Las políticas culturales, en el campo de las expresiones artísticas y la preservación del patrimonio, no se construyen aisladas de las políticas sociales y económicas. Las políticas culturales, además, se extienden más allá del período de un gobierno y para su plena realización y permanencia se requiere de un acuerdo que permita señalar las necesidades básicas, un trabajo continuado para lograrlo y una evaluación permanente de su ejecución. Si bien habrá hitos novedosos, ninguna política nace de la nada y todas se construyen desde un acumulado histórico, por lo tanto, en medio de una declaración de emergencia del sector cultural, hay que mirar con atención aquello que nos hace falta en fortalecimiento de los subsistemas básicos, descentralizar y desconcentrar la gestión, y preservación patrimonial.
La declaratoria de emergencia de un sector, en este caso, el sector cultural, puede resultar positiva porque permite movilizar recursos extrapresupuestarios, intervenir con mayor rapidez en sus necesidades, y, por tanto, priorizar tareas que requieren recursos y atención inmediata. Por supuesto, habría que definir cómo las políticas culturales se articularían, por ejemplo, con las políticas educativas, incluidas las relacionadas con las de educación superior en artes. Asimismo, habría que señalar, técnicamente, qué tareas requerirían una ejecución inmediata. Para todo ello, la convocatoria a un diálogo nacional es imprescindible, porque en ese diálogo se debería empezar por escuchar aquello que tienen que decir las personas que han investigado y reflexionado académicamente sobre la cultura, la gestión cultural, sus modelos, los desafíos que enfrentan, etc.
Me atrevo a señalar que, para atender al subsistema de la Memoria Social y el Patrimonio Cultural, resulta indispensable fortalecer y expandir la Red Nacional de Bibliotecas, de tal manera que las bibliotecas públicas y las privadas, según sus reglamentos, se conviertan en espacios al servicio de la ciudadanía para un acceso pleno al libro, con modernos sistemas de préstamos para la casa, y circulación de libros en préstamos entre bibliotecas. Además, con una inversión adecuada, aquellas bibliotecas que hoy tienen locales propicios, y aún no lo han hecho, pueden transformarse en centros culturales comunitarios cuyas actividades vayan desde la animación a la lectura hasta talleres de diversas artes para todas las edades. Una experiencia de esta naturaleza, por ejemplo, se desarrolló en Medellín en la primera década del siglo veintiuno como un elemento que contribuyó significativamente a restaurar el tejido social y a reducir la violencia. Asimismo, el fortalecimiento de la red de archivos y de museos requeriría una intervención que mirase las necesidades de la investigación académica y de la formación estética de la ciudadanía, respectivamente.
¿De qué manera descentralizar la gestión? Las sedes provinciales de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y las direcciones de Cultura de los GAD son los espacios institucionales que podrían convertirse en los planificadores y ejecutores de la gestión cultural local, con un mejor y mayor financiamiento, toda vez que los presupuestos, sobre todo de las Casas provinciales, ha venido menguando. Por supuesto, en aquellos sitios en que, por razones del desarrollo inequitativo del país, no existan todavía las condiciones materiales para ello, el Ministerio de Cultura y Patrimonio, MCyP, tendría que intervenir creando las condiciones para que aquello se dé en un momento dado.
Por su parte, el propio MCyP podría desarrollar procesos de fortalecimiento para la planificación y acción desconcentrada, con un mayor financiamiento de la programación, de los teatros (por ejemplo, el teatro Benjamín Carrión, de Loja, o el Centro Cívico, de Guayaquil), las sinfónicas y la Compañía Nacional de Danza. En esta línea, es importante culminar el proceso de restablecimiento del Instituto de Cine y Creación Audiovisual, ICCA, y el Instituto de Fomento para las Artes, Innovación y Creatividad, IFAIC.
Finalmente, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC, es una institución que tiene un enorme acumulado histórico en el ejercicio de conservación del patrimonio, de investigación académica y de defensa del patrimonio ante el tráfico de bienes culturales. El INPC es una institución a la que debemos cuidar y dotar de todos los instrumentos administrativos, legales y financieros que requiera para cumplir cada vez de mejor manera su misión. Tal vez esté planteando algo obvio, pero resulta que la descentralización de la preservación patrimonial en manos de los GAD requiere de la asesoría y fortalecimiento de capacidades por parte del INPC, que las ofrece tanto a las instituciones como a los propietarios y custodios de los bienes patrimoniales. Para este trabajo conjunto, se requiere voluntad política y financiamiento.
En síntesis, los procesos de construcción de las políticas culturales deben basarse en un diálogo nacional de los actores culturales, tanto públicos como privados. La experiencia académica de los investigadores y de los observatorios tiene que atravesar estos diálogos. Y, finalmente, las instituciones más adecuadas para convocarlo son el MCyP, la Casa de la Cultura Ecuatoriana y los GAD.