José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).
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lunes, agosto 03, 2026

Pausa de hidratación: ¡es tiempo de una recarga!

           

Los principales clubes de fútbol han estampado publicidad de casas de apuestas virtuales en sus camisetas. Es decir que, si un niño o niña usa la camiseta de su equipo llevará encima publicidad de una actividad prohibida para menores. Es como si llevara publicidad de tabaco o bebidas alcohólicas.

            Alexsei Ivanovich, al final de un proceso de autodestrucción, recuerda cuando, siete meses atrás, se había jugado el último florín apostando en Roulettenburg y celebró una victoria momentánea. Como les sucede a todos los ludópatas, él cree que si ahora se juega el dinero que ha ganado para empezar una nueva vida, podrá recomenzar de mejor manera. En el contexto de El jugador, de Fedor Dostovieski, todo lo que imagina Alexsei nos lleva a la conclusión de que sus esperanzas son vanas. Así también, son vanas las ilusiones de aquellos que creen que apostando en casinos virtuales van a salir de la pobreza. En el campeonato mundial de fútbol 2026, los sitios de apuestas virtuales fueron los ganadores silenciosos, pese al ruido que hicieron. Según un artículo de la BBC, en el Mundial 2026 se apostaron alrededor de 50 000 millones de dólares, esto es, aproximadamente 480 millones de dólares por partido. En pleno mundial, los obispos argentinos alertaron por el auge de las apuestas online en niños y jóvenes. Y es que los casinos de hoy ya no son los lugares elegantes y sofisticados a donde Alexsei Ivanovich acudía, sino una sencilla y prosaica aplicación en el móvil de cada uno en la que se puede apostar en todo momento: mientras ves el partido de fútbol, almuerzas, vas al baño o en la soledad nocturna de tu habitación; es discreto y muy accesible: llevas tu propio casino en el bolsillo. El cardenal Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba, señaló: «Tenés chicos o jóvenes más preocupados por si meten un gol o si hay un córner, o sea, por la apuesta que hicieron, que por disfrutar del partido. Es triste». Una manera fácil de perder dinero y convertirse en ludópata. En lo personal, si algo me fastidió en las trasmisiones en directo de la plataforma Direct TV Go fue que en cada pausa de hidratación se multiplicó la publicidad de las distintas casas de apuestas en línea: ¡es tiempo de una recarga!, decían; en criollo: ¡es tiempo de apostar! Los sicólogos están preocupados porque la edad de iniciación de los menores en las apuestas de todo tipo es cada vez menor, sobre todo en las apuestas deportivas. Emily Sohn, en su artículo «Cómo afecta el juego al cerebro y quienes son los más vulnerable a la adicción», (American Psychological Association, APA, julio de 2023), señaló: «Según una investigación reciente, las personas de entre 20 y 30 años son el grupo de jugadores que crece más rápidamente. Y muchos niños comienzan a jugar incluso antes. Casi dos tercios de los adolescentes de entre 12 y 18 años afirmaron haber apostado o jugado a juegos de azar durante el año anterior, según una encuesta canadiense de 2018 realizada a más de 38 000 jóvenes y financiada por el gobierno de la Columbia Británica». No tengo mucha esperanza de que la situación se modifique en el corto plazo, pues el negocio de las apuestas deportivas —llamadas eufemísticamente “pronósticos”, a pesar de que en la construcción de su razón social muchas utilizan bet (apostar, en inglés)—, está amparado legalmente por un pronunciamiento de la Procuraduría del Estado, del 13 de diciembre de 2019, que señaló que el resultado de un pronóstico deportivo no se define por el azar, sino por la destreza o el cálculo. La destreza o el cálculo que, cada día más, acaparan una ludopatía juvenil que debería preocuparnos como sociedad. El obispo de la Rioja, monseñor Braida, dijo que quienes ocupan cargos de autoridad deben «hacer mucho más para poner límites y acompañar procesos de cambio», e hizo un llamado para que padres, madres, educadores, catequistas y comunidades parroquiales «promuevan ámbitos de diálogo y contención».[1] Dostoievski diseccionó el demonio interior que acosa al apostador en El jugador, con mucho de su propia experiencia. Hoy, Alexsei Ivanovich tendría infinitas posibilidades de caer aún más en el pozo sin fondo del ludópata con solo teclear su teléfono móvil, mientras mira un partido de fútbol, durante las pausas de hidratación.

 

La del estribo

 

            Hay una contradicción moral en el hecho de que las casas de apuestas deportivas auspicien ligas y equipos deportivos. Sin embargo, el problema está lejos de solucionarse: la FEF —mediante un convenio vigente hasta 2027— organiza el campeonato nacional de fútbol con el patrocinio de una casa de apuestas virtual y lo llama «Liga Pro Ecuabet»; los principales clubes de fútbol han estampado en su camiseta oficial los logos de las casas de apuestas virtuales; y, una de ellas, afirma en su publicidad, apelando al patrioterismo: «Es de ecuatorianos pronosticar todo». Además, no se vislumbra que los políticos quieran legislar sobre una regulación más estricta que no responda solo a una visión recaudatoria y que implique, entre otras medidas: un sistema realmente seguro de verificación de la edad de quienes apuestan; severas multas para las empresas que permitan el acceso de menores a sus plataformas; prohibición a los deportistas activos para hacer publicidad de casas de apuestas en línea; establecimiento de un límite de consumo diario en apuestas a través de tarjetas de créditos u otros medios de pago; la inclusión de mensajes explícitos sobre la ludopatía como un riesgos del juego y sobre los porcentajes de probabilidades de pérdida. Por supuesto, ninguna de estas medidas les gustará a las casas de apuestas virtuales.



[1] Una línea similar es la del Consejo de Protección de Derechos, del Distrito Metropolitano de Quito, que en «Videojuegos y apuestas: una preocupante realidad que afecta a niños y jóvenes» (2025), dice:

 

«Para proteger a los menores, se recomienda a padres y cuidadores:
– Mantener diálogo abierto sobre actividades en línea
– Educar sobre la ludopatía y sus consecuencias
– Analizar críticamente la publicidad de apuestas
– Promover actividades recreativas sin dispositivos
– Modelar un uso equilibrado de la tecnología».