José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

lunes, marzo 30, 2026

«Un poeta»: imagen melancólica del oficio con humor y patetismo


Un poeta
, 123 min, 2025. Director: Simón Mesa Soto. Guion: Simón Mesa Soto. Reparto: Ubeimar Ríos, Alisson Correa, Rebeca Andrade.

 

El año pasado vi Un poeta en Bogotá y, a pesar de cierto escepticismo, quedé impactado por una película que no pretende complacer a nadie ni justificarse. Y es que pretender ser poeta en una sociedad que ha hecho del emprendimiento exitoso casi un deber moral de la ciudadanía, es una vocación suicida. Y esa es la vocación de Óscar Restrepo (Ubeimar Ríos), el personaje protagónico de Un poeta (2025), la película del colombiano Simón Mesa Soto, ganadora de varios premios internacionales incluido Una cierta mirada, del Festival de Cannes. El poeta es, ¡horror de los horrores!, el improductivo y, por lo tanto, el que no tiene un lugar en la sociedad capitalista, la misma que divide a la gente en “ganadores” o “perdedores”, según el éxito económico. En esta sociedad, un poeta que asume la poesía como lo hace Óscar Restrepo es un “perdedor”: ha escrito dos libros, ganó un premio local, a veces lo invitan a algún recital al que asisten otros poetas, es alcohólico y no tiene empleo. Simón Mesa agudiza el conflicto en diálogos de humor inteligente que contraponen el ideal con el sentido común: «¿Qué le pasó a usted, Óscar? Como era de inteligente, todo un profesional, y mírese. ¿Hace cuánto no trabaja?», le pregunta su hermana y él le responde: «Yo soy poeta»; ella, entonces, replica: «Usted es un desempleado». Óscar tiene como referente a José Asunción Silva, poeta suicida, que, según él, no buscaba la fama como García Márquez sino la esencia de la poesía. La ironía, como un guiño de sentido, se evidencia cuando un personaje marginal anota que, en Colombia, Silva aparece en el billete de cinco mil pesos y García Márquez en el de cincuenta mil. El personaje del poeta está al borde de la caricatura, pero el guion y el actor lo dotan de enorme humanidad y son compasivos con sus derrotas; son piadosos con ese perdedor que sale airoso aún en los momentos del filme en los que camina al borde del abismo del histrionismo. A ello contribuyen la conflictiva relación con su hija Daniela (Alisson Correa) y el anhelo de que Yurlady (Rebeca Andrade), una alumna suya, se convierta en poeta. Con Daniela, la hija, la película desarrolla una línea compleja sobre la paternidad irresponsable y la búsqueda de amor; no la resuelve con final feliz y sin heridas, sino con la esperanza de una felicidad posible. Y Daniela no es la tabla de salvación del poeta; ella es una muchacha fuerte, con criterio y que corresponderá afectivamente a su padre en la medida en que él asuma su paternidad sin miedo y con responsabilidad. Con Yurlady, la alumna, hay una relación en la que Óscar parece proyectar su sueño fracasado en el futuro de Yurlady; se resuelve con una vuelta de tuerca cargada con la dignidad de la gente sencilla y honesta. Y Yurlady no quiere ser poeta; ella es una adolescente sensible que escribe, pero que sabe que tendrá que ganarse la vida. Ambos personajes femeninos están lejos de la romantización y confrontan al poeta vitalmente, lo que hace que el guion se aleje de la cursilería, cuando parecería que va a tomar el camino fácil de la complacencia. La ciudad es un personaje tratado con mesura. La película se desarrolla en Medellín y Mesa no se aprovecha de la ciudad para vendernos el cliché de la violencia o la postal turística: la muestra desde el vecindario y la vida de la gente común. Un poeta es una película que incomoda porque, con humor y cierto patetismo irredento, asume el fracaso social de la poesía, que ya no es ni una cualidad ni un adorno para ascender socialmente, sino un oficio de improductivos. Al mismo tiempo, Un poeta es el retrato sin concesiones del poeta que lo apuesta todo por su vocación a pesar de saberse un perdedor. El cierre del filme con la canción «Corazón de poeta», en la clásica interpretación de Jeannette, es algo catártico y sutilmente irónico a la vez.

  

«Hiedra»: una triste decepción

 

Hiedra, 95 min, 2025. Directora: Ana Cristina Barragán. Guion: Ana Cristina Barragán. Reparto: Simone Bucio Dovali, Francis Edú Llumiquinga.

 

Me decepcionó. Fui con mucha expectativa, pero a la media hora de película seguía viendo una serie de primeros planos y la historia estaba empantanada. Las deserciones de los espectadores empezaron a la hora. Los primeros planos seguían para darnos, supuestamente, una mirada íntima del drama de los personajes. Azucena, de 30 años, interpretada por una Simone Bucio de expresión plana, busca a un hijo suyo que tuvo a los trece años y, al parecer, lo encuentra en un orfelinato. Julio, de 17, caracterizado con emoción por Edú Llumiquinga, recibe la noticia, pero le cuesta asimilarla. La narrativa de la película siembra dudas sobre la veracidad de la relación madre-hijo entre Azucena y Julio, lo que añade algo de complejidad al conflicto. Se trata de dos seres con heridas vitales: ella, lastimada por la violencia y la pérdida; él, por el abandono y la orfandad. Pero ese drama no se resuelve con unos primeros planos que tratan de ocultar las limitaciones de los actores. Algunas ideas como la relación de Azucena con su abuelo y con su familia están esbozadas y se quedan sin resolución narrativa. Los poquísimos espectadores de la sala continuaron saliéndose. Creo que se perdieron lo más interesante de la película: esos planos, hacia el final del filme, de la laguna, el volcán, el páramo y la lluvia son estremecedores, pues concentran el drama de la relación edípica entre Azucena y Julio. La historia es interesante y su concepto está claro, pero la manera de contarla y desarrollarlo, en términos cinematográficos, resultó aburrida (al menos para mí, que vi la película hasta el final). El primer plano como estilo narrativo, que funcionó bien en Alba (2016), la bella y emotiva ópera prima de Barragán, en Hiedra se volvió un recurso repetitivo. Tal vez ese sea el motivo mayor de mi triste decepción.

 

 

La del estribo

 

La semana pasada salió la primera canción del disco que Joanne Vance prepara para este año. Se trata de «Hiedra», que, según Joanne, «es una canción con vida propia que, desde su origen, solo quiere crecer y envolver». Sintetizadores (Toño Cepeda) que crean una atmósfera que abraza, trepadora como la hiedra que se adhiere al alma; la sonoridad del corno francés (Andrey Astaiza) contribuye a la persistencia de la hiedra y le imprime fuerza a la melodía. La canción de Joanne Vance es poesía de concentrada sensibilidad que vuela en su voz cristalina: «Hiédrame a lo largo del alma. / Hiedra, incúbame. / Hiédrame, cúbreme con tu halo / Hiédrame por la piel». Pueden escucharla en I-Tunes, Spotify y otras plataformas. En noviembre de 2024, en el programa de los jueves de la Escuela de Artes Sonoras de la Universidad de las Artes, en Guayaquil, Joanne Vance presentó una bella versión de «Hiedra» a dos voces.

lunes, marzo 23, 2026

Inteligencia Artificial y las nuevas formas de plagio en la creación literaria

Imagen generada con Craiyon.


Clay Shirky, vicerrector de la Universidad de Nueva York, publicó en The New York Times, el 27 de agosto del año pasado, su artículo «
Hay una crisis de estudiantes haciendo trampa con la IA. Las universidades deben cambiar», en el que reconocía el fracaso de las estrategias de la persuasión ética y la de fomentar los usos de la IA que requieren participación para evitar el uso fraudulento y perezoso de las aplicaciones de IA en las tareas de investigación y escritura. Un estudio publicado por La Jornada, el pasado 19 de marzo, se resume en su título: «Los chatbots con IA crean nuevas formas de violencia contras las mujeres y las niñas», resultado lógico si se sabe que tales chatbots se alimentan de la pornografía distribuida en la red. En los concursos literarios, cada vez con más frecuencia, se especifica la prohibición de usar herramientas de IA en la escritura de los textos, aunque ya hay unos pocos que solo limitan su uso. Las aplicaciones de IA entrenadas con LLM (Large Language Model o Modelo de lenguaje a gran escala) son herramientas basadas en la piratería impune del lenguaje humano y su uso es un plagio sin precedentes de la experiencia humana de la escritura creativa.

            La IA generadora de textos se alimenta de una cantidad masiva e inconmensurable de textos que han sido digitalizados y están almacenados en la red. Su entrenamiento les permite captar las sutilezas del lenguaje humano y están en capacidad de predecir la sucesión sintagmática de la lengua y generar textos coherentes con una capacidad constante de mejorar. En este marco, el LLM se ha apropiado de la escritura humana sin reconocer autoría y menos derechos derivados de dicha autoría. Un estudio publicado por la Asociación Colegial de Escritoras y Escritores de España, ACE, publicado en enero del año pasado dio el siguiente resultado: «Según los datos, el 96,5 % de los encuestados cree que ningún modelo de IA debería entrenarse con obras literarias, científicas o de traducción sin el consentimiento explícito de los autores/as. Además, el 49,9 % rechaza de plano autorizar este tipo de usos, mientras que el 50,1 % estaría dispuesto a considerarlo, pero únicamente a cambio de una remuneración adecuada».

            Jorge Carrión, que ha experimentado con textos transmedia y ha reflexionado sobre la IA, la literatura y la generación de contenidos, decía en una entrevista para Letras Libres, en 2024:

 

Yo creo que la literatura no es que sea inalcanzable para las máquinas, pero sí que está todavía lejos, siempre y cuando pienses que la literatura es ese arte de la complejidad y de la dimensión simbólica y poética. Si crees que la literatura es lo que escribe Dan Brown las máquinas ya pueden escribir ese tipo de literatura […] Tengo autoridad para opinar y que puedo libremente negarme a escribir con IA, y estoy escribiendo ahora cien por cien de modo artesanal, casi a mano. Estoy atento para ver cómo evoluciona. Ahora mismo el tipo de literatura que yo escribo es inaccesible para la IA y eso me permite escribir con libertad y tranquilidad.

 

            El problema es que, así como en el pasado había plagiadores de letras de canciones o novelas poco conocidas, hoy existe gente que cree que la originalidad de sus indicaciones (prompts) es suficiente para que los poemas o relatos generados con IA sea de su autoría. Si yo puedo ordenar a una aplicación elemental de IA que escriba un poema en el estilo de sor Juana, el universo del plagio es infinito. El ejercicio lo hice durante el diplomado de Escritura académica que ofrecí en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, en 2023, y la indicación fue de lo más sencilla: «Soneto imitación de Sor Juana sobre el molcajete y el tejolote»:

 

En molcajete de piedra tallada,

donde el pasado encuentra su abrazo,

el tejolote danza con su paso,

labrando el tiempo en cada embestida.

 

Como el poeta cincela en su verso,

así el tejolote con arte fía,

triturando el maíz con maestría,

transformando en manjares dispersos.

 

Molcajete, crisol de la cocina,

donde tradiciones laten y huelen,

y en cada moler el alma anida.

 

Tejolote, mensajero de las huellas,

moliendo historias que el viento atesora,

la esencia ancestral en tu ronda sellas.

 

 

            Debo reconocer que el ChatGPT fue sincero conmigo y me dijo, antes de mostrarme el poema, de métrica casi perfecta: «Lamentablemente, no tengo acceso a la totalidad de los sonetos escritos por Sor Juana Inés de la Cruz ni puedo generar una imitación exacta de su estilo. Sin embargo, puedo intentar crear un soneto en el estilo barroco característico de Sor Juana que hable sobre el molcajete y el tejolote». El punto conflictivo reside en que es posible que un poemario completo sea escrito con IA, al ritmo de las indicaciones. Lo cual, en términos llanos y dado la piratería que subyace en las aplicaciones entrenadas con LLM, es una nueva forma de plagio.

            El problema se extiende a otros ámbitos de la industria del libro. Leía que, sendas obras de las escritoras Elizabeth Smither y Stephanie Johnson fueron eliminadas del Ockham New Zealand Book Award por incluir ilustraciones creadas con inteligencia artificial en sus portadas. «El comité organizador aplicó una regla introducida en agosto del 2025, la cual establece que ningún libro con contenido visual producido con IA puede participar en el premio. Según la entidad, esta política responde a la necesidad de proteger el trabajo humano en un entorno en el que las tecnologías de generación automática se expanden con rapidez». Hay mucha tela que cortar al respecto, pues la IA no es solo una aplicación más diseñada para “facilitar el trabajo humano de la escritura”, es una tecnología que, habiéndose apropiado del saber producido por la humanidad, puede reemplazar directamente el trabajo humano de escribir y, por consiguiente, el de pensar.

lunes, marzo 16, 2026

«Matilde, con el puño abierto»: la novela gráfica de una vida ejemplar

           

Las autoras de Matilde, con el puño abierto, Gabriela Alemán y Glenda Rosero durante la presentación en la Sala Sur de Flacso, en Quito, el 7 de marzo pasado. (Foto del IG de @salasurflacso)

Se inicia con una pregunta que se hace el abuelo de Matilde, Francisco Navarro, quien junto con su familia emigraron desde Venezuela a Ecuador, se establecieron en Santa Rosa y, luego, en Zaruma: «¿Qué sucede con el puño si la mano se abre?». Y se cierra con una sentencia de la voz narrativa: «El puño del abuelo de Matilde nunca se borró de su mano abierta». Sugerente imagen sobre la persistencia del carácter y la generosidad del servicio a la comunidad. Matilde, con el puño abierto es una novela gráfica, ilustrada por Glenda Rosero y escrita por Gabriela Alemán,[1] que con una investigación meticulosa y una propuesta visual que incorpora fotografías y archivo nos presenta, con delicada pedagogía, la vida de Matilde Hidalgo de Procel, la primera médica graduada y la primera mujer que ejerció el derecho al voto en Ecuador.

            Hay un excelente trabajo de investigación y construcción del guion de parte de Gabriela Alemán. La vida de Matilde Hidalgo está presentada como una vida ejemplar, pero en términos laicos. La novela expone, de manera pedagógica, el significado histórico de la Revolución Liberal; la disyuntiva de la mujer, a comienzos del siglo XX, que debía escoger entre la vida doméstica o la vida religiosa; y el valor de la dedicación al estudio en la realización de la vocación por la medicina de Matilde Hidalgo, así como la superación de los obstáculos sociales que se le presentaron. Asimismo, la ejemplaridad de Matilde está acompañada por la acción de otras mujeres que, en la misma época, bregaron los derechos de la mujer: Zoila Ugarte de Landívar, María Angélica Idrobo y Victoria Vásconez Cuvi, y las publicaciones periódicas de distinta perspectiva feminista. El guion y la gráfica se conjugan muy bien al tratar sobre la participación de algunas mujeres en la jornada del 15 de noviembre de 1922. Matilde Hidalgo escribe al respecto: «Después de la matanza, no logro concentrarme, Fernando [Procel] Todos en el hospital vimos como tiraban los cadáveres al río. Las consignas de algunas de las obreras aún reverberan en mí: “Libertad verdadera, una vida humana y honorable para todos”». (87)

            La propuesta gráfica de Glenda Rosero es muy sugerente, a partir de dibujos lineales, de trazos simplificados y expresivos. Las ilustraciones sobre Matilde tienen un elemento en color amarillo que es significativo: los libros, un cuaderno de escritura, una bandada de pájaros, la llama de una vela, la propia Matilde, etc. Incluye fotografías de la época, así como documentos de archivo que contribuyen al tono histórico y didáctico de esta novela gráfica. La convivencia de la vida cotidiana con la actuación política y profesional de Matilde son una constante gráfica: así, por ejemplo, mientras el texto señala que luego de ejercer el derecho a voto, los diarios la elogiaron, la ilustración es una fotografía de Matilde junto a la cuna de su hijo Fernando Lenin Procel Hidalgo. Otro momento de alta comunión del guion y la gráfica son las páginas que exponen la visión sobre la salud pública del país del doctor Pablo Arturo Suárez y el programa de política pública que propone al respecto. Comentar Matilde: «En el artículo publicado por el doctor Suárez, en el que basó su charla, plantea que la universidad no puede, ni debe, ser indiferente ante los problemas de la reconstrucción nacional». (67)

Matilde Hidalgo le escribe a su amigo Fernando Prócel, que será su esposo: «Me he hecho amiga de un búho que duerme en los árboles del patio. Acompaña mi insomnio mientras todos duermen en la maternidad, yo camino por las instalaciones y, a veces, acompaño a las mujeres» (71). El búho, como símbolo de la sabiduría que da el estudio, y el amor por el trabajo médico en la maternidad condensan la persistencia por la vocación profesional. Matilde, con un el puño abierto, de Gabriela Alemán y Glenda Rosero, es una novela gráfica que debería ser parte de los planes de lectura de nuestra Educación Básica, ya que invita a la reflexión histórica no solo sobre la condición de la mujer, sino acerca de la educación y la salud públicas del país, y sobre el valor de la perseverancia personal para realizar la vocación profesional.



[1] Gabriela Alemán y Glenda Rosero, Matilde, con el puño abierto (Quito: Ediciones El Fakir, 2025). La primera edición (2024), publicada en formato digital por la Universidad Central del Ecuador, está disponible en línea y fue parte del proyecto de investigación «Las mujeres en la universidad ecuatoriana: sus prácticas y representaciones en los campos del saber universitario y en sus formas de irrupción (1919-2021)», coordinado por Susana Rocha.