(Fragmento de la obra "Tardes de lluvia en el porche", de la artista María Rosa Muñoz)

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
(Dicho por Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco).

jueves, marzo 27, 2008

Pilar del Río, la compañera


¿Cómo conjuga usted esa condición de ser traductora de la obra de su compañero, aparte de periodista a tiempo completo?

Es, relativamente fácil. José escribe y cuando llega la noche él me baja de su estudio las páginas que ha escrito. Yo las leo, las releo, las dejo dormir y a la mañana siguiente las vuelvo leer y las traduzco. Es algo casi natural... es que vivir juntos comporta también el hecho de traducir.

Saramago pone en boca de Magdalena, en El Evangelio: “las mujeres tenemos otro modo de pensar, quizá porque nuestro cuerpo es diferente”. En qué ve su diferencia con él.

Saramago no es precisamente el ejemplo más claro, porque José es un hombre del que casi todas las mujeres decimos que está de nuestro lado, es un hombre que tiene valores femeninos. Pero con la mayor parte de los hombres, con la masculinidad, sí que tenemos muchas diferencias. José es un hombre, como el resto de los hombres. Padece de alguna de las esclavitudes que todos los hombres padecen. Pero José tiene el privilegio de haberse dado cuenta de ello.

¿Cree en la utopía?

No, a mí no me interesa, ni la utopía, ni dios, ni la historia, ni la inmortalidad, ni el futuro. No tengo capacidad abstracción para ninguna de estas entelequias. Tengo sí, la urgencia de hacer de mi vida algo útil, que repercuta en la gente. Hay una sola consigna que acepto en estos momentos: otro mundo es posible. Lo dice la gente del foro de Porto Alegre. Son la gente de Le Monde que defienden la aplicación de la “tasa Tobin” en las transacciones internacionales. Bueno, esto, la “tasa Tobin”, no es una utopía. Los expertos dicen que en tres o cuatro años se podría acabar con el hambre del mundo si se aplicara la tasa Tobin. En esto creo.

¿Es difícil convivir con un escritor?

Un día le dije: José, estás insoportable. ¿Estás a punto de tener una idea para comenzar una novela? Acababa de publicar El hombre duplicado, y habían pasado unos meses. Yo le decía: José está pasando algo en ti y tú no quieres darte cuenta. Al día siguiente tenía la idea del Ensayo sobre la lucidez y me tuvo que reconocer que tenía razón. Hay momentos en los que por dificultades en la narración o directamente por lo que implica la dureza de lo que está contando, el autor está tenso. Y entonces hay que andar de puntillas y tener mucho cuidado.

¿Hasta qué punto la traducción es un trabajo de creación?

Yo creo que un buen traductor no tiene un trabajo libre. Un buen traductor lo que tiene que tener muy claro, y saber muy bien, y dominar muy bien, en su propio idioma. Y luego tiene que tener un sentido de la fidelidad a prueba de bombas. Por eso quizá no sean los escritores los mejores traductores de otros escritores porque de pronto sienten la tentación de dar una pincelada.

Saramago siempre habla en un nosotros que la incluye a usted de manera muy profunda...

Desde el punto vista intelectual yo sería una imbécil si dijera nosotros. Porque no somos nosotros, es él y a otra distancia estoy yo. Pero como hombre y mujer, como pareja, ahí sí somos nosotros. Entonces ahí queda la sabiduría que da la convivencia.


Santa Ana de Nayón, 02.03.04

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