El 19 de junio, al cierre del XXVII Congreso Internacional de la Asociación de Ecuatorianistas, cuya sede fue la Universidad de las Artes, en Guayaquil, ofrecí un recital poético basado en mi antología personal Ritual efímero del fuego eterno (2025). Me acompañaron en la lectura dramática Siomara España, Ileana Matamoros, Lucho Mueckay y, mi hija, la actriz Daniela Vallejo Santos.
Intentar la escritura de una poética es emprender la búsqueda de la poesía con el ánimo de que en el poema se dé el encuentro entre la poesía y el espíritu del ser humano.
El poema es una obra que requiere oficio, es decir, trabajo con el lenguaje y perseverancia en el lenguaje. Hasta Cervantes lo sentía en sí mismo y nos lo dijo en su poema narrativo Viaje del Parnaso (1614): «Yo, que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo…».
La experiencia poética y la experiencia sagrada se vuelven materialidad en el poema y la oración, aunque estas sean, la más de las veces, pálidas expresiones de la intensidad de aquellas. Pero no se crea que la poesía tiene solo una existencia etérea, meramente espiritual; como en Homero, la poesía se encarna en el poema asido a la historia: el poema carga en sí las condiciones sociales en que se escribe y es el lenguaje del poema lo que le posibilita trascender al tiempo de su escritura.
La poesía, ese fuego eterno, existe en el poema en el instante de la llama, si acaso; y también en el encuentro de la palabra poética y el ser humano, y su transcurrir en la historia.
La poesía es la lumbre de la comunidad.
Que la poesía habite este poema
¿Dónde habita la poesía?, inquiero
mientras la llama permanente
de la palabra fugaz
danza sobre mis papeles atónitos
que son el arca de tanta vida escrita
y una voz desde mi fondo me susurra:
en los tambores incesantes del silencio
en las huellas efímeras del transeúnte
en los relojes sin cuerda de Dios
en la lucidez dolorosa de los locos
en el abrazo, el beso y el pan compartidos
en la historia alucinante de nuestro pueblo
en la víscera apasionada de cada pecho
en la serendipia a la que nos conduce
el libro que nos regalaron en la infancia.
Ahí, en las palabras de un poema
donde cabe el espíritu del mundo
habita la poesía: la iluminada,
la profética, la cruel con sus fieles,
la que me mantiene vivo
en el país del desasosiego.
Por eso invoco al oficio de la antigua
y siempre nueva cofradía de poetas
para que, piadosa, la poesía habite
por un instante perdurable
en este agónico poema mío:
ritual efímero del fuego eterno.
Guayaquil, Lago de Capeira, octubre de 2025
La del estribo
«Que la poesía habite este poema» es el texto inicial de mi antología personal Ritual efímero del fuego eterno (New York: Nueva York Poetry Press, 2025), volumen No. 30 de la colección Piedra de la Locura (Stone of Madness), creada en homenaje a Alejandra Pizarnik.
Agradezco a la poeta y editora argentina Mar Russo por invitarme a ser parte del catálogo editorial de Nueva York Poetry Press. Gracias también a Marcela Sánchez González por las fotos del autor y las que acompañan algunos poemas del libro, así como al maestro Miguel Betancourt por el cuadro que ilustra la portada: Quipus, 1985, acuarela sobre cartulina, 77 x 57 cm.

