timothée Chalamet en Marty Supreme. |
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| Stellan Skarsgård y Renate Reinsve en Sentimental Value. |
Si yo votara, lo haría por Sentimental Value, dirigida por Joachim Trier, o por Hamnet, dirigida por Chloé Zhao. La dos películas desarrollan la idea de la existencia de un espíritu sanador a través del arte teatral y la manera como el teatro representa la vida en toda su extensión. En ambas, el duelo y el remordimiento atraviesan a los personajes y, en ambas, la purificación y la piedad son posibles gracias a la pasión que tiene lugar en la escena. Son películas distintas en su tiempo y localidad, en el carácter de sus personajes, en su cinematografía, pero, al mismo tiempo, son películas que conversan con los espectadores en tono íntimo y diseccionan el desgarramiento al que los seres humanos estamos sometidos cuando se trata de nuestros dolores íntimos. Ahora bien, como tengo que votar solo por una, lo haré por Hamnet.
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| Michael B. Jordan como los hermanos gemelos Smoke y Stack, protagonistas de Sinners. |
Sin embargo, la que seguramente ganará el Oscar a la Mejor Película es la taquillera Sinners, dirigida por Ryan Coogler, que con diecéis nominaciones es la película más nominada de la historia del cine. Sinners tiene la extraña cualidad de ser una película transgenérica: es un drama histórico sobre el racismo, en el sur de los Estados Unidos, en el tiempo de las leyes Jim Crow, un espectacular musical sobre el jazz y su evolución, una película de horror sobrenatural, narrada con una desenfadada sensualidad, y que envuelve a su protagonista en un drama amoroso signado por el duelo. Además, DiCaprio la tiene difícil frente a la comentadísima intepretación dual de Michael B. Jordan como los dos hermanos gemelos protagonistas del filme. Temáticamente ambiciosa, combina vampirismo y folclor afroamericano, y su síntesis se conjuga en tiempos contemporáneos en un bar de Chicago: ahí se reunen el músico y los vampiros como la metáfora visual de la eternidad de la música, en general, y del jazz, en particular, con todo lo que ello conlleva en términos culturales y políticos.
Así que cerraré este artículo citando una verdad de Perogrullo que me genera la intelegencia artificial cuando le pregunto su pronóstico: «En última instancia, el resultado dependerá de cómo voten los miembros de la Academia, que suelen premiar tanto la relevancia cultural como la excelencia cinematográfica. Si la tendencia actual continúa, la competencia probablemente se decidirá entre Sinners y One Battle After Another, dos películas que representan visiones muy diferentes del cine contemporáneo, pero que comparten una ambición artística que las convierte en dignas aspirantes al premio más prestigioso de la industria». La IA juega al rojo y negro. Yo prefiero seguir apostando en mis sueños a que Hamnet gane el Oscar a la Mejor Película.
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| Jessie Buckley está maravillosa en Hamnet. Paul Mescal es un Shakespeare digno. |
[1] Para la escritura de esta entrada no alcancé a ver El agente secreto, dirigida por Kleber Mendonça Filho. Luego de los azotes correspondientes, me comprometo a verla algún día de esta semana.
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| Wagner Moura en El agente secreto, que también está nominada al Oscar a Mejor Película Internacional. |
Actualización del 10 de marzo: Anoche vi El agente secreto y, como me sucede con el cine brasileño, la película me gustó por el manejo del drama personal en el contexto de una dictadura civil-militar (1964-1984). No tiene la profundidad conmovedora de Aún estoy aquí ni una actuación que se asemeje a la fortaleza espiritual que le imprime Fernanda Torres al personaje de Eunice, pero El agente secreto, que ocurre en el carnaval de Recife de 1977, maneja con efectividad la sátira carnavalesca para describir a los represores y sus métodos burdos y crueles, y, al mismo tiempo, presenta la intimidad familiar de los protagonistas, víctimas de la violencia represiva. La película se abre con una escena casi surrealista: un muerto a tiros en una gasolinera al que la policía local, más interesada en extorsionar a un conductor, no le presta atención. Luego, nos entrega la historia de una pierna que patea a homosexuales y prostitutas en un parque y que los diarios sensacionalistas la presentan como noticia; unos matones de la dictadura tan crueles como estúpidos; cien muertos durante el carnaval que son celebrados como un éxito de la fiesta; y así. El equilibrio lo ponen las víctimas y sus vidas sencillas. Además, el filme tiene una serie de guiños-homenajes desde el cine al cine (Tiburón dialoga con parte de la trama; el cine del barrio exhibe afiches de los estrenos de Doña Flor y sus dos maridos y Pascualino Sietebellezas, y, como en Cinema Paradiso, la cabina de proyección es un espacio protagónico). Si bien no está entre mis favoritas para el Oscar, El agente secreto, protagonizado de manera brillante por Wagner Moura, es un thriller político de buena factura cargado de nostalgia, rebeldía y esperanza.
















