José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

lunes, abril 18, 2022

Hay que fortalecer la educación y la salud públicas de calidad

           

Los 17 objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada por la ONU.

En un artículo sobre la gestión pública, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, planteó: «Las políticas de Estado que exigen los desafíos nacionales, regionales y globales de la Agenda de desarrollo 2030 implican un Estado fuerte, proactivo y partícipe con otros en su función económica, social y ambiental, capaz de formular e implementar estrategias de desarrollo para alcanzar metas económicas, sociales y ambientales»; y amplió la idea: «Ello debe ir de la mano con un modelo de gestión pública de calidad,  orientado al desarrollo que incluya la entrega y provisión de bienes y servicios públicos de manera efectiva, eficiente y oportuna»[1]. En función de las políticas sociales que crean condiciones para una sociedad democrática, lo público debería ser fortalecido, sobre todo, en educación y salud.

              La educación pública de calidad debería ser una política de Estado permanente, pero, al parecer, todavía no nos convencemos de ello a pesar de la Conferencia Mundial Educación para Todos, de Jomtien (1990), los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de la ONU (2000-2015), el Plan Decenal de Educación aprobado en la Consulta popular de 2006, la Agenda 2030 y otras declaraciones. Un estudio encargado para el Reporte 2015 del monitoreo global de Educación para Todos, de la UNESCO, dio cuenta de los cambios en la política educativa en Ecuador desde el año 2000. Sobre la meta de universalización de la primaria (diez años de Educación general básica), que también fue uno de los Objetivos del Milenio, el estudio señaló que, para dinamizar la demanda, se aplicaron estrategias de alimentación escolar (entre 2007 y 2013, los beneficiarios aumentaron de 1,3 a 2,1 millones), eliminación de cobros de las mal llamadas “contribuciones voluntarias”, dotación de textos escolares (entre 2007 y 2012, el número de beneficiario pasó de 1,3 a 3,5 millones) y uniformes escolares (entre 2007 y 2012, los beneficiarios aumentaron de 82 mil a 1,2 millones). Entre 2007 y 2012 se abrieron aproximadamente 32 mil concursos para plazas docentes. En este apartado, el estudio concluye:

 

En cuanto a los resultados de la aplicación de las estrategias de ampliación de cobertura, se observa que la tasa neta de asistencia a la Educación General Básica, diez primeros años de educación, pasó de 89,2% a 96,1%. La implementación y extensión de programas de eliminación de barreras de acceso, así como la dinamización de la oferta educativa, entre los años 2006 y 2013 fue probablemente una de las principales razones para el incremento de la cobertura en Educación Básica, en especial para los grupos poblacionales más vulnerables.[2]

 

            La pandemia generada por la Covid-19 que nos obligó a cuarentena en 2020 y que dejó como resultado miles de muertos que no lograron atención médica oportuna, evidenció la fragilidad del sistema público de salud: incapacidad para atender una emergencia sanitaria como la que vivimos, caos organizacional que determinó cientos de cadáveres extraviados, médicos que carecían del equipo necesario para su trabajo, incapacidad de las autoridades de salud para organizar la atención que demandaba la población, etc. Los Objetivos del Milenio 4, 5 y 6 se refieren a la salud: reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, y combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades. Según la Organización Panamericana y la Mundial de la Salud, «se necesitan alrededor de 23 médicos, enfermeras y parteras cada 10.000 habitantes para brindar servicios esenciales de salud a la población»[3]; según el registro estadísticos de recursos y actividades de salud, del INEC, a 2018, la tasa de médicos en el país fue de 23,44 médicos por cada 10 mil habitantes. Por tanto, si bien tenemos el personal necesario, carecemos de servicios públicos de salud de calidad y estamos lejos de la cobertura sanitaria universal.

 

Para que la cobertura sanitaria universal (CSU) sea verdaderamente universal, los sistemas de salud deben pasar de su actual diseño basado en las enfermedades y las instituciones a uno basado en las personas y realizado con su ayuda. La APS (atención primaria de salud) requiere que los gobiernos de todos los niveles subrayen la importancia de tomar medidas más allá del sector de la salud con miras a que se aplique una metodología pangubernamental de la salud en la que se incluya a esta en todas las políticas, se preste una especial atención a la equidad y se realicen intervenciones que abarquen todo el curso de la vida.[4]

 

            El discurso neoliberal sobre el “estado obeso” es una consigna sin sustento, que ha sido construida con el objeto de convertir a la salud en un negocio privado, bajo el canto de sirena de la eficiencia; asimismo, el cuestionamiento del valor democrático de la educación pública de calidad es pura propaganda que pretenden convertir al mundo en una selva de sobrevivencia darwiniana. El discurso y la práctica, que desdeñan y destruyen lo público, ignoran la necesidad de contratar docentes y personal médico de rigurosa formación académica, continuamente evaluados y cada vez mejor remunerados; desconocen la obligación estatal de invertir permanentemente en escuelas y centros de salud, y la urgencia de mejorar la cobertura y la calidad de la educación y salud públicas. Las sociedades democráticas promueven la igualdad de oportunidades de sus ciudadanos: invertir en educación y salud públicas de calidad, desde un Estado fuerte y proactivo, es una política pública indispensable para la construcción de un país socialmente más justo, económicamente más equitativo, espiritualmente más solidario.



[1] Comisión Económica para América Latina y el Caribe, «Acerca de la Gestión pública», acceso 14 de abril de 2022, https://www.cepal.org/es/temas/gestion-publica/acerca-gestion-publica
[2] María Daniela Araujo y Daniela Branwell, «Cambios en la política educativa en Ecuador desde el año 2000», Paper commissioned for the EFA Global Monitoring Report 2015, Education for All 2000-2015: achievements and challenges, en UNESDOC Biblioteca Digital, acceso el 16 de abril de 2022, https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000232430[3] Organización Panamericana de la Salud, «La OPS/OMS destaca la necesidad de formar más personal de enfermería en América Latina y el Caribe», acceso 17 de abril de 2022, https://www3.paho.org/hq/index.php?option=com_content&view=article&id=10947:2015-pahowho-highlights-need-train-more-nursing-personnel&Itemid=1926&lang=es
[4] Organización Mundial de la Salud, «Atención primaria de salud», acceso 17 de abril de 2022, https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/primary-health-care


lunes, abril 11, 2022

La Educación a distancia después de la pandemia

           


¿Qué nos enseñó la pandemia sobre la educación a distancia? ¿Qué falencias del sistema educativo nos reveló el confinamiento? ¿Qué necesidades de conectividad quedaron al descubierto? En los momentos más graves de la pandemia nos dimos cuenta de que nuestro país, al igual que otros del área andina, carecía de plataformas de contenido y sistemas de educación a distancia fortalecidos y tenía un acceso muy limitado a dispositivos tecnológicos e Internet. Y, sin reposición de ninguna naturaleza, los costos de internet y de los dispositivos tecnológicos, requeridos con urgencia durante el confinamiento, fueron asumidos de manera inmediata y en su totalidad por las y los docentes, tanto en el sistema educativo público como en el privado.[1]

            Partamos del hecho de que la educación a distancia no es una reproducción mecánica de la educación presencial a través de tecnologías telemáticas y otros medios. Sin embargo, así se hizo durante la pandemia porque estábamos en una situación de emergencia mundial y las respuestas fueron implementadas de manera inmediata y sin mucho debate teórico. Luego de tal experiencia, que ya podemos evaluar, tenemos que reformular la práctica reciente partiendo del principio de que el desarrollo de contenidos, didácticas y metodologías deben considerar los aspectos específicos de la modalidad a distancia.

            En este marco, hay que lograr en todo el sistema educativo, independientemente de su modalidad, una combinación de las disciplinas STEM[2] y de las habilidades blandas (creatividad, capacidad para resolver conflictos, condiciones para el trabajo en equipo, adaptabilidad a situaciones inéditas, pensamiento crítico, etc.); asimismo, hay que poner énfasis en el mejoramiento de las destrezas de la lectura y la escritura. La comprensión lectora y la capacidad para escribir contribuyen de manera fundamental al desarrollo del pensamiento crítico, de ahí que habría que fortalecer el plan de Lectura y Fomento del Libro, más aún en esta coyuntura en que las industrias culturales han sido golpeadas severamente por efectos de la pandemia.[3] Además, se debe aprovechar las ventajas de subir los textos prescritos en línea y las amplias posibilidades tecnológicas de multiplicar los talleres de lectura en las plataformas virtuales.

            La Encuesta Nacional Multipropósito de Hogares, realizada por el INEC en diciembre de 2020, señalaba que «en el 2020, el porcentaje de hogares con acceso a internet aumentó 7,7 puntos porcentuales a nivel nacional, 5,6 puntos en el área urbana y 13,1 puntos en el área rural»[4]; no obstante, el dato, que podría generar cierto optimismo, se estrella contra la realidad: el porcentaje de hogares con acceso a internet en la zona rural es de apenas el 34,7 % y en la zona urbana es de un modesto 61,7 %. Lo más preocupante es que, según la misma encuesta, «el porcentaje de personas que utilizan computadora disminuyó: 6,7 puntos porcentuales a nivel nacional, 6,0 en el área urbana y 8,4 puntos en el área rural», con lo cual, el porcentaje de personas que utilizan computadoras quedó en 40,7 % en la zona urbana y en 20,5 % en la rural.

            Por lo tanto, es indispensable que el Ministerio de Educación, en conjunto con el de Telecomunicaciones, diseñen una política pública destinada a multiplicar la conectividad de las y los docentes que incluya servicios de internet, acceso a dispositivos tecnológicos a los más bajos costos posibles, o a costo de reposición subvencionado por el Estado así como una generalización del uso de software libre en el sistema educativo nacional. Y, claro está, hay que poner énfasis en las zonas rurales. Además, hay que anotarlo, el financiamiento para la implementación de esta política no debe depender ni de la cooperación internacional ni de la buena voluntad de la empresa privada: el financiamiento debe ser tanto por obligaciones contractuales de las telefónicas, así como por un impuesto a las utilidades de estas. Después de todo, se trata de herramientas que el profesorado necesita para su trabajo.

            Luego de la pandemia, el Ministerio de Educación tiene que aprovechar la experiencia para institucionalizar un poderoso sistema de educación a distancia que incorpore todas las tecnologías disponibles, esto es televisión, radio, prensa, Internet, etc. En América Latina existe una larga tradición de la educación a distancia llevada a cabo por medios públicos y comunitarios cuya práctica requiere ser investigada, analizada y potenciada para su fortalecimiento. Por lo mismo, el Estado debe invertir en la televisión y la radio públicas para ampliar la cobertura de los programas educativos a distancia que, en la zona rural, ampliaría la cobertura y sería un apoyo indispensable para las escuelas unidocentes. El gobierno central debería promover una legislación que amplíe el uso de espacios para educación a distancia en la programación de la televisión y radios privadas y comunitarias; y, también, ampliar las plataformas de contenidos y sistemas de gestión de los aprendizajes a distancia que fueron desarrolladas durante el confinamiento.

            En síntesis, la experiencia de lo que fue la improvisación de clases en línea, sin metodología adecuada, con acceso elemental a los sistemas tecnológicos y una conectividad básica, desarrollada durante la pandemia, nos ha dado elementos importantes para reformular la práctica de la educación a distancia. Así, es fundamental ampliar y democratizar el acceso a internet y a los dispositivos tecnológicos necesarios para aquella. Por último, en el sistema de educación a distancia tienen que integrarse todos los medios de comunicación en tanto herramientas del sistema. Las lecciones que nos dejó la pandemia deben servirnos para hacer de la educación a distancia una modalidad combinada con la presencial, al servicio de todos, todos los días.



[1] La ilustración de esta entrada ha sido tomada del sitio web de UNESCO, acceso el 11 de abril de 2022, https://es.unesco.org/themes/tic-educacion/orientaciones-aprendizaje-distancia

[2] Acrónimo de los términos en inglés: Science, Technology, Engineering y Mathematics (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Mataméticas).

[3] Entre marzo y diciembre de 2020, las industrias culturales de Ecuador perdieron alrededor de 225 millones de dólares, según un boletín del Sistema Integral de Información Cultural, SIIC, «Impacto del Covid-19 en el sector cultural y patrimonial del Ecuador» (Marzo, 2021), acceso 22 de junio de 2021, https://www.culturaypatrimonio.gob.ec/wp-content/uploads/downloads/2021/04/Boleti%CC%81n-Impacto-del-Covid-19.pdf

[4] INEC, Tecnologías de la información y comunicación. Encuesta multipropósito TIC, abril 2021, acceso el 10 de abril de 2022, https://www.ecuadorencifras.gob.ec//tecnologias-de-la-informacion-y-comunicacion-tic/


lunes, abril 04, 2022

Mis clásicos Ariel

Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,

donde nos haces una falta sin fondo!

 

César Vallejo, «A mi hermano Miguel»,

Los heraldos negros, 1918.

Tito Vallejo Corral (1946-2015)

         Uno por semana, los Clásicos Ariel que me regaló mi ñaño Tito fueron llegando a mis ojos miopes que los devoraron tal como aparecieron, cada jueves, con el verde intenso de mis becquerianas ensoñaciones. Intuía la poesía en el mundo y la poesía se develaba ante mí en los libros.

         ¿Cuánto habré aprendido —yo, vértigo de púber en los desfiladeros de la palabra— de la Historia antigua del padre Juan de Velasco o de la prosa inteligente de Las Catilinarias, de Montalvo? ¡No lo sé, no puedo saberlo! Tan solo recuerdo que, entre tanta luz del saber que me enceguecía, supe del espíritu rebelde al final de la quinta catilinaria: ¡Desgraciado del pueblo donde los jóvenes son humildes con el tirano, donde los estudiantes no hacen temblar al mundo!    

   

Aún conservo el primer libro de los Clásicos Ariel
Con la Tigra y Cumandá descubrí el anhelo del deseante. Nicasio Sangurima era mi abuelo César y el revólver de mi abuelo rugía en su cintura, taimado como un pacto con el diablo. Até mi alma con majagua a la canoa fantasmagórica de don Goyo; conocí del artificio humano con la visión del guaraguao fiel; enfermé de melancolía tras ingerir la prematura vejez de Medardo Ángel, su Rosa Amada y la bala definitiva; descubrí la piedad en el destino griego del niño malo al que le bailó un machete; entendí la soledad de mi madre en las quejas de la abandonada Dolores; y fui un extraño, entre los extraños del patio de la escuela, que también murió a puntapiés.

         Con mi hermano me fue revelado que la insondable culpa de Raskolnikof era la culpa escondida que padecíamos por querer igualarnos a los dioses; que el alma perpleja de Gregorio Samsa era la misma de aquellos insectos que visten corbatas lánguidas en una oficina infectada de insectos y lloré por mi hermano; que mi abuela María y mi madre estaban tan rotas como la mujer rota de Simone de Beauvoir y también lloré por la resquebrajada pupila azul de sus vacíos.

         Mi hermano me mostró la milenaria sabiduría de un profeta que predicaba bajo la sombra de los cedros del Líbano y la sabiduría fresca de un principito extraviado, igual que todos nosotros, en el desierto del mundo. Con mi hermano descubrí al Quijote de esa España pendiente en su carabela que, años después, acabó desguazada junto al escritorio del banco del que se jubiló. Y lloré por mí mismo.

 

Mamá Aída, yo y mi ñaño Tito en Cuenca, 1963.
            A mi ñaño Tito le debo tanto, tanto, tanto… que me faltan hipérboles para contarlo. Le debo el pan y la alegría de nuestra mesa de Vallejos; los dulces de coco, camote y zanahoria del caramanchelero del Correo; los domingos de Barcelona en el estadio Modelo. Le debo la ofrenda de sus sueños de artista en aras de mi poesía; la herencia de aquella felicidad sospechosa en un país de tristes; y le debo la catarsis de la letra vivida en mis Clásicos Ariel.

 

PS: Esta prosa poética es parte de Trabajos y desvelos, poemario bajo el sello editorial de Caza de Libros, Ibagué, Colombia, que será presentado el próximo 1 de mayo en la FIL Bogotá.