José María y Corina lo habían conversado en alguna de sus tardes de té y facturas: toda muerte engendra ausencias y cada ausencia es un pedazo de muerte que se adhiere para siempre a nuestra piel de solos.
(De El perpetuo exiliado, 2016).

lunes, febrero 21, 2022

S.O.S. para la biblioteca de Cotocollao


Tiene un fondo de autores y temas ecuatorianos de más de medio millón de títulos, que incluye siete mil de libros publicados en Ecuador entre 1759 y 1900; su hemeroteca alberga periódicos, revistas, semanarios, catálogos, etc., desde el siglo XIX, como El Patriota de Guayaquil (1823), La Alforja (Cuenca, 1829) o El Republicano (Quito, 1832); posee un amplio archivo histórico, diez millones de páginas digitalizadas y veintiocho colecciones de arte. Mediante Ley, el Congreso Nacional la reconoció, en 1995, como obra de interés nacional por «ser la biblioteca archivo más completa de autores y temas ecuatorianos», le confirió fondos propios y la declaró archivo del Depósito Legal del Libro[1]. La Ley Orgánica de Cultura de 2016, que dispuso que el Depósito Legal esté en la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, estableció que la BEAEP sea el archivo de respaldo de dicho Depósito Legal[2]. Fundada en 1929, en el Colegio del Noviciado de los Jesuitas, en Cotocollao, entonces, en las afueras de Quito, la Biblioteca de Autores Ecuatorianos, desde 1961, lleva el nombre de su fundador, el padre Aurelio Espinosa Pólit, S.I.

Espinosa Pólit (Quito 1894-1961) es autor de una obra que incursionó en varios campos: traductor del catalán, francés, inglés, italiano, griego y latín, especialista en Virgilio, pedagogo e innovador de la didáctica en literatura, biógrafo, etc. Sus principales libros de crítica literaria son Estudios Virgilianos (en colaboración, 1931), Dieciocho clases de literatura (1947) y Olmedo en la historia y en las letras (1955). Asimismo, publicó ediciones críticas y traducciones de la Eneida, Bucólicas y Geórgicas, de Virgilio, (1961); El lebrel del cielo, de Francis Thompson, (1948); la Lírica Horaciana, (1953); y Antígona, de Sófocles, (1954). A quienes deseen conocer más sobre la obra del jesuita, invito a leer: Aurelio Espinosa Pólit, S.I.: crítico literario.

Una carta A la ciudadanía, del 18 de febrero de 2022, firmada por el P. Gustavo Calderón, S.I, provincial de los Jesuitas, el P. Iván Lucero, S.I, director del Centro Cultural BEAEP, y respaldada por la adhesión de más de 250 intelectuales y artistas llama a la solidaridad con la BEAEP y expone que: «El 7 de diciembre de 2021, el Estado ecuatoriano a través del Ministerio de Cultura y Patrimonio entregó a la BEAEP la cantidad de USD$ 194.458,88 que, comparada al monto que nos corresponde por ley, supone un recorte del 68 %»[3]. Tal parecería que, como Estado y sociedad, siempre estamos en deuda con la creación artística y los creadores, el desarrollo de las bibliotecas como fuentes de consultas de la ciudadanía y el cuidado de la memoria histórica de nuestra nación plural que reside en los archivos. Y, además de la deuda permanente con el sector cultural, está la política económica de que los recortes presupuestarios hay que empezarlos por las instituciones culturales. Una reducción presupuestaria del 68 %, con el agravante de que el dinero se transfiere al final del año fiscal, es condenar a cualquier institución a su desaparición.

 

 

            En 2006, la BEAEP atravesaba un grave problema presupuestario toda vez que con la dolarización y el cambio de denominación de «salario mínimo vital» por «remuneración unificada», la asignación que tenía, en la práctica, se licuó. En mi calidad de ministro de Educación y Cultura, hice una consulta al procurador general del Estado, exponiendo el criterio institucional de que debía entenderse «en la parte pertinente del artículo 4 de la Ley de la Biblioteca Ecuatoriana “Aurelio Espinosa Pólit”: “… no será inferior al equivalente a mil quinientas (1500) remuneraciones unificadas”»[4]. José María Borja Gallegos, procurador del Estado —cuyo criterio es vinculante— respondió que a la BEAEP «no solo le asiste el derecho a recibir una asignación presupuestaria igual o mayor» a la que señalaba la Ley de 1995, «sino que tal asignación debería corresponder a una suma que tenga un poder adquisitivo similar a aquella que tenía el momento en que se creó el beneficio».[5] Así, para el año 2007, el presupuesto de 6.000 dólares se estableció en 240.000. El criterio vinculante del procurador del Estado sustenta el presupuesto que hoy, nuevamente, se licuaría de mantenerse una reducción como la señalada por los jesuitas.

           

Si queremos desarrollar un Plan Nacional del Libro y la Lectura, la primera tarea es el fortalecimiento de la Red de Bibliotecas que preside la Biblioteca Nacional. Una de las mayores bibliotecas de esta red, si no la mayor, es la BEAEP, que para cumplir sus objetivos institucionales requiere el presupuesto que por Ley le corresponde. Al igual que yo, decenas de investigadores académicos, intelectuales y artistas, confiamos en la sensibilidad de la ministra de Cultura y Patrimonio, María Elena Machuca, que ha trabajado en instituciones de la memoria social y conoce sus necesidades, para solucionar un problema que, al final del día, se resuelve con la voluntad política de proteger una institución que es, en sí misma, un fundamental acervo bibliográfico de la nación. Sería lamentable que, por la aplicación de fórmulas economicistas, dañemos y perdamos noventa y tres años de experiencia creciente, ejemplar y necesaria. Espinosa Pólit, en 1930, recién fundada la biblioteca, escribió que esta tenía por objetivo «reunir y ordenar todos los sillares de la que ha de ser un día nuestra tradición nacional, religiosa, histórica, científica y literaria»[6]. Así, desde sus inicios, la BEAEP ha contribuido discreta, solvente y profundamente, a la conservación de la memoria de la inteligencia del país diverso que somos.



[1] Ecuador, Ley de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit, Registro Oficial No. 618, Suplemento, 24 de enero de 1995, arts. 2 y 4.

[2] Ecuador, Ley Orgánica de Cultura, Registro Oficial No. 913, VI Suplemento, 30 de diciembre de 2016, art. 39.

[3] La carta aparece en la cuenta de Facebook del Centro Cultural Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit: https://www.facebook.com/CCBEAEP/photos/pcb.4737292689653114/4737286299653753/

[4] Del ministro de Educación de Cultura al procurador general del Estado, Oficio No. 967-DAJ-2006, del 11 de abril de 2006.

[5] Del procurador general del Estado al ministro de Educación y Cultura, Oficio No. 0026021, del 6 de julio de 2006.

[6] Aurelio Espinosa Pólit, «Una biblioteca ecuatoriana en el Colegio Noviciado de Cotocollao», Mi Colegio, (mayo de 1930).

 

Nota bene: Las fotos del Centro Cultural Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit han sido tomadas de su sitio web que puede ser visitado haciendo click sobre el nombre.


lunes, febrero 14, 2022

El Salmo del aprendiz en «El poder del perro»

           


La película empieza con la voz en off de un joven desconocido que, en tono de plegaria, se autoimpone una tarea vital: «Cuando mi padre falleció, yo no quería nada más que la felicidad de mi madre, porque, ¿qué clase de hombre habría sido yo si no ayudaba a mi madre? ¿si yo no la salvaba?». El poder del perro (The Power of the Dog, 2021), dirigida y escrita por Jane Campion (Wellington, 1954), basada en la novela homónima (1967) de Thomas Savage (1915-2003), tiene actuaciones memorables y despliega una mano maestra en la fotografía (Ari Wegner), tanto de los planos generales que hacen del paisaje un estado del espíritu del ser humano y la representación de su intrascendencia frente a la grandiosidad de la naturaleza como de los planos íntimos que nos conducen al mundo interior de cada personaje y la música (Jonny Greenwood) minimalista que acompaña la imagen, los modos anímicos y la acción de la película en íntimo encabalgamiento.

            Aparece un gran plano general con cowboys conduciendo ganado; de pronto, se escucha la orden de que alejen al ganado del lugar en donde yace una vaca muerta por causa del ántrax. La cámara se cierra a un plano americano y nos presenta a dos de los personajes que conversan: los hermanos Phil y George Burbank (Benedict Cumberbatch y Jessy Plemons), dos ganaderos acaudalados de Montana, en 1925, que tienen opuestas miradas sobre la vida: el uno, locuaz, espartano y rudo; el otro, silencioso, doméstico y cortés. Su amor fraternal se verá quebrado al momento en que George se casa con Rose Gordon (Kirsten Dunst), la viuda de un alcohólico y suicida.

            En seguida, una toma subjetiva de Peter Gordon (Kodi Smit-McFee), el joven de la voz en off, que está recortando papel para hacer las flores que entrega a Rose, su madre, para adornar la mesa en la que los vaqueros que conducen el ganado comerán pollo frito a la noche. Esta presentación se cierra con una bellísima e íntima toma de Peter, solitario en el cementerio, depositando media docena de flores de papel frente a la lápida de su padre, John Gordon, fallecido cuatro años antes. Así, los elementos dramáticos están expuestos en este western particular en el que la masculinidad del cowboy es cuestionada desde la represión afectiva de los personajes varones y en el que la intertextualidad bíblica, a partir del Salmo 22, recogerá al final de la película los silencios y las soledades que atraviesan el filme.

 

 

            El primer versículo del Salmo 22 está en íntima relación con la muerte de Cristo en la cruz puesto que es una de las siete frases de su agonía: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Al final, con sabiduría cinematográfica, nuevamente, la directora amplía los sentidos de la película: lo que venía siendo el western sobre un tipo rudo y su débil hermano, se transforma en la historia de un joven delicado, estudiante de medicina, que ama y defiende a su madre de un macho reprimido. Antes, a la mitad de la película, ya le había dado un nuevo derrotero al filme: el rudo cowboy se baña desnudo en un recodo secreto del río y nos enteramos de su afecto por Bronco Henry, mentor de los hermanos Gordon, fallecido veintiún años atrás. Bronco Henry una presencia del pasado que ha marcado la vida de Phil y que hace de él lo que es en el presente narrativo del filme. El Salmo 22 nos ofrece una lectura entretejida en la historia de Peter: igual que en el versículo inicial, su vida está marcada por la muerte del padre, y, por tanto, por su abandono, aunque sea involuntario, y también por el sometimiento al abuso del mundo de machos recios en que debe sobrevivir cuando su madre se casa con George. El salmo continúa dándonos elementos significativos: «Mas yo soy un gusano, y no hombre; oprobio de los hombres y desprecio del pueblo» (Sal. 22.6).

            Hay una escena en que Peter está jugando con el perro de Phil; el cowboy llama al perro y Peter es rodeado por los cowboys, al mando de Phil, que, montados en sus caballos, acosan a Peter, rodeándolo y se burlan de él. La letra del Salmo se cumple en la imagen del filme: «Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies» (Sal. 22.16). Más adelante tendremos el acercamiento entre Phil y Peter y la contemplación de la montaña: Peter se muestra como un joven excepcional capaz de ver lo que Bronco Henry y Phil veían: un perro con las fauces abiertas. Y aquí me detengo porque no quiero destripar una película que va mostrando de a poco, con planos detalle de objetos simbólicos —un pañuelo escondido, el cigarrillo que se comparte o el implacable como definitivo lazo de cuero que Phil está tejiendo para regalárselo a Peter— los intersticios del alma de sus personajes.

           

Lo que sí quiero señalar, finalmente, es el plano detalle del versículo 20 del Salmo 22, que Peter está leyendo en la última secuencia del filme: «Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida». Con esa lectura final de Peter, que es también una lectura compartida con el espectador, y luego, al asomarse a la ventana y contemplar el abrazo amoroso de Rose y George, el punto de vista de la película añade una nueva línea narrativa al filme y las palabras iniciales de la voz en off adquieren la plenitud de sus múltiples sentidos. Es como si el aprendiz de cowboy concluyera su oración con el último versículo: «Vendrán, y anunciarán su justicia…» (Sal. 22.31). Jane Campion, la directora, nos ha conducido, desde la atormentada interioridad de sus personajes, a donde ella se planteó hacerlo desde un principio; es decir, desde cuando la voz en off de Peter nos dijo aquello que había definido como un deber esencial de su vida. El Salmo del aprendiz es una lección moral para todos.


lunes, febrero 07, 2022

Pedro Gil (Manta, 1971-2022): Un poeta irreverente, furioso contra el mundo

           

La portada de Paren la guerra de que yo no juego (1989), primer poemario de Pedro Gil, fue diseñada por el artista Joaquín Serrano. El libro fue publicado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, núcleo del Guayas, siendo su presidente Miguel Donoso Pareja, maestro del poeta.

«La inmortalidad consiste en morirse», pero ¿quiénes tendrán que recordarlo para que sea posible la inmortalidad del poeta?; si «los que leen libros son gente inútil»[1], quien escribe libros de poesía es ese engendro peligroso que crea la suma inutilidad de lo inútil en el mundo de las mercancías. Pedro Gil (Manta, 1971-2022) se construyó a sí mismo con la imagen de un poeta marginal, imbuido en las drogas, el alcohol y los prostíbulos, a quien la muerte siempre anduvo rondando; su obra es un intenso y deslumbrante poema único en el que el hablante lírico es irreverente y está furioso contra el mundo. Poesía desgarradora en función de la verdad vital que la escritura de Pedro Gil ha transformado en verdad poética: «Un bosque hermosísimo / en las miradas de pánico. / Pánico en el fondo de mis ojos / hermosísimo el bosque / en el fondo de mis ojos más pánico / una mirada de pánico / pánico de mí mismo»[2].

            El hablante lírico de la poesía de Gil es desenfadado y arremete contra las instituciones del mundo. «Todavía me pertenezco. / Los emperadores de la tierra somos los pobres y yo / que nos debemos demasiadas lágrimas: no lo niego / La decepción del hombre está presente […] La pureza humana está ausente, no por culpa de nosotros / ¿Cómo es la jugada conmigo lerdos al garrote? / Paren la guerra que yo no juego»[3]. Sin embargo, en la base de su ira, reside la melancólica e irremediable soledad de quien solo se tiene a sí mismo: «entiendan señores / esta soledad lo vuelve a uno suspicaz / entenado de la cólera / un hijo de perra […] para que Dios ni la Muerte / me delaten / lloro sobre mis hombros»[4].

            Están también la pobreza familiar y el duro entorno marginal en donde creció: su experiencia vital, según confesión propia, se alimentó de prostitutas, borrachos y ladrones; una madre depresiva, un padre alcohólico y varios hermanos fallecidos. Para todos ellos, sus marginados, el hablante lírico reserva la ternura y el amor, como en el estremecedor poema al padre: «Mi padre se sentó a beber / y no se levantó hasta la muerte […] Al día siguiente moría / junto al ataúd de un niño […] ¡Mi padre fue un gran libro! […] Solo un hombre duro puede reposar en una tumba de niño»[5]. Y, desde su propia condición marginal, también le canta al hijo, en un poema en donde se reconoce con todos sus defectos y un incondicional amor filial, pero que carece de responsabilidad paterna: «hay ocasiones / en que almas inocentes / demasiado inocentes / se trastornan / por sus errores, / se trastornan por sus horrores. / soy libre como tú. / con lágrimas fracturé mi libertad. / sé bueno con los buenos, / lucha solo o con ellos, / sé mucho más bueno con los malos, / pero aléjate, hijo, aléjate. / buen viaje»[6].  

            La voz poética encuentra la imagen que deslumbra y descoloca a quien lee, como si una mano fantasmagórica le remeciera la cabeza agarrándolo de los pelos. «Mi tierra está frente al mar / y ni un pez juega conmigo          mientras tanto / los chanchos se volvieron reaccionarios / niegan / que la tortuga sea más veloz que la bala»[7]. Esta constante insolencia frente a lo establecido le permite al hablante lírico construirse una imagen de iconoclasta, que para muchos fue la del poeta maldito —aunque Gil la rechazara—: alcohólico, drogadicto, desagradecido y misógino. Ajusta cuentas con escritores de estética distinta; con la vida cotidiana y las instituciones (el matrimonio o el psiquiátrico) a las que siente como una impedimenta para sus excesos. Pero, en medio de la caída, siempre están presentes el amor y la bondad que emanan del alma del poeta: «ruiseñor sin risa / reposa, reposa mi hermano no te toca / 17 puñaladas no son nada. / no puedo conceder tu petición / de fallecimiento, / no puedo / susurra mi hermana muerta / mientras cobija mi sueño / cobija mi agonía»[8]. Después de todo, el odio solo produce mala poesía; en cambio, el amor, aún desde lo más abyecto, siempre ilumina la palabra.

            La poesía tiene diversas estéticas. Pedro Gil se inscribe en la tradición de Fernando Nieto Cadena y Agustín Vulgarín, comparte espacios más jóvenes como Dina Bellrham, y ha reelaborado a Bukowski. Sus poemas sobre Poe, Vallejo, Baudelaire, Medardo Ángel Silva, Dávila Andrade y Toulouse-Lautrec dan cuenta de su propia imagen en el reflejo poético que reproduce desde la complicidad de su mirada. Pedro Gil —más allá de las anécdotas de su vida sufrida, adicciones y depresión—[9], es un poeta de palabra auténtica que sobrevive en el poema: «mujer: / única indestructible bandera mía, / si vuelvo a cruzar la línea fronteriza, / si vuelo a la oscuridad / vuelvo a enfermar / e irremediablemente muero. / lo acepto. / soy demasiado poeta para morir»[10].



[1] Pedro Gil, «La vida no es sueño», en Paren la guerra que yo no juego (Guayaquil: Casa de la Cultura, núcleo del Guayas, 1989), 21-22.

[2] Pedro Gil, «Pánico en el bosque de las agujas», en Crónico (Manta: Editorial Mar Abierto, 2012), 35.

[3] Gil, «Los pobres y yo», en Paren la guerra…, 15-16.

[4] Pedro Gil, «Solitario en Guayaquil», en 17 puñaladas no son nada, antología personal (Manta: Editorial Mar Abierto, 2010), 111.

[5] Gil, «Lucky El Indomable», en Crónico, 21-24.

[6] Pedro Gil, «Damián, hijo de Pedro Gil», en Sano juicio. Healthy judgement, edición bilingüe, traducción Bahieh Mondavi S. (Guayaquil: Archivo Histórico del Guayas, 2003), 80-82.

[7] Gil, «Entre Marx y un cigarrillo de marihuana», en Paren la guerra…, 46.

[8] Gil, «17 puñaladas no son nada», en 17 puñaladas…, 176.

[9] «Réquiem por Pedro Gil», de Damián De la Torre, es un homenaje que retrata la humanidad del poeta, cuya lectura recomiendo: https://www.labarraespaciadora.com/culturas/requiem-por-pedro-gil/

[10] Gil, «Sano juicio», en Sano juicio…, 110.