En 1995, la Biblioteca Ayacucho de Venezuela, en coedición
con Monte Ávila Editores, publicó el Diccionario Enciclopédico de las Letras de
América Latina, DELAL, en tres tomos. La entrada sobre Jorge
Enrique Adoum fue de mi autoría. Hoy, basado en dicho texto y otros escritos
que he publicado en este blog, al conmemorarse el centenario del natalicio de
Jorgenrique recuerdo su obra.
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«Árbol de la vida» en el jardín de la casa-museo Guayasamín. Junto a las del pintor, las
cenizas de Jorgenrique Adoum, también en una vasija de barro, yacen bajo este pino. (Foto:
Raúl Vallejo, 2019) |
Jorgenrique Adoum (Ambato, 29 de junio de 1926 –
Quito, 3 de julio de 2009) hizo de la escritura literaria una pasión
excluyente. Para él, la escritura era en sí misma un acto político y, también,
una manera de expresar el desgarramiento ideológico, la angustia que implica el
origen de clase de quien escribe, así como la asunción de la primera
responsabilidad de un escritor que es escribir con la permanente preocupación
por el lenguaje. En una entrevista para la revista Bohemia, realizada por Nora Sosa, Adoum dijo: «El enemigo
fundamental de un escritor son las palabras: contra ella y con ellas debe combatir».
Para Adoum, en la práctica de la escritura confluyen los conflictos amorosos,
políticos y estéticos del autor, es decir, los conflictos de la vida misma y del
tiempo que le ha tocado vivir.
Entre 1945 y 1947, Adoum fue secretario de Pablo
Neruda, lo que le posibilitó un proceso de aprendizaje singular. Como era de
esperarse, la influencia de Neruda en la poesía latinoamericana fue aún más acentuada
en Adoum, pero, como el propio poeta lo dijo, tanto Neruda como él fueron los
primeros en darse cuenta de la situación. A partir de aquel momento, Adoum ha
construido una voz poética muy suya.
Desde Ecuador amargo (1949) hasta su
monumental Los cuadernos de la tierra (que se publicó íntegro en 1963),
el lenguaje exhibe exuberancia verbal, un aliento telúrico de resonancia mítica,
la búsqueda no sólo de una voz poética capaz de convertirse en la voz que exprese al
habitante del país y su historia, sino también del lugar de procedencia al que se ama de
manera desgarrada, imbuida de lirismo y con el verso doliente de un antiguo yaraví.
Así, los
primeros versos
de «Lamento y madrigal sobre Palmira» evocan el origen y la soledad no
solo del desierto, sino del ser humano que lo contempla como parte del
territorio que es su patria: «El polvo, el tiempo, áspera / y difícil soledad,
desolado / mantel seco: aquí no hubo / nunca el caserío, la planta, / los dedos
de la lluvia: / tierra rota / hasta la harina, paisaje ciego / que el viento
cambia de lugar».
¿Cuándo se da
la ruptura con la herencia nerudiana? Hernán Rodríguez Castelo
sostiene que esta ruptura se produce con el tercer cuaderno: Dios trajo la sombra (Premio Casa de
las Américas, 1960): «para llevar hasta límites estupendos la transmutación lírica y anti lírica,
épica
y anti
épica de
la crónica y el mito».
Saúl Yurkievich, en
cambio, opina que este tercer cuaderno «es un intento coincidente con el
Canto General de Neruda en cuanto a objetivo de representación y estilo adoptado […] Las imágenes provienen del
mismo trasfondo
mítico y
se expresan mediante esa magnificación metafórica, que algunos llaman telurismo, que
establece constantes transfusiones entre todos los órdenes de una naturaleza
fascinante y avasalladora».
(100).
El cuarto cuaderno compuesto por El dorado y Las
ocupaciones nocturnas, según Vladimiro Rivas «es el imaginativo mundo poético
del deseo, el amor, el trabajo y la soledad y la muerte, que anuncian un mundo poético
cada vez más marcado por la ironía... es el libro más maduro, más sabio, más
humano de Adoum. Desde ahí solo se puede descender o desarrollar en variaciones». Así, una leyenda
popular como la de la «Dama tapada» se convierte en una variación sobre el
amor, la muerte y la soledad: «No vinieron entonces, / hoy tampoco, su pie a mi
escalón, a mi día / su olvido, ni puedo preguntar por su sombrero. / ¿Será
siempre la cita de modo como fortuito, / en un taxi en que aguardara por otra
pasajera, / o por este ideal desprevenido?» (206).
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| Adoum, por Manuel, Bohemia, 1989 |
Definitivamente, Curriculum mortis (1968)
incluido en Informe personal sobre la situación (1973), inauguró un
nuevo lenguaje, mediante una ruptura violenta de la sintaxis. El tono
coloquial, anti-lírico, desmitificador, experimental —más tarde, en Prepoemas
en postespañol (1979)— genera nuevas formas de hablar acerca de la
soledad, tanto de la propia, íntima, como de la existencial del ser humano. El tono nerudiano
ha sido abandonado; lo telúrico da paso a una visión crítica y desencantada de paisito
que se ama, que se sufre; así, en «Ecuador», la voz poética asume la
angustia de una patria que expulsa a los suyos y que es entendida como geografía
de postal: «Es un país irreal limitado por sí mismo / partido por una línea
imaginaria / y no obstante cavada en el cemento al pie de la pirámide. / Si no,
cómo podría la extranjera retratarse / perniabierta sobre mi patria como sobre
un espejo, / la línea justo bajo el sexo / y al reverso: “Greetings from la
mitad del mundo”». (38) El lenguaje, ese enemigo al que hay que confrontar y
vencer, según el propio Adoum, es radicalmente vencido en su conocido: «En el
principio era el verbo», que transcribo íntegro:
te número te
teléfono aburrido
te direcciono (callo, caso y escalero)
te habitacionada ya te lámparo te suelo
te vaso te enfósforo te libro
te disco te destoco te desvisto desoído
te camo te almohado enciendo descobijo
te pelo te cadero me cinturas
nos trasvasamos labio a labio
me embotello en tu adentro
nos rehacemos te desformo me conformo
miltuplicada tú yo mildividido (17)
En «Tras la pólvora, Manuela» —incluido en El
amor desenterrado y otros poemas (1993)—,
poema de largo aliento, el coloquialismo fluye con libertad absoluta y, al
mismo tiempo, el buceo en lo profundo del espíritu de dos figuras emblemáticas
de la patriecita, Manuela Sáenz y Simón Bolívar, desacralizando y erotizando sus
amores, humanizando su tragedia, hurgando en el abismo de sus soledades y pérdidas:
«Tal vez triunfamos tanto de los demás que nos faltaba / el insípido heroísmo
de vencernos: somos, creo, / los últimos enemigos que quedamos, pues no fuimos /
ni el uno junto al otro victoriosos, / ni el uno sobre el otro exterminados».
«El amor desenterrado» —a partir del enterramiento y
museo de sitio, en Santa Elena, conocido como «Los amantes de Sumpa»— es una
meditación de muy largo aliento sobre el amor y la eternidad, la vivencia del
mito en el tiempo, y el vacío de la existencia cotidiana en la
contemporaneidad. Es un poema de hermosas resonancias filosóficas atravesadas
por el tono conversacional, muy propio de Adoum, que se adentra en lo profundo
de la existencia humana, que se pregunta sobre la condición milenaria del amor
y su manera de enfrentar a la muerte, sobre el amor de la pareja y la mirada de
la comunidad:
Cuál
de los dos murió primero
callando
ante la verdad de los cuerpos que dialogan
en
esa antigua tragedia anterior a la tragedia antigua,
porque
cómo se hace —avisen, había que decírselo a todos—
para
morir juntos sin desclavarse,
interminable
hazaña nupcial no repetida
porque
desde entonces ya no supimos cómo
(En Claudicación…, 80)
El experimentalismo como expresión lingüística de
la violencia social junto con una mirada crítica a la izquierda del país, una
reflexión constante sobre el papel del intelectual y una escritura atravesada por una
irreverencia
libérrima, así como una visión compleja sobre el mundo, las ideologías y la precariedad
del ser humano, le permiten a Adoum hurgar en la desgarradura espiritual de ser humano contemporáneo. La
pugna entre los conflictos de la propia individualidad que la
persona debe confrontar y las exigencias de la sociedad sobre los problemas
colectivos que la persona debe atender marcan las líneas básicas de su novela (texto
con personajes, como él la denomina) Entre Marx y una mujer desnuda (1976),
Premio Xavier Villaurrutia (México).
La novela (poema con personajes, la llama Abdón
Ubidia) es también un homenaje a Joaquín Gallegos Lara transfigurado en el
personaje de Galo Gálvez. En el prólogo (páginas 233-237 del libro), Adoum
dice: «Lo conocí cuando estaba descuartizando entre su disciplina de militante
y su vocación por la verdad» (233). A través del personaje d Gálvez, Adoum
desarrolla con lucidez una de las líneas más complejas de su novela que es la
relación entre el escritor, la literatura y la militancia política. Una tríada que
en el propio Adoum ha estado siempre en conflicto. Asimismo, Adoum trabaja con
solvencia el conflicto amor, literatura y política tanto en la novela Ciudad
sin ángel (1995) como en su libro de relatos Los amores fugaces
(1997), que propuso como unas memorias imaginarias, una suerte de auto-ficción
en un tiempo cuando el término no estaba popularizado como ahora.
Finalmente, la poética y la política de Adoum, Premio
Nacional de Cultura Eugenio Espejo 1989, se expresa en los tres primeros versos
de «Anónimo
del
siglo XX»: «Ustedes presabían (como todo) camaradas / que iba a ser un espécimen
de intelectual podrido / porque escribo en lugar de componer-el-mundo-entre dos
tintos».
(22) Hoy, al conmemorar los cien años del natalicio de Jorgenrique Adoum, su
obra continúa ofreciéndonos una reflexión tan actual, incisiva y luminosa sobre
el ser humano y el mundo demencialmente injusto que habita, así como sobre el
amor, la literatura y la ética, asuntos que integran el magisterio estético de
Adoum.
La del estribo
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| Oswaldo Guayasamín, «Jorge Enrique Adoum»,
1976, óleo sobre tela, 105 x 70 cm, taller del artista. (Foto: Jorge Medina, 2019). |
(Pre)texto para Jorgenrique
te
palabro te memorio te presente
texto con personaje; los (pre)textos:
tus prepoemas, tu poslenguaje.
mi ecuador amargo, tu yaravioso
corazón exiliado de la patria:
ladrimugidolúgubre tanto,
mi talismán de
barro.
escritura
indignada de mundo
dolorror de la encuadernada tierra
entonces hubo que
sufrir, hubo
que morir para vivir en paz.
bendita
bichito desnuda de marx,
de lo efímero e intenso: cómo
iríamos a
comprobar que álguienes se amaron.
estremecimiento
de la inteligencia,
jorgenrique,
feliz tristeza avodkada,
escribo en lugar de componer-el-mundo
entre dos tintos
adoum del curriculum mortis, polvo
del
verso en una vasija, bajo el árbol
incesante
de la vida —poetamente.
De Poéticas de Guayasamín
(Quito / Guayaquil: Fondo de Cultura
Económica / UArtes Ediciones, 2022), 80-81
(versión definitiva).