José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

lunes, abril 13, 2026

Celebremos el Día del Magisterio ecuatoriano a pesar de las dificultades de la profesión

(Fotografía: sitio web de Unesco)

Ser maestra siempre ha sido difícil. Ser maestro siempre ha sido una vocación de las dificultades. Por lo general, a pesar de las declaraciones de los organismos internacionales y ciertos esfuerzos gubernamentales, el reconocimiento económico del magisterio está por debajo de las responsabilidades de la profesión. Hoy, la valoración social del magisterio es baja y la precariedad laboral ha aumentado. Un informe de la UNESCO señala que para cumplir las metas de universalización de educación básica y bachillerato para el 2030, «en América Latina y el Caribe, se necesitan al menos un millón de docentes calificados en educación primaria y 2,2 millones en secundaria»[1] y en el mundo 44 millones de docentes adicionales. La profesión docente en el mundo enfrenta enormes desafíos que tienen relación con las condiciones laborales y las nuevas condiciones sociales de la enseñanza.

            En agosto 28 y 29 del año pasado se desarrolló en Santiago de Chile la primera Cumbre Mundial sobre Docentes, organizada por la UNESCO y el gobierno chileno. En dicha reunión se adoptó el Consenso de Santiago, que, entre otros acuerdos para «reinventar y apoyar la profesión docente», enfatiza los siguientes compromisos:

 

  Elaborar políticas inclusivas y condiciones de empleo justas que respalden al personal docente a lo largo de su trayectoria profesional —incluidas la contratación, la mentoría, la asignación, el desarrollo profesional, las condiciones de trabajo y las trayectorias de carrera—;

  Mejorar el diálogo social y la participación del profesorado en la toma de decisiones y la formulación de políticas;

  Movilizar recursos nacionales e internacionales, incluidos mecanismos innovadores de financiación como los canjes de deuda por educación;

  Priorizar la igualdad de género, la inclusión y la diversidad del personal docente para elevar el estatus social de la profesión.

  La Cumbre también brindó la oportunidad de subrayar la necesidad de apoyar al personal docente en el uso de las tecnologías digitales en la educación, que están transformando inevitablemente la profesión. En los dos últimos años, la UNESCO ha publicado dos guías para ayudar al profesorado a desarrollar sus competencias en este ámbito.[2]

           

(Fotografía: sitio web de Unesco)
             

            En nuestro país, la docencia, debido a la violencia delictiva que azota sobre todo a los sectores más vulnerables, se ha vuelto una profesión de riesgo, por decir lo menos. En la entrada del 1 de septiembre de 2025, al abordar las dificultades estructurales para prevenir la presencia de los GDO en las escuelas, señalé que «la escuela, en tanto institución, se ha vuelto un territorio en disputa y, si bien es importante la presencia policial y/o militar, no es menos cierto que para prevenir la injerencia de los GDO es imprescindible un abordaje estructural de calidad desde el Estado». Por lo que, solo cuando exista una aproximación intersectorial y de largo plazo al problema en los territorios signados por la violencia podremos desterrar la presencia de los GDO en la escuela.

            Menos peligroso para la vida, pero muy grave para los procesos pedagógicos es la brecha tecnológica como resultado de una brecha social y el uso, cada vez más indiscriminado, de la IA generativa para la escritura de las tareas escolares. Esto último sucede, lamentablemente, con el beneplácito de quienes no entienden que los algoritmos LLM (Modelos de lenguaje de gran tamaño) ejercen una piratería sin control del saber humano. La IA no es una ayuda similar a la de la calculadora, es el reemplazo del usuario en las tareas del lenguaje, que es el sistema operativo del ser humano. Quienes son docentes hoy tienen que lidiar con una tecnología que parecería ubicar en la obsolescencia la escritura y la lectura como herramientas básicas del aprendizaje.

            Yo he tenido la fortuna de ejercer mi vocación docente en todos los niveles del sistema educativo, como profesor y en funciones administrativas, excepto como profesor de aula de la antigua primaria. Me hubiera encantado ser maestro de primer grado, ese año cuando la niña y el niño descubren la maravilla de la lectura, la magia de la escritura. En este 13 de abril, Día del Magisterio, en medio de mis disquisiciones sobre las dificultades de esta profesión que amo, recuerdo con cariño al maestro Alejo Andrade, mi profesor de primer grado, aquel que, con paciencia y calidez, nos dio, a unos niños inquietos, las herramientas de la lectoescritura para descubrir el prodigio del mundo y de la vida.

 

La del estribo

 

             El 13 abril fue instituido como Día del Maestro Ecuatoriano por el presidente Alfredo Baquerizo Moreno el 29 de mayo de 1920. La fecha de la celebración fue escogida como un homenaje a Juan Montalvo, que nació en aquel día de 1832. En la octava Catilinaria (1881), al disertar sobre la educación en Europa y Sur-América y las desigualdades sociales por falta de aquella, Juan Montalvo concluye en una parte del ensayo así: «Esto de que todo lo sepan unos y nada otros, es fuente de tantos males como eso de que todo lo poseen unos y nada otros: el hambre del espíritu, la desnudez de la inteligencia, son desdichas tan grandes por lo menos como el hambre y la desnudez del cuerpo. Que todos sepan leer y escribir y alabar a Dios, es tan necesario como el que todos tengan un plato de comida y un trapo con que cubrirse. Esta, esta igualdad es la que deseamos, y la que hará la felicidad de los hombres, algún día».

 

Foto: Juan Montalvo, c. 1875-1880. Fondo fotográfico Dr. Miguel Díaz Cueva, Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. 

 

lunes, abril 06, 2026

A propósito del impasse sobre la feria del libro de Quito: un nuevo y viejo debate

FIL Quito 2025: 54.700 asistentes en cinco días; 105 editoriales y librerías que superaron los 300.000 USD$ en ventas. Datos oficiales de Quito informa. (Fotografía: página oficial de Quito Informa)

¿Quién debe organizar una feria del libro? ¿El gobierno central, el gobierno local, la empresa privada o la Casa de la Cultura? ¿Se debe replicar el modelo de la feria de Guayaquil, de Bogotá o de Medellín? En la entrada de este blog «
Tareas para la promoción del libro y la lectura más allá de las ferias», del 14 de febrero de 2020, desarrollé la idea de que dichas tareas deben ir más allá de la organización de una feria del libro y que el objetivo de la creación de un público lector «se logrará a través del fortalecimiento de la red de bibliotecas, del apoyo y fomento al sector editorial, y de la actualización de docentes de Lengua y Literatura». A propósito del reciente impasse por la organización de la Feria Internacional del Libro de Quito, habría que pensar un modelo de feria del libro basado en experiencias exitosas, que agrupe instituciones públicas y privadas, y que se expanda a todas las capitales provinciales del país.

            En términos prácticos, la organización de una feria del libro debería ser una sumatoria de esfuerzos institucionales. En Guayaquil, el modelo, que funciona desde 2015, combina muy bien la gestión privada y el financiamiento del municipio de la ciudad y su programa lo diseña un comité de contenidos.[1] En Bogotá, que funciona desde 1988, la feria es coordinada por la Cámara Colombiana del Libro en alianza con Corferias; tiene el apoyo financiero del Ministerio de Culturas y la Alcaldía de Bogotá, y tiene un directorio que trabaja contenidos con un equipo de curadores.[2] En ambos casos, las editoriales organizan la presentación de sus publicaciones recientes y hay espacios para las pequeñas editoriales independientes. Otro modelo es el de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, organizada por la alcaldía de la ciudad desde 2007 como parte de su política pública que articula el plan lector y el trabajo de las bibliotecas.[3]

            Los problemas de gestión para los GAD en lo relativo a la realización de eventos culturales, derivados de las últimas reformas del COOTAD, constituyen un escenario que requiere el concurso de varias instituciones para la organización de un circuito de ferias del libro en el país. En este nuevo escenario, la presencia de la Cámara Ecuatoriana del Libro y la Asociación de Editores Independientes del Ecuador como coordinadores de las ferias es indispensable. La mayor parte del financiamiento —como parte de una política pública, articulada a la red de bibliotecas y a la formación de docentes de Lengua y Literatura— debería estar a cargo del gobierno central y de cada gobierno local. Asimismo, hay que considerar que la Casa de la Cultura Benjamín Carrión es una institución que tiene presencia en todo el país por lo que sería un aliado fundamental.

Tal vez es soñar demasiado, pero las alianzas institucionales son indispensables para el desarrollo de una feria del libro, que debería ser entendida como un evento en el marco de una política pública sobre el libro y la lectura; asimismo, estas alianzas permitirán la continuidad de las ferias en el largo plazo al margen de los avatares políticos de la coyuntura. 

 

 

Sonia Manzano en inglés

 

La presentación está a cargo de Marcelo Báez Meza.
             Last Return to Eden and Other Poems (2026) es un libro bilingüe publicado por Dialogos Books, de New Orleans, que recoge una selección de poemas de Sonia Manzano publicados en Último y no definitivo regreso a Edén (2005) y El vino de mi sombra (2024) y traducidos por Alexis Levitin. La selección recoge varios textos de Sonia que son imprescindibles: aquel poema de largo aliento y sostenido verso que le da nombre al libro de 2005, cargado de imágenes surrealistas y de tono desenfadado que escarban en lo profundo de yo y la escritura: «Soy una poeta en extinción / y sin embargo me persiguen / para arrancarme los colmillos» (22). O «Hembrus erectus», que es un manifiesto vital y poético en el que la voz poética declara: «Soy un animal de combustión lenta» (52). De El vino de mi sombra tenemos «Tiempo, me has vencido», poema que no solo dialoga con César Dávila Andrade, sino que, de manera antenta al mundo de hoy, da cuenta de aquellos ocho minutos de agonía de George Floyd, y la angustia del poeta en el momento de la escritura (84-97). Asimismo, encontramos esa bellísima postal de juventud que es «Lágrimas de mango» a partir de la evocación de una fruta que se convierte en una poderosa imagen de la nostalgia familiar: «¡para que vuelva otra vez hasta mis ojos / el recuerdo más dulce de mi vida / hecho lágrima purísima de mango!» (102). Por supuesto, también está el vitalísimo y jazzeado poema que da nombre al libro y «Escribo», esa poética de imágenes asombrosas: «Escribo / guardando el equilibrio / en una sola pierna / acostada en la tapa / de un gran piano de cola / mientras un gato lame / las teclas insonoras de mi cuerpo» (130-132). Según Peter Thompson, la traducción de Alexis Levitin «es correcta; nítida y clara como sus imágenes crudas y concretas, la esencia de su “violín fosilizado del deseo”. Al igual que el original, esta traducción devela un lento triunfo de la voluntad: la letra “sigue sonando”».

 

La del estribo

 

¡La novia! (The Bride), 126 min, Estados Unidos, 2026. Dirección y guion: Maggie Gyllenhaal. Reparto: Jessie Buckley, Christian Bale, Penélope Cruz, Annette Bening, Peter Sarsgaard.


             Es una película arriesgada desde el momento en que retoma, por enésima vez en la historia del cine, al personaje de la criatura creada por el doctor Frankenstein, a su novia y a la propia autora del clásico literario, Mary Shelley. Jessy Buckley está muy bien en su doble papel: el de una Mary Shelley que medita sobre su escritura y se introduce en el cuerpo de Ida, y, en el de Ida, la amante de un gánster de Chicago, en los años treinta, que se rebela contra el poder patriarcal. Ida es asesinada y resucitada, al igual que la criatura, por la doctora Euphronius (Annete Bening). Luego se convierte en la novia de la criatura (Christian Bale). Penélope Cruz y Peter Sarsgaard interpretan con el alma del cine negro a una pareja de detectives que investigan los crímenes de este par de monstruos que semeja a Bonnie y Clyde, en clave gótica. Homenaje a las películas de horror gore, al thriller, al musical, ¡La novia! es también un alegato feminista sobre la creación artística: Mary Shelley, la doctora Euphronius y Maggie Gyllenhaal se toman, con audacia, toda la libertad creativa que necesitan en este filme que sorprende en cada momento.

  


[1] La X Feria Internacional del Libro de Guayaquil 2025 recibió 28.000 visitantes en cinco días, en 6.000 metros cuadrados de exposición.

[2] La Feria Internacional del Libro de Bogotá 2025 recibió 570.830 visitantes en diecisiete días, contó con 500 invitados provenientes de treinta países. Tuvo 23 pabellones comerciales en 60.000 metros cuadrados. La programación contó con 2.300 actividades a las que asistieron 256.856 personas, de entre el total de visitantes.

[3] La XIX Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín 2025 recibió más de 550.000 visitantes, en diez días, con 166 expositores y 3.600 actividades, en el Jardín Botánico de la ciudad.

 

lunes, marzo 30, 2026

«Un poeta»: imagen melancólica del oficio con humor y patetismo


Un poeta
, 123 min, 2025. Director: Simón Mesa Soto. Guion: Simón Mesa Soto. Reparto: Ubeimar Ríos, Alisson Correa, Rebeca Andrade.

 

El año pasado vi Un poeta en Bogotá y, a pesar de cierto escepticismo, quedé impactado por una película que no pretende complacer a nadie ni justificarse. Y es que pretender ser poeta en una sociedad que ha hecho del emprendimiento exitoso casi un deber moral de la ciudadanía, es una vocación suicida. Y esa es la vocación de Óscar Restrepo (Ubeimar Ríos), el personaje protagónico de Un poeta (2025), la película del colombiano Simón Mesa Soto, ganadora de varios premios internacionales incluido Una cierta mirada, del Festival de Cannes. El poeta es, ¡horror de los horrores!, el improductivo y, por lo tanto, el que no tiene un lugar en la sociedad capitalista, la misma que divide a la gente en “ganadores” o “perdedores”, según el éxito económico. En esta sociedad, un poeta que asume la poesía como lo hace Óscar Restrepo es un “perdedor”: ha escrito dos libros, ganó un premio local, a veces lo invitan a algún recital al que asisten otros poetas, es alcohólico y no tiene empleo. Simón Mesa agudiza el conflicto en diálogos de humor inteligente que contraponen el ideal con el sentido común: «¿Qué le pasó a usted, Óscar? Como era de inteligente, todo un profesional, y mírese. ¿Hace cuánto no trabaja?», le pregunta su hermana y él le responde: «Yo soy poeta»; ella, entonces, replica: «Usted es un desempleado». Óscar tiene como referente a José Asunción Silva, poeta suicida, que, según él, no buscaba la fama como García Márquez sino la esencia de la poesía. La ironía, como un guiño de sentido, se evidencia cuando un personaje marginal anota que, en Colombia, Silva aparece en el billete de cinco mil pesos y García Márquez en el de cincuenta mil. El personaje del poeta está al borde de la caricatura, pero el guion y el actor lo dotan de enorme humanidad y son compasivos con sus derrotas; son piadosos con ese perdedor que sale airoso aún en los momentos del filme en los que camina al borde del abismo del histrionismo. A ello contribuyen la conflictiva relación con su hija Daniela (Alisson Correa) y el anhelo de que Yurlady (Rebeca Andrade), una alumna suya, se convierta en poeta. Con Daniela, la hija, la película desarrolla una línea compleja sobre la paternidad irresponsable y la búsqueda de amor; no la resuelve con final feliz y sin heridas, sino con la esperanza de una felicidad posible. Y Daniela no es la tabla de salvación del poeta; ella es una muchacha fuerte, con criterio y que corresponderá afectivamente a su padre en la medida en que él asuma su paternidad sin miedo y con responsabilidad. Con Yurlady, la alumna, hay una relación en la que Óscar parece proyectar su sueño fracasado en el futuro de Yurlady; se resuelve con una vuelta de tuerca cargada con la dignidad de la gente sencilla y honesta. Y Yurlady no quiere ser poeta; ella es una adolescente sensible que escribe, pero que sabe que tendrá que ganarse la vida. Ambos personajes femeninos están lejos de la romantización y confrontan al poeta vitalmente, lo que hace que el guion se aleje de la cursilería, cuando parecería que va a tomar el camino fácil de la complacencia. La ciudad es un personaje tratado con mesura. La película se desarrolla en Medellín y Mesa no se aprovecha de la ciudad para vendernos el cliché de la violencia o la postal turística: la muestra desde el vecindario y la vida de la gente común. Un poeta es una película que incomoda porque, con humor y cierto patetismo irredento, asume el fracaso social de la poesía, que ya no es ni una cualidad ni un adorno para ascender socialmente, sino un oficio de improductivos. Al mismo tiempo, Un poeta es el retrato sin concesiones del poeta que lo apuesta todo por su vocación a pesar de saberse un perdedor. El cierre del filme con la canción «Corazón de poeta», en la clásica interpretación de Jeannette, es algo catártico y sutilmente irónico a la vez.

  

«Hiedra»: una triste decepción

 

Hiedra, 95 min, 2025. Directora: Ana Cristina Barragán. Guion: Ana Cristina Barragán. Reparto: Simone Bucio Dovali, Francis Edú Llumiquinga.

 

Me decepcionó. Fui con mucha expectativa, pero a la media hora de película seguía viendo una serie de primeros planos y la historia estaba empantanada. Las deserciones de los espectadores empezaron a la hora. Los primeros planos seguían para darnos, supuestamente, una mirada íntima del drama de los personajes. Azucena, de 30 años, interpretada por una Simone Bucio de expresión plana, busca a un hijo suyo que tuvo a los trece años y, al parecer, lo encuentra en un orfelinato. Julio, de 17, caracterizado con emoción por Edú Llumiquinga, recibe la noticia, pero le cuesta asimilarla. La narrativa de la película siembra dudas sobre la veracidad de la relación madre-hijo entre Azucena y Julio, lo que añade algo de complejidad al conflicto. Se trata de dos seres con heridas vitales: ella, lastimada por la violencia y la pérdida; él, por el abandono y la orfandad. Pero ese drama no se resuelve con unos primeros planos que tratan de ocultar las limitaciones de los actores. Algunas ideas como la relación de Azucena con su abuelo y con su familia están esbozadas y se quedan sin resolución narrativa. Los poquísimos espectadores de la sala continuaron saliéndose. Creo que se perdieron lo más interesante de la película: esos planos, hacia el final del filme, de la laguna, el volcán, el páramo y la lluvia son estremecedores, pues concentran el drama de la relación edípica entre Azucena y Julio. La historia es interesante y su concepto está claro, pero la manera de contarla y desarrollarlo, en términos cinematográficos, resultó aburrida (al menos para mí, que vi la película hasta el final). El primer plano como estilo narrativo, que funcionó bien en Alba (2016), la bella y emotiva ópera prima de Barragán, en Hiedra se volvió un recurso repetitivo. Tal vez ese sea el motivo mayor de mi triste decepción.

 

 

La del estribo

 

La semana pasada salió la primera canción del disco que Joanne Vance prepara para este año. Se trata de «Hiedra», que, según Joanne, «es una canción con vida propia que, desde su origen, solo quiere crecer y envolver». Sintetizadores (Toño Cepeda) que crean una atmósfera que abraza, trepadora como la hiedra que se adhiere al alma; la sonoridad del corno francés (Andrey Astaiza) contribuye a la persistencia de la hiedra y le imprime fuerza a la melodía. La canción de Joanne Vance es poesía de concentrada sensibilidad que vuela en su voz cristalina: «Hiédrame a lo largo del alma. / Hiedra, incúbame. / Hiédrame, cúbreme con tu halo / Hiédrame por la piel». Pueden escucharla en I-Tunes, Spotify y otras plataformas. En noviembre de 2024, en el programa de los jueves de la Escuela de Artes Sonoras de la Universidad de las Artes, en Guayaquil, Joanne Vance presentó una bella versión de «Hiedra» a dos voces.