José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

lunes, febrero 16, 2026

Bad Bunny: la ira de los conservadores y el valor de la lengua española en EE. UU.

Bad Bunny en el show de medio del Super Bowl XL mostró la bandera puertorriqueña con el triángulo azul claro, asociada al movimiento independentista de la isla, que fue prohibida por la Ley de la Mordaza de 1948, derogada en 1957.

             Donald Trump, que este año no asistió al Super Bowl XL (seguramente, para evitar una nueva rechifla), calificó, en su red social, la presentación de Bad Bunny, en el medio tiempo del evento, como «una de las peores de la historia», «una afrenta a la grandeza de Estados Unidos [que] no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia». Trump, el mismo amigote de Jeffrey Epstein, también señaló que «el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo». Randy Fine, representante republicano de la Florida, exigió sanciones federales por un supuesto uso de lenguaje obsceno; además, solicitó «“acciones drásticas”, incluidas multas y revisiones de licencias de transmisión contra la NFL y NBC», según USA Today. Por su parte, la Academia Puertorriqueña de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española, reconoció oficialmente la labor artística de Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre civil de Bad Bunny, por su «aportación excepcional a la difusión global de la lengua española [que contribuye a] a la valoración y visibilidad de una lengua que cuenta con más de 600 millones de hablantes en el mundo».

            Al show de Bad Bunny hay que ubicarlo en las prácticas de la cultura latinoamericana en el seno de la sociedad norteamericana y entender que su valor reside en los desafíos que encarna bajo el marco de criminalización y persecución trumpista a los inmigrantes que hoy es política gubernamental. Obviamente, Bad Bunny no es un político revolucionario ni un artista marginal, sino una figura de la industria del espectáculo, pero el posicionamiento que hace de la cultura latinoamericana y la lengua española se ha convertido en un símbolo de la lucha por la diversidad cultural frente a un régimen excluyente no solo en términos culturales y lingüísticos, sino humanos. Bad Bunny acaba de ganar el Grammy por Debí tirar más fotos, que ha hecho historia por ser el primer disco totalmente en español que gana en la categoría Álbum del Año y del que Rolling Stone en español ha dicho que «muestra a un artista en su independencia creativa máxima». En su reconocimiento al artista, la Academia Puertorriqueña de la Lengua dijo: «en la evolución de su propuesta artística [existe] un compromiso creciente con valores fundamentales como el amor, la libertad, la justicia, la solidaridad y la autenticidad». Y si bien hay algo de lugar común en el eslogan del espectáculo, «Lo único más poderoso que el odio es el amor», por su misma sencillez y claridad, se convirtió en una consigna poderosa en medio de una política de odio contra los inmigrantes latinoamericanos.

            Los conservadores, con Trump a la cabeza, se rasgaron las vestiduras al mejor estilo de los fariseos. Les molesta lo que significa la migración y la carga simbólica de su identidad cultural en un país diverso al que están convirtiendo en un Estado excluyente; les molesta la identidad latinoamericana que se expresa en la resistencia cultural de Puerto Rico —un conflicto que en la historia del cine musical tuvo su ícono romantizado en West Side Story (1961)—; les molesta que la lengua española sea la segunda más hablada en Estados Unidos (aproximadamente 59 millones de personas, equivalente al 18% de la población) por la fuerza cultural que ello representa. Por todo esto, también les molestó la osadía de que el espectáculo de Bad Bunny haya sido en español, de que haya cantado temas sobre la migración, la cultura latinoamericana, de que haya desplegado una cantidad de símbolos culturales como el políticamente poderoso símbolo de la bandera puertorriqueña prohibida por la Gag Law (Ley de la Mordaza) entre 1948 y 1957, y que en la letra de «La Mudanza» dijera: «Aquí mataron gente por sacar la bandera / Por eso es que ahora yo la llevo dondequiera». Me imagino que los trumpistas ya estaban trompudos por cómo Bad Bunny comenzó su discurso de aceptación del Grammy: «ICE out» (se los dijo en inglés, para que no tuviesen dudas).

            Al final, Bad Bunny sí pronunció una frase en inglés: God bless America (Dios bendiga a América). Lo hizo para después enumerar todos los países del continente que son parte de América: desde Chile hasta Canadá. Con los límites que da el marco de la cultura del espectáculo gringa, en un ambiente políticamente hostil hacia la cultura latinoamericana y el español, el show de Bad Bunny es, por decir lo menos, un gesto político irreverente y una representación cultural disruptiva.

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