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Hans Zischler como Thomas Mann y Sandra Hüller como Erika Mann, ambos estupendos en sus respectivas caracterizaciones, en Tierra de mi padre (Fatherland). La película fue filmada en blanco y negro, y en formato académico (1,37: 1). En el Festival de Cannes 2026, Pawel Pawlikowski compartió la Palma de Oro a Mejor Dirección con Javier Calvo y Javier Ambrossi codirectores de La bola negra. Tierra de mi padre ha sido escogida por el Comité de Selección Polaco a los Premios Oscar como la candidata de Polonia en la categoría Mejor Película Internacional para la 99na. edición del Oscar. |
Klaus Mann (August Diehl) está desnudo, sentado en el piso, junto a su cama, hablando por teléfono con Erika, su hermana (Sandra Hüller); ella está en Los Ángeles y él en Cannes. Ella trata de convencerlo para que los acompañe en el regreso del padre a su tierra: Alemania. Mientras los hermanos conversan, como una sombra en el fondo, el amante de Klaus se levanta, se viste y sale de la habitación. Klaus carece de esperanza, no cree en el arte contemporáneo y tiene una relación conflictiva con su padre, Thomas Mann (Hans Zischler); así, la película se abre con el retrato de la soledad y desesperanza en las que vive Klaus. Tierra de mi padre (Fatherland), dirigida por Pawel Pawilkowski, es la historia de un viaje íntimo, atravesado por un duelo familiar, compartido por Erika, la hija, con su famoso padre Thomas Mann, al tiempo que el novelista quiere dejar un legado moral sobre la literatura y la política en la Alemania dividida luego de la Segunda Guerra Mundial.[1]
El filme no es una biografía literaria ni una road movie. Estamos ante el viaje íntimo de una hija con su padre en el que el hermano suicida es una presencia dolorosa. En 1949, después de dieciséis años, Thomas Mann, nacido en Lübeck, regresa a Alemania para recibir el Premio Goethe, pero su país está dividido y las dos Alemanias le han concedido una distinción similar. La emoción del regreso a su patria natal está presente en el famoso discurso que ofrece al recibir el premio. Mann justifica su autoexilio porque el terror del régimen nazi, al que combatió desde los primeros años de su surgimiento, lo hubiese aniquilado, además porque siempre se mantuvo fiel a la lengua alemana en su literatura. Pero, al emprender el viaje de Fráncfort hacia Weimar, el padre y la hija se enteran de que Klaus se ha suicidado[2]. La muerte de Klaus parece no afectar al padre que decide continuar el viaje, mientras que Erika se mueve entre el duelo por su hermano y su deber de asistir al padre. Durante el viaje, por sobre el oropel de los homenajes, sentimos la tensión que experimenta la hija entre su amor al padre y la frustración que implica tratar con su egocentrismo y la dureza con la que este juzga al hijo y su suicidio.
Terminada la guerra, Alemania fue dividida en la capitalista República Federal de Alemania, RFA, con enorme injerencia y financiamiento de EE. UU., y en la socialista República Democrática Alemana, RDA, que se integró al bloque soviético. Dado que él no reconoce zonas, Thomas Mann decide aceptar el premio tanto en Fráncfort del Meno, en la RFA, la ciudad donde Goethe nació en 1749, como en Weimar, RDA, la ciudad en donde el poeta vivió desde 1875 hasta su muerte. Mann parece desgarrado por la división de su patria que los hijos ya no la sienten como él y de ahí el título de la película, pero esa otra patria que es la familia también está marcada por la división y la muerte. En su discurso, Mann declara que la lengua alemana es su verdadera patria y que a ella ha permanecido leal incluso cuando las circunstancias lo llevaron a otra geografía y otra lengua. Para él, desde la razón, el pueblo alemán debe defender su libertad espiritual y el compromiso con la justicia social. Mann no quiere juzgar a su pueblo, mas quiere entregar un mensaje que permita entender las diferencias para la convivencia de las dos Alemanias, y que el pueblo alemán se haga responsable por haber permitido el fascismo, pero las heridas de su propia familia se mantienen abiertas. Así, en medio del desprecio al pensamiento del que se jacta el neofascismo de hoy, la película nos acerca al sentido ético y político de la tarea intelectual de Thomas Mann, sin olvidar sus contradicciones humanas.
El premio que recibe Mann es el símbolo de la más alta tradición alemana en las letras y la ciencia, cuya figura genial es la de Johann W. Goethe, que conjuga ambos campos del conocimiento humano. Para Mann, Goethe representa la síntesis de la tradición alemana y la cultura del mundo. El suicidio de Klaus, aunque se da por otras razones, nos recuerda al suicidio del héroe romántico de la novela de Goethe Los sufrimientos del joven Werther, y los intentos de manipulación de la presencia de Mann por parte de la CIA y la KGB son similares a las argucias de Mefistófeles, el demonio, para apartar a Fausto de su búsqueda de la verdad en el drama Fausto, del mismo Goethe. Además, durante el viaje, Erika y Thomas tienen que lidiar con las críticas de la prensa capitalista que acusa a Mann de dejarse utilizar por la Alemania comunista. Por sobre la campaña de difamación, un arma de la Guerra Fría, Erika conoce la verdad moral que subyace en el mensaje que Thomas Mann ofrece a sus compatriotas, pero cree que sus palabras, aunque necesarias, son inútiles. No obstante, Erika lo acompaña en medio del duelo que vive por la muerte de su hermano y que Thomas esconde tras su caparazón intelectual.
La escena final en una iglesia abandonada, en la zona fronteriza de las dos Alemanias, es de una belleza profundamente sanadora. Erika y Thomas entran en la iglesia y se sientan a escuchar la interpretación de «Jesús, alegría de los hombres», de J. S. Bach, el músico preferido de Klaus. La palabra comprometida de los discursos de Mann ya ha cumplido su deber, pero hay un drama personal que necesita resolverse. Erika toma la mano de Thomas y este, finalmente, se quiebra, y todo el dolor por la muerte del hijo se manifiesta en su lacrimoso silencio. Simbólicamente, se produce la reunificación de la familia a través de la música y el viaje íntimo se manifiesta no solo como el cumplimiento de un deber intelectual, sino como un camino de duelo y redención familiar.
La del estribo
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| Thomas Mann, La montaña mágica, traducción de Isabel García Adánez, edición del centenario (Barcelona: Penguin Random House, 2024), 1044 y 1045. |
Es fundamental que avancen esos tres mil muchachos enfebrecidos, sus bayonetas tienen que reforzar el ataque a las trincheras enemigas que rodean ambos lados de las colinas, tienen que tomar los pueblos en llamas y apoyar el avance hasta un punto determinado, señalado en el mapa, de acuerdo con las órdenes que ha recibido y guarda en el bolsillo el jefe del pelotón. Han movilizado a tres mil para que queden dos mil al llegar a las colinas y las aldeas. Esa es la única razón de que sean tantos. Son un único cuerpo, ideado de tal manera que, a pesar de las graves pérdidas, pueda actuar y vencer y celebrar la victoria y gritar «¡Hurra!» mil veces, sin tener en cuenta a aquellos que se escindieron, que se individualizaron al caer en el campo.
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Se echan al suelo esquivando la lluvia de metralla para, de inmediato, ponerse en pie de un salto y seguir corriendo, con salvajes gritos de valor juvenil, al saberse ilesos. Y les disparan y caen, agitando los brazos, heridos en la frente, en el corazón, en el vientre. Yacen con la cara hundida en el barro, inmóviles. Yacen boca arriba, con la espalda levantada del suelo por la mochila y la nuca empotrada en la tierra, braceando en el aire. Pero del bosque siempre surgen otros que se echan al suelo y se levantan de un salto y corren…, o avanzan en silencio, tropezando con los cuerpos de los caídos.
[1] Esta reseña contiene destripamientos de la película.
[2] En realidad, el suicidio de Klaus Mann sucedió el 21 de mayo de 1949 y Thomas Mann regresó a la RFA el 24 de julio. La licencia de la ficción le permite a Pawlikowski trabajar con mayor dramatismo el drama familiar íntimo en medio de la gira literaria y política de Mann. En mi concepto, respetar la verdad de los hechos no hubiese cambiado la dolorosa presencia de Klaus durante el viaje.




